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| 5/27/2018 7:00:00 PM

¿Por qué los libros de historia están vendiendo en Colombia?

Estas publicaciones cada vez tienen más aceptación y demanda de los lectores. La gente quiere entender el momento actual del país.

Libros de historia están vendiendo en Colombia ¿Por qué los libros de historia están vendiendo en Colombia?

Cuando lle-gan coyunturas políticas difíciles, crisis sociales o se acercan unas elecciones, la idea de que los colombianos no tienen memoria reaparece en boca de comentaristas políticos, columnistas, académicos, intelectuales y hasta de usuarios indignados en las redes sociales.  Pero el éxito de algunos libros de historia en los últimos meses desafía esa percepción o, por lo menos, muestra que las cosas estarían cambiando. 

En efecto, Historia mínima de Colombia, el nuevo libro de Jorge Orlando Melo, editado por Turner, no solo estuvo entre los más pedidos en la reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo), sino que, con unos 15.000 ejemplares, lleva cuatro semanas a la cabeza de la lista de los más vendidos en no ficción, según la Librería Nacional. Así mismo, Historia de Colombia y sus oligarquías, de Antonio Caballero, editado por Planeta, solo lleva una semana en las librerías y ya se metió al quinto lugar.

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No son los únicos. Archivo Gaitán, de Luis Alberto Gaitán Lunga, que reúne fotos de la época de Jorge Eliécer Gaitán, logró grandes ventas en el Fondo de Cultura Económica en la Filbo. En el mercado hay, además, otros textos que intentan explicar el país desde su pasado o que retoman épocas, situaciones y discusiones históricas, como La nación sentida, de Herbert Braun; Colombia: historia de un olvido, de Enrique Serrano, o Historia concisa de Colombia, de Michael J. LaRosa y Germán Mejía. 

En materia de cifras hay discusión. Mientras el propio Melo dice que según el catálogo de la Biblioteca Luis Ángel Arango se publicaron más libros de historia entre 2000 y 2004 (112) que entre 2013 y 2017 (solo 11), los editores coinciden en que hoy publican más que antes. Gabriel Iriarte, director editorial de Penguin Random House, afirma que su editorial tiene “alrededor de 80 títulos (publicados desde 2014) relacionados con temas de historia de los últimos 30 o 40 años de Colombia. También hemos editado libros que se ocupan de épocas anteriores, y en términos generales han vendido bien”.

En cualquier caso, el interés por los libros de historia de Colombia ha aumentado en los últimos años. La gente está ávida de leer sobre su pasado y las editoriales le están dando gusto. “Los lectores quieren saber y esta generación tiene curiosidad de tener un punto de vista sobre un país que no hemos acabado de narrar y de contar –explica Juan David Correa, director editorial del Grupo Planeta para el Área Andina–. El pasado es aún indescifrable y las versiones sobre el mismo son necesarias para ensayar una idea de futuro”.

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Muchos creen que la situación actual del país motiva a los ciudadanos a hacerse preguntas. La firma de un acuerdo de paz con las Farc, luego de un conflicto armado de más de 50 años, los debates y las discusiones generadas en el marco del posconflicto, la cercanía de unas elecciones presidenciales claves para el rumbo del país y la crisis en la que parece estar la democracia en el mundo llevan a muchos a mirar hacia el pasado para tratar de entender el presente. 

Como explica Melo, “después de años en los que se repitió una versión simplificada del pasado que buscaba ante todo justificar la lucha armada, ante los problemas e incertidumbres actuales del país, otra vez la gente piensa que vale la pena saber su historia, tener una visión más compleja y menos sesgada y simple que la que se estaba imponiendo”.

Eso se junta en algunos casos con los vacíos provenientes de la ausencia de una cátedra independiente de historia en los colegios de Colombia. Hoy, la materia se enseña en una asignatura de Ciencias Sociales, que la mezcla con geografía, civismo y democracia. Eso ha desdibujado su enseñanza en muchos colegios, aunque ya existe una ley promulgada, pero aún no reglamentada.

