Salud
Cuando un paciente es diagnosticado con demencia, la frecuencia y la duración de las siestas puede prologarse. - Foto: Getty Images/iStockphoto

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Ojo: dormir siestas muy largas podría ser un signo de demencia

Una alimentación sana y equilibrada es indispensable para mantener la buena salud del cerebro.

Expertos en salud mencionan que la mejor forma de prevenir enfermedades a corto, mediano y largo plazo es mantener una dieta sana y equilibrada rica en proteínas, carbohidratos en su estado natural, muchas frutas y verduras, además de acompañar este buen hábito con actividad física regular acorde a la edad y las condiciones de cada paciente.

Con el paso de los años, las células y varios órganos del cuerpo no funcionan de la misma manera que cuando se es joven y uno de los que más se afecta en esta etapa es el cerebro. El doctor Gurutz Linazasoro señaló al portal BBC Mundo que “la alimentación es uno de los pocos factores de riesgo de enfermedades neurológicas que está en nuestras manos modificar y controlar”.

Por lo general, las personas enfocan su alimentación en beneficiar al órgano más grande del cuerpo, como la piel. Sin embargo, el cerebro requiere alimentos que permitan obtener la energía suficiente para llevar a cabo todas sus tareas.

Es común que las personas de avanzada edad sientan la necesidad de dormir una siesta en el día; incluso adultos de otras edades anhelarían poder darse ese tipo de lujos; sin embargo, esto puede ser un síntoma de que se está padeciendo alguna enfermedad neurológica. El portal La Razón, en su sección de salud, menciona que “la siesta diurna entre las personas mayores es una parte normal del envejecimiento, pero también puede presagiar la enfermedad de Alzheimer y otras demencias”.

El ejercicio es una actividad recomendada por los experto para evitar el deterioro del cerebro. Foto: Getty images.
El ejercicio es una actividad recomendada por los expertos para evitar el deterioro del cerebro. - Foto: Foto: Getty images.

Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de California, en San Francisco, y la Facultad de Medicina de Harvard, junto con el Brigham and Women’s Hospital, y publicado en la revista científicia Alzheimer’s and Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association, menciona que una vez que se diagnostica a un paciente con demencia, la frecuencia y duración de las siestas pueden prologarse.

En esta investigación se maneja la hipótesis de que la siesta diurna en las personas mayores no sirve simplemente para compensar el escaso sueño nocturno. Por el contrario, investigadores sugieren que la demencia puede afectar a las neuronas que promueven la vigilia en áreas clave del cerebro, generando la necesidad de dormir durante el día.

El coautor principal Yue Leng, miembro del Departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la UCSF, explica que la siesta diurna es independiente del sueño nocturno. “Encontramos que la asociación entre la siesta diurna excesiva y la demencia se mantuvo después de ajustar la cantidad y la calidad del sueño nocturno. Esto propone que el papel de la siesta diurna es importante en sí mismo y es independiente del sueño nocturno”.

Para la investigación los profesionales de la salud siguieron los datos de 1.401 ancianos, a los que el Proyecto Rush de Memoria y Envejecimiento del Centro de la Enfermedad de Alzheimer de Rush, en Chicago, había analizado durante 14 años.

Cerebro y comida
Una alimentación sana y equilibrada es indispensable para la salud del cerebro. - Foto: Getty Images/iStockphoto

Los participantes, cuya edad media era de 81 años y de los que aproximadamente tres cuartas partes eran mujeres, llevaban un dispositivo similar a un reloj que registraba su sueño. Cuando los investigadores analizaran el 24 % de los participantes que tenían una cognición normal al inicio del estudio, pero que desarrollaron Alzheimer seis años después, y los compararon con aquellos cuya cognición se mantuvo estable, encontraron diferencias en los hábitos de siesta.

Es decir, que los participantes que dormían la siesta más de una hora al día tenían un 40 % más de riesgo de desarrollar Alzheimer que los que dormían la siesta menos de una hora al día, y los participantes que dormían la siesta al menos una vez al día tenían un 40 % más de riesgo de desarrollar esta enfermedad que los que dormían la siesta menos de una vez al día.