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| 9/19/1983 12:00:00 AM

AHI VAMOS...

En la primera fase de la Copa América, Colombia mantiene intacta su opoción

AHI VAMOS... AHI VAMOS...
Faltaban 10 minutos para el final, José Velásquez le robó un balón a Herrera en el medio, ningún colombiano pudo quitarle el balón o tumbarlo, habilitó a Navarro y éste ya dentro del área acomodó el balón junto al palo derecho de Mina y se acabó el milagro. Porque el 0 a 0 que estaba buscando Colombia desde el comienzo del partido era cualquier cosa menos el reflejo de lo visto en los anteriores 80 minutos. Colombia, arrinconada por los peruanos desde el primer minuto se presentó en Lima con una serie de jugadores incapaces de tolerar el asedio peruano. El "Caimán" Sánchez creyó que era posible repetir lo hecho en La Paz ante Bolivia, mandó a la cancha gente veloz y práctica en el ataque pero débil y sin carácter a la hora de defender. Fue insólito ver a Ernesto Díaz tratando de marcar a los ágiles volantes peruanos mientras que más atrás, Molina tenía que cuidarle la espalda a sus dormidos compañeros de zaga. Herrera, atemorizado desde el minuto tres, cuando Reyna lo pateó, fue incapaz de organizar el ataque colombiano y tampoco pudo cuidar a José Velásquez, el verdadero responsable de la victoria peruana. Por eso, el 0-0 que estuvo a punto de lograrse hubiera sido más el fruto de la casualidad que de un trabajo lógico dentro del campo.
BUEN BALANCE MATEMATICO, PERO...
Después de dos partidos por fuera, la parte dura que debía cumplir la Selección Colombia, resulta difícil juzgar la actuación colombiana en La Paz y Lima. Dos puntos, un gol a favor y uno en contra, arroja un balance que equivale a un par de empates, el "ideal" que esperaba lograr el "Caimán" Sánchez. La pequeña diferencia radica en que el Perú tiene los mismos dos puntos que Colombia y enfrentará a un desmotivado equipo boliviano, al que no le sirvió ni el talento de Edwin Romero ni los 3.800 metros de altura de La Paz, para detener a los colombianos. La serie, entonces, está en manos de Perú y Colombia y, por lo tanto, no bastan los números para calcular las posibilidades de cada uno de los equipos.
Colombia mostró un fútbol práctico en La Paz. La calma del altiplano se apoderó del equipo nacional y bastó esperar los desordenados ataques bolivianos, para llevarse el punto buscado. Luego, a poco más de 15 minutos para el final, Hernán Darío Herrera arrastró la marca de varios rivales, tocó para Iguarán, quien, con gran serenidad, se la dejó al Didí Valderrama para que éste fusilara al portero Terrazas con un soberbio remate, así, el punto que parecía fijo se transformó en dos que muy pocos esperaban.
Pero este esquema no funcionó ante el Perú. Leguía, José Velásquez, el puntero Ray Muñoz, Malásquez, resultaron demasiado talentosos y poco a poco desbarataron las pretenciones colombianas. Molