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Sexo y marihuana: ¿aliados o enemigos?

Pese al mito, los estudios no han podido confirmar que esta droga sirva para mejorar la relación sexual. Por el contrario, podría complicarla.


En 1971, el famoso astrónomo Carl Sagan, quien era un ávido consumidor de marihuana, publicó un ensayo en el que describió que “potenciaba el disfrute del sexo” porque le “generaba una sensibilidad exquisita”. El mito popular de que la marihuana es buena durante la relación sexual data de mucho antes de que Sagan compartiera su experiencia. Por tal mito muchos se han embarcado en ese viaje. Dicen que mejora los orgasmos, aumenta el deseo, desinhibe y otras cosas más. Pero lo curioso es que, aparte de estos recuentos, en su mayoría anecdóticos, la ciencia no ha podido confirmar si todo lo que se afirma del cannabis y el sexo es verdad.

Pese a que estas versiones indican que con las dosis adecuadas es posible una relación sexual más satisfactoria, la ciencia no puede confirmarlo, en parte, porque hay muy pocas investigaciones al respecto, ya que hasta hace muy poco esta sustancia estaba completamente prohibida. Eso significa que la investigación para cualquier tema que involucrara el cannabis no recibía fondos. Lo poco que se conoce hoy son estudios basados en cuestionarios sesgados, realizados entre consumidores habituales de la sustancia, pero no en la población general.

Según el diario The New York Times, las investigaciones existentes no hablan de datos precisos con relación a la dosis, al momento ni a la manera de aplicar la sustancia. Solo hasta hace unos años en algunos países se está permitiendo su uso medicinal, por lo que se espera que el interrogante se resuelva en el futuro.

Algunos sexólogos afirman que el cannabis puede aumentar el riesgo de cáncer y problemas cardiovasculares, así como producir alteraciones en el sistema inmunológico. Por eso recomiendan usarlo solo bajo supervisión de un médico.
Algunos sexólogos afirman que el cannabis puede aumentar el riesgo de cáncer y problemas cardiovasculares, así como producir alteraciones en el sistema inmunológico. Por eso recomiendan usarlo solo bajo supervisión de un médico. - Foto: istock

Opiniones y no estudios

Por lo tanto, todo lo que existe hoy son opiniones individuales de personas que comentan su experiencia en los consultorios de médicos ginecólogos y sexólogos. De hecho, algunos de los pacientes dicen que los orgasmos de la mujer son más intensos con esta droga, pues el cannabis potencia los sentidos y alivia los síntomas de ansiedad, sueño y dolor que inhiben el deseo. También se ha encontrado que en algunos casos reduce las manifestaciones de la menopausia.

Efectivamente, un sondeo hecho por investigadores canadienses, publicado en The Journal of Sexual Medicine, mostró que de una muestra de 200 mujeres, casi en 60 se incrementó el deseo y 74 por ciento tuvieron mayor satisfacción. Pero un 16 por ciento dijo que la marihuana ayudó en unos aspectos y empeoró otros. Para el 5 por ciento la sustancia no valió la pena.

Lo mismo sucede con los hallazgos de las investigaciones sobre el uso del cannabis y el sexo en hombres. La Sociedad Internacional para la Medicina Sexual señala que en algunos hombres el desempeño mejora cuando se encuentran bajo la influencia de la droga, pero puede llevar a vivir sus más profundos temores: bajo deseo sexual, disfunción eréctil, dificultad para alcanzar el orgasmo o eyaculación precoz. Asimismo, tiene efectos fisiológicos, como reducción en el conteo del esperma y en la movilidad de los espermatozoides.

Para José Alonso Peña, sexólogo y autor del libro Los secretos de la seducción y la persuasión, es posible que “neurológicamente el cuerpo esté más sensible, por lo cual las sensaciones corporales son más poderosas o al menos diferentes”.

Eso, según él, haría que al menos por un tiempo se sienta que el sexo sí puede mejorar con dicha sustancia. Sin embargo, señala que ese tipo de sensaciones se pueden lograr sin sustancias psicoactivas. Además, la sobreexposición a esta práctica puede generar el efecto contrario a mediano o largo plazo.

En conclusión, Peña señala que “es válido experimentarlo, pero no convertirlo en algo habitual”.