La noche cayó sobre Valledupar y, poco a poco, la Plaza Alfonso López dejó de ser solamente uno de los lugares más reconocibles de la ciudad para convertirse en una pasarela a cielo abierto. Cerca de 200 personas llegaron para presenciar una propuesta en la que la moda no buscó imponerse sobre el territorio, sino dialogar con él. El vallenato fue la banda sonora, la memoria, el punto de partida, y las prendas se encargaron de traducir en formas, texturas y siluetas aquello que durante décadas se había contado con acordeones, cajas y guacharacas.

La pasarela ‘Homenaje al Valle’, uno de los momentos centrales de IXEL Itinerante Valledupar, se realizó el sábado 22 de agosto y comenzó a las 10:00 de la noche. El desfile reunió a ocho diseñadores alrededor de canciones clásicas del folclor vallenato y convirtió la plaza en el punto de encuentro entre dos industrias creativas que pocas veces comparten escenario de una manera tan literal: la música y la moda.
La idea tenía una dificultad evidente: ¿cómo convertir una canción en un vestido sin caer en una ilustración obvia? La respuesta estuvo en la interpretación de cada creador.

Hernán Zajar tomó ‘La Casa en el Aire’, de Rafael Escalona, y llevó a su universo elementos asociados con la artesanía y el lujo contemporáneo. El diseñador, nacido en Mompox, ha construido buena parte de su lenguaje alrededor de técnicas y materiales que conectan la tradición colombiana con una mirada sofisticada.
Beatriz Camacho, por su parte, compartió la creación con Daniela García, diseñadora emergente de origen vallenato. Juntas interpretaron ‘Amor Sensible’, de Freddy Molina, en una propuesta que estableció un diálogo entre la delicadeza de la composición musical y el carácter poético de la diseñadora cartagenera.

La colaboración también puso sobre la mesa una de las preguntas que atravesaron la noche: cómo hacer que las nuevas generaciones de creadores locales conversen de igual a igual con nombres consolidados de la moda nacional.

Lina Cantillo llevó ‘Mi Hermano y Yo’, de Emiliano Zuleta. Su presencia aportó una lectura desde la sastrería y la moda masculina, campos en los que la diseñadora barranquillera ha desarrollado una trayectoria reconocida.
Jorge Duque se enfrentó a ‘La Creciente’, de Hernando Marín. En su caso, la interpretación encontró un terreno natural en el dramatismo, el volumen y la sofisticación que han caracterizado parte de su trabajo.
La noche también reunió a Judy Hazbún, quien llevó a la pasarela ‘Sin Medir Distancias’, de Gustavo Gutiérrez. Con más de cuatro décadas de trayectoria, la diseñadora barranquillera incorporó a esta lectura del vallenato su propia relación con el Caribe y con una moda que ha buscado mantener un vínculo con la identidad regional.
Pero el homenaje adquirió otra dimensión cuando aparecieron los creadores nacidos en el Cesar. Darío Valencia presentó ‘Vallenato Nobel’, de Rafael Escalona; José Cuello llevó ‘La Cañaguatera’, de Isaac Carrillo; y Naiduth Geles presentó ‘Los Caminos de la Vida’, de su hermano, el compositor y cantante Omar Geles, fallecido en 2024. La propuesta de Geles tuvo un componente especialmente emocional: la canción, convertida en uno de los temas más reconocidos del repertorio del artista, pasó de la memoria sonora a la memoria visual.

Y mientras las prendas avanzaban por la plaza, la música terminó de cerrar el círculo. Jorge Antonio Oñate Dangond, hijo del fallecido cantante Jorge Oñate, acompañó la pasarela con su voz. Su participación hizo que el homenaje dejara de ser una operación estrictamente estética y recuperara algo esencial en la cultura vallenata: la transmisión de una historia de generación en generación.

El resultado fue una noche en la que las canciones no funcionaron únicamente como inspiración para una colección. Fueron, en realidad, una especie de mapa. Escalona, Freddy Molina, Emiliano Zuleta, Hernando Marín, Gustavo Gutiérrez, Isaac Carrillo y Omar Geles aparecieron como parte de una memoria colectiva que los diseñadores reinterpretaron desde sus propios códigos.


La apuesta de IXEL Itinerante también planteó una conversación más amplia sobre el lugar de Valledupar dentro de la industria de la moda colombiana. La organización había concebido la edición de 2026 como una experiencia que conectara moda, cultura y turismo, y su programación incluyó exposiciones, conversaciones y espacios dedicados al talento creativo de la región.
Valledupar no fue solamente el telón de fondo. Fue la protagonista. Y aquella noche, entre vestidos, voces y canciones, su memoria encontró otra manera de desfilar.
