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Perros agresivos: ¿realmente tiene que ver con la raza?

Según la ciencia, la raza de un perro explica solo el 9% de la variación de sus comportamientos.


Un estudio publicado por la revista Science en abril de este año demostró que el comportamiento de un perro no depende exclusivamente de su genética. “Cuando adoptas un perro en función de su raza, obtienes un perro con un aspecto determinado. Pero en lo que respecta al comportamiento, es como la suerte en un sorteo”, explicó Elinor Karlsson, coautora de dicha investigación en una entrevista para Investigación y Ciencia.

El lugar común indica que la raza es un factor altamente influyente en la personalidad de un perro. Por ejemplo, se cree -erróneamente- que todos los pitbulls son agresivos. Sin embargo, gracias al estudio de Karlsson se demostró que la relación entre la raza y la agresividad es particularmente baja.

En la investigación se compararon las encuestas hechas a más de 18.000 dueños de perros y se analizaron las secuencias de ADN de 2.155 canes. El resultado fue que, en general, es poca la incidencia que tiene la genética en el comportamiento. El mayor determinante en la personalidad es el ambiente en el que vive y cómo fue educado.

Kelsey Witt, genetista de poblaciones de la Universidad de Brown (Estados Unidos), afirmó en una entrevista para Investigación y Ciencia que “a primera vista parece sorprendente que la raza no sea un buen predictor del comportamiento, pero cuando piensas en lo recientes que son las razas, tiene sentido”.

Según el estudio, el concepto de razas es relativamente reciente. Hace unos 200 años, los amantes de los perros en la Inglaterra victoriana comenzaron a crear razas seleccionando activamente los rasgos caninos que encontraban estéticamente agradables.

Esto no quiere decir que antes de la época victoriana el humano no interfiriera en el camino genético de los perros. De hecho, el hombre ha intervenido la apariencia y el comportamiento de los perros desde que empezó la domesticación de los lobos, un proceso que inició hace más de 50.000 años. Ahora bien, esta selección de rasgos dependía de la capacidad de trabajo del canino. De ahí que unos perros sean mejores para el pastoreo y otros para la caza.

¿En qué influye la raza?

Los autores del estudio dicen que respecto a la genética, la raza solo explicó alrededor del 9% de la variación en el comportamiento de un perro. “Un número mucho más pequeño de lo que la mayoría de las personas hubiera esperado”, dice Karlsson. Su conclusión es que la raza influye más en las percepciones que tienen las personas sobre el perro. A largo plazo esto afecta la forma en la que un perro es tratado y, en consecuencia, su comportamiento se modifica.

“El entorno y la experiencia mostraron ser un componente enorme para determinar el comportamiento de los perros. Además, la edad fue significativa para varios rasgos como prácticas con juguetes”, dijo Kathleen Morrill, autora principal del trabajo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts, para la agencia de noticias SiNC.

Uno de los comportamientos que está más relacionado con la genética fue la capacidad de responder a las indicaciones de los humanos.