Misión Imposible
Una de las mayores sorpresas que ha dejado el Mundial 2026 fue el empate entre España y Cabo Verde. Aunque a simple vista pueda parecer un resultado más, las probabilidades apuntaban a un desenlace completamente distinto. Con poco más de 500.000 habitantes, el país africano logró arrebatarle un punto a la vigente campeona de Europa, un escenario que parecía muy poco probable.
Según PolyMarket, una de las principales plataformas de predicción del mundo, España tenía un 94 % de posibilidades de ganar, lo que significa que en apenas seis de cada 100 escenarios Cabo Verde evitaba la derrota. La diferencia entre ambas selecciones también es enorme en términos de valor de mercado.
De acuerdo con Transfermarkt, la plantilla española está valorada en cerca de 1.200 millones de euros, mientras que la de Cabo Verde ronda los 55 millones. El empate se convierte así en uno de los resultados más inesperados de esta Copa del Mundo.
De tal palo, tal astilla
La pasión por el fútbol suele transmitirse de generación en generación. Según un estudio de LaLiga, el 76 % de los aficionados comenzó a seguir este deporte gracias a sus padres. En algunos casos, esa herencia va mucho más allá de sentarse frente al televisor para ver un partido y termina convirtiéndose en una carrera profesional.
El Mundial 2026 dejó un ejemplo muy particular con la selección de Noruega, que cuenta con tres futbolistas cuyos padres también disputaron una Copa del Mundo. Se trata de Erling Haaland, hijo de Alf-Inge Haaland; Alexander Sørloth, hijo de Gøran Sørloth; y Kristian Thorstvedt, hijo de Erik Thorstvedt, quienes representaron a Noruega en el Mundial de 1994.
Con este trío, la selección noruega protagonizó un hecho inédito al reunir en una misma convocatoria a tres hijos de exmundialistas. Un dato que demuestra cómo el talento y la pasión por el fútbol pueden trascender generaciones.
¿Genética?
El fútbol también es una historia de familia. Aunque para la mayoría de los jugadores llegar a un Mundial representa un sueño individual, en algunos casos ese talento se comparte entre hermanos. La Copa del Mundo 2026 reúne a siete parejas de hermanos.
Tres de ellas defienden la misma selección: Theo y Lucas Hernández con Francia, Leandro y Juninho Bacuna con Curazao, y Laros y Deroy Duarte con Cabo Verde. Las otras cuatro representan a países distintos: Nico Williams juega con España e Iñaki Williams con Ghana; Désiré Doué representa a Francia y Guéla Doué a Costa de Marfil; los medio hermanos Brian Brobbey (Países Bajos) y Derrick Luckassen (Ghana) eligieron selecciones diferentes; mientras que John Souttar defiende a Escocia y Harry Souttar a Australia.
Un dato que demuestra cómo el talento puede correr por la misma familia, incluso cuando el destino los lleva a vestir camisetas distintas en el escenario más importante del fútbol mundial.
Pasaporte equivocado
Uno de los fenómenos más llamativos que ha dejado el Mundial 2026 es la gran cantidad de futbolistas que representan a un país distinto al que los vio nacer. En total, 286 jugadores fueron convocados por selecciones diferentes a su lugar de nacimiento, una cifra que evidencia el impacto que han tenido la migración y la doble nacionalidad en el fútbol moderno.
El caso más llamativo lo protagonizó Marruecos, que hizo historia al convertirse en la primera selección en una Copa del Mundo en alinear un once inicial compuesto exclusivamente por jugadores nacidos fuera de su territorio. El hecho ocurrió en su debut frente a Brasil y marcó un precedente en la historia del torneo.
A este caso se suma Curazao, cuya convocatoria incluyó 25 de 26 futbolistas nacidos fuera de la isla, la mayor proporción del Mundial. Muchos de estos jugadores crecieron lejos del país que representan, pero optaron por defender la tierra de sus padres o abuelos.
Tiempos de guerra
A lo largo de la historia de los Mundiales se han disputado partidos marcados por tensiones políticas y conflictos entre naciones. Uno de los más recordados fue el Argentina vs. Inglaterra de 1986, considerado por muchos una especie de “revancha deportiva” tras la Guerra de las Malvinas. Sin embargo, aquel encuentro se disputó en México, un territorio neutral, por lo que el conflicto nunca coincidió con el país anfitrión.
El Mundial 2026 rompió ese precedente. Tras el conflicto armado entre Irán y Estados Unidos, que comenzó el 28 de febrero y concluyó esta semana con la firma de un memorando de entendimiento entre ambos gobiernos, la selección iraní disputó su primer partido en territorio estadounidense, uno de los tres países sede del torneo.
De esta manera, la Copa del Mundo vivió un hecho sin precedentes, al convertirse en la primera edición en la que un país juega un Mundial en el territorio de uno de los Estados con los que mantenía un conflicto armado activo.
El mundial de Trump
Una de las figuras más llamativas del Mundial 2026, aunque no esté dentro del terreno de juego, ha sido el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El mandatario ha acaparado la atención por su presencia en distintos eventos del torneo e incluso recibió un reconocimiento de la FIFA denominado “Premio de la Paz de la FIFA: El fútbol une al mundo”.
Sin embargo, su protagonismo podría alcanzar un nuevo nivel el día de la final. Según reveló el periodista Ben Jacobs, Trump tendría la posibilidad de levantar el trofeo de la Copa del Mundo durante la ceremonia de premiación, tal como ocurrió en el Mundial de Clubes de 2025.
Lo llamativo es que, de acuerdo con el protocolo de la FIFA, el trofeo original solo puede ser tocado y levantado por los jugadores y miembros del cuerpo técnico del equipo campeón, además de los jefes de Estado, un privilegio reservado para muy pocas personas. De confirmarse su participación en la premiación, Trump volvería a ocupar un lugar central en la imagen más icónica del torneo.