Por supuesto, también tienen que ver con el fenómeno las estrategias de mercadeo y promoción de las grandes editoriales. Ahora los libros de historia están en el foco, se mueven en los medios y sus autores hacen lanzamientos, firman libros y dictan conferencias.

Pero todo esto requiere textos llamativos y bien escritos. Hace algunos años, como dice Mario Jursich, editor del Fondo de Cultura Económica en Colombia, muchos creían que la narración histórica no era pertinente. “Había mucha econometría, cifras, datos, pero ya no se contaba la historia por placer narrativo –cuenta–. Eso llegó a su fin: hoy hay historiadores que se esfuerzan en contar narrativamente una historia”. 

Hoy las editoriales le apuestan mucho a eso. El libro de Melo, Por ejemplo,  hace parte de la colección de ‘Historias mínimas’, que busca llevar la historia a un público general y no solo a los especialistas. Y el de Caballero cuenta la historia con mucha opinión y algo de humor. A diferencia de los textos académicos, estos libros no tienen notas a pie de página, no dan tantas discusiones técnicas o teóricas y cuentan los hechos a partir de una narración. No quiere decir que sean poco rigurosos –pues esa es una de las características que revisan las editoriales a la hora de publicar un manuscrito–, sino que su lenguaje es más abierto al público. Además, los autores son, generalmente, personajes reconocidos que tienen una mirada característica.

Eso no significa que los textos más académicos estén muriendo. De hecho, las editoriales universitarias publican un promedio de entre 8 y 13 libros de historia al año cada una, y llevan haciéndolo por muchos años. Y aunque sus libros llegan a lectores específicos, como historiadores profesionales, docentes y estudiantes de historia, en algunas ocasiones tienen la madera para llegar a un público más amplio. Ahora podría ser el momento de masificarlos aún más.

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También en los últimos tiempos se han abierto varios archivos históricos (tanto públicos, como privados). “Los últimos 20 años han sido un periodo de consolidación de los archivos en Colombia –explica  Jursich–. No solo se organizaron bien, sino que sus recursos se pusieron disponibles vía web. Uno puede ir hoy al Archivo General de la Nación e investigar sobre cualquier cosa. Hace un tiempo eso no se podía”.

Eso ha permitido encontrar nuevos ángulos, enfoques y temas más específicos. Así, además de los libros que cuentan de forma general la historia de Colombia, otros apuestan por profundizar episodios o temas que pocos habían tenido en cuenta antes. Inés Sanmiguel, por ejemplo, acaba de publicar en español El Dorado: inmigración japonesa a Colombia, que cuenta la llegada de japoneses en 1930 al país, y Guillermo Antonio Correa, Raros: historia cultural de la homosexualidad en Medellín, 1890-1980.

Este auge de la historia también ha beneficiado a los libros clásicos. Muchos de ellos, de hecho, no pasan de moda y se vienen reeditando desde hace algunos años. Los casos más famosos son el de Colombia, una nación a pesar de sí misma, de David Bushnell, publicado originalmente en 1993 y reeditado el año pasado por Ariel; La violencia en Colombia, de Eduardo Fals Borda, Eduardo Umaña y Germán Guzmán, publicado en 1962, pero reeditada por Taurus en 2016, o Introducción a la historia económica de Colombia, de Álvaro Tirado Mejía, originalmente de 1971 y que, desde entonces, ha logrado vender más de 100.000 ejemplares. “Esos libros no pasan de moda y siguen vigentes. Además, sus temáticas son muy actuales”, cuenta el historiador Enrique Santos Molano. 

Para los expertos hay que aprovechar el momento actual, no perder la efervescencia y ofrecerle al público cada vez un mejor contenido. En otras palabras, si la gente busca respuestas, hay que dárselas. Así, probablemente, la idea de que Colombia carece de memoria quede en el pasado. n

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