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Menos del 50 % de la población mundial tiene acceso a programas de salud mental: OMS

Un informe de la organización pone de relieve el déficit de inversión en esta área.


Las estimaciones mundiales de las personas que reciben atención para afecciones de salud mental se mantuvieron por debajo del 50 %, con una media mundial del 40 % en personas con depresión y solo el 29 % en personas con psicosis.

Estas cifras fueron reveladas este 8 de octubre en el nuevo Atlas de Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cual dibuja un panorama de fracaso mundial a la hora de prestar servicios de salud mental, en momentos coyunturales por la pandemia de la covid-19.

El documento precisa que el mundo no alcanzó la mayoría de las metas de salud mental fijadas para el año 2020; por esta razón, se decidió hacer la ampliación del Plan de Acción sobre Salud Mental de la OMS hasta 2030, que ofrece una nueva oportunidad para que los países avancen en este tema.

La última edición del atlas incluye información de 171 países y se publica cada tres años, como una recopilación de datos proporcionados por países de todo el mundo sobre políticas, legislación, financiación, recursos humanos, disponibilidad y utilización de los servicios y los sistemas de recopilación de datos en salud mental.

También es un mecanismo para monitorear los avances hacia el cumplimiento de las metas del Plan de Acción Integral sobre Salud Mental de la OMS.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo en un comunicado de prensa que es preocupante que, a pesar de la evidente y creciente necesidad de servicios de salud mental, la cual se ha agudizado aún más durante la pandemia, las buenas intenciones no se vean acompañadas de inversiones.

Triste niña solitaria aislada quedarse en casa con una máscara médica protectora estéril en la cara mirando a la ventana, mujer aburrida debido al coronavirus pandémico chino covid-19. Cuarentena, prevenir infecciones
- Foto: Getty Images/iStockphoto

“Debemos atender esta llamada de atención y actuar acelerando drásticamente el aumento de la inversión en salud mental, porque no hay salud sin salud mental”, agregó Adhanom Ghebreyesus.

El director recalcó que ninguna de las metas de liderazgo y gobernanza eficaces en salud mental, prestación de servicios de salud mental en entornos comunitarios, promoción y prevención de la salud mental, y fortalecimiento de los sistemas de información, estuvo cerca de alcanzarse.

Detalla el informe que en 2020 solo el 51 % de los 194 estados miembros de la OMS informó que su política o plan de salud mental estaba en consonancia con los instrumentos internacionales y regionales de derechos humanos, porcentaje que es muy inferior a la meta del 80 %. Y solo el 52 % de los países cumplieron la meta relativa a los programas de promoción y prevención de la salud mental.

Sin embargo, destaca que la única meta para 2020 que se cumplió fue la reducción de la tasa de suicidio en un 10 %, pero, incluso entonces, solo 35 países dijeron tener una estrategia, política o plan de prevención independiente.

Según la OMS, el porcentaje de los presupuestos públicos de salud que se destina a la salud mental apenas ha variado en los últimos años y sigue rondando el 2 %. “Cuando las políticas y los planes incluían estimaciones de los recursos humanos y financieros necesarios, solo el 39 % de los países que respondieron indicó que se habían asignado los recursos humanos necesarios, y el 34 % que se habían proporcionado los recursos financieros necesarios”, refiere el documento.

Dévora Kestel, directora del Departamento de Salud Mental y Consumo de Sustancias de la OMS, dijo que los nuevos datos del Atlas de Salud Mental muestran que todavía hay un camino largo para conseguir que todo el mundo, en todas partes, tenga acceso a una atención de salud mental de calidad.

Transferencia de atención a la comunidad es lenta

Solo el 25 % de los países que respondieron cumplía los criterios para la integración de la salud mental en la atención primaria. Aunque en la mayoría de los países se ha avanzado en formación y supervisión, el suministro de medicamentos para las enfermedades mentales y la atención psicosocial en los servicios de atención primaria sigue siendo limitado.

El Atlas de Salud Mental precisa que más del 70 % del gasto público total en salud mental se asignó a hospitales de salud mental en los países de ingresos medios, en comparación con el 35 % en los de ingresos altos. Esto, según la organización, indica que los hospitales de salud mental centralizados y la atención hospitalaria institucional siguen recibiendo más fondos que los servicios prestados en hospitales generales y centros de atención primaria en muchos países.

Como punto favorable, el informe resalta el aumento del número de países que informaron de programas de promoción y prevención de la salud mental, que pasó del 41 % de los estados miembros de la OMS en 2014 al 52 % en 2020. “Sin embargo, el 31 % del total no contaba con recursos humanos y financieros específicos, el 27 % no tenía un plan definido y el 39% no tenía pruebas documentadas de los avances y/o el impacto”, señala.

El 10 de septiembre, en el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el Ministerio de Salud de Colombia reportó tan solo en el primer trimestre 708 casos de suicidio.

El ministro, Fernando Ruiz Gómez, explicó que la pandemia y sus repercusiones económicas, además de generar empeoramiento de trastornos mentales existentes, han incrementado el riesgo de depresión, ansiedad y estrés postraumático.

Alertó que en la última década, en Colombia las muertes por suicidio han ido en aumento. En 2019 se presentaron 30.709 casos de intento (84 casos por día) y 2.550 muertes (siete casos cada día), con afectación principal en adolescentes y jóvenes.

Por esta razón, MinSalud pretende reducir la conducta suicida con intervenciones locales y en contexto. El ministro dijo que se enfocarán en la prevención y atención de los riesgos en salud mental y consumo de sustancias psicoactivas, el cuidado comunitario y familiar, para fortalecer el apoyo social, especialmente a quienes han perdido un allegado o familiar por suicidio.