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¿Cómo se puede evitar un derrame cerebral?

Si de un momento a otro padece de confusión repentina y dificultad para hablar, consulte a su médico de inmediato.

Al derrame cerebral se le conoce con el término médico de accidente cerebrovascular (ACV). Según los expertos de Mayo Clinic, entidad sin ánimo de lucro dedicada a la práctica clínica, la educación y la investigación, “un accidente cerebrovascular isquémico ocurre cuando se interrumpe o se reduce el suministro de sangre a una parte del cerebro, lo que impide que el tejido cerebral reciba oxígeno y nutrientes. Las células cerebrales comienzan a morir en minutos”.

Medline Plus, sitio web de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, explica que los síntomas de esta afección pueden manifestarse rápidamente. Estos incluyen:

  • Entumecimiento o debilidad repentina de rostro, brazo o pierna (especialmente a un lado del cuerpo).
  • Confusión repentina, dificultad para hablar o para entender el habla.
  • Problemas repentinos para ver con uno o ambos ojos.
  • Dificultad repentina para caminar, mareos, pérdida del equilibrio o coordinación.
  • Dolor de cabeza severo y repentino sin causa conocida.

Mayo Clinic brinda recomendaciones para que las personas lo identifiquen, entre otras:

  • Rostro. Pídele a la persona que sonría. ¿Se le cae un lado de la cara?
  • Brazos. Pídele a la persona que levante ambos brazos. ¿Un brazo tiende a caer? ¿O no puede levantar un brazo?
  • Habla. Pídele a la persona que repita una frase simple. ¿Arrastra las palabras o habla de manera extraña?
  • Tiempo. Si observas cualquiera de estos signos, llama al 911 o a un servicio de emergencias médicas de inmediato.

Una de las formas de prevención de un derrame cerebral es trabajar en los factores que incrementan el riesgo de padecerlo. Si se cuenta con alguno, se debe consultar a un doctor para disminuir el nivel de dicho factor.

Los factores de riesgo son:

  1. Colesterol alto
  2. Hipertensión.
  3. Enfermedad cardíaca
  4. Diabetes
  5. Obesidad

Sobre esa misma línea los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) explican que también existen algunas acciones poco saludables que contribuyen a incrementar el riesgo de padecer esta enfermedad. Incluyen los siguientes:

  1. Tener una alimentación que incluya un contenido elevado de grasas saturadas, grasas trans y colesterol. Además de que aumentan el riesgo de la enfermedad, están vinculadas con otras complicaciones de salud como enfermedades cardíacas.
  2. Una ingesta elevada de sal.
  3. Ser sedentario. La actividad física es importante para disminuir el riesgo de diferentes enfermedades no transmisibles, incluyendo hipertensión, colesterol alto y diabetes. Estos últimos son factores de riesgo de un ACV, por eso lo recomendable es ejercitarse regularmente.
  4. Consumo excesivo de alcohol.
  5. Consumo de tabaco y la exposición al humo de segunda mano.

Complicaciones de salud

Dependiendo del tiempo en que demore la persona en recibir atención médica y los daños que se generen en el cerebro las complicaciones de salud pueden variar. De acuerdo con Mayo Clinic el paciente puede tener:

  • Parálisis de un lado del cuerpo o pérdida del movimiento de un músculo de un lado.
  • Problemas para hablar con claridad.
  • Dificultad para comer o tragar.
  • Pérdida de memoria.
  • Dificultad para pensar, razonar, opinar o entender ideas.
  • Problemas para controlar las emociones, por ejemplo, pueden sufrir depresión.
  • Dolor o entumecimiento.
  • Sensación de hormigueo en partes del cuerpo.
  • Cambios en la conducta como volverse taciturnas.

Cuidado con el estrés

La Organización Mundial de la Salud insiste en su preocupación por las largas jornadas laborales y su efecto en la salud de las personas. Un estudio de esta entidad concluyó que “trabajar 55 o más horas a la semana aumenta en 35 % el riesgo de presentar un accidente cerebrovascular y en 17 % el riesgo de fallecer a causa de una cardiopatía isquémica con respecto a una jornada laboral de 35 a 40 horas a la semana”.

Según esta investigación, en 2016 la cifra de muertos por accidentes cerebrovasculares fue de 398.000 y 347.000 por cardiopatía isquémica, resultado de jornadas de trabajo de más de 55 horas a la semana o más. “Entre 2000 y 2016, el número de defunciones por cardiopatía isquémica debidas a las jornadas laborales prolongadas aumentó en 42 %, mientras que el incremento en el caso de las muertes por accidente cerebrovascular fue del 19 %”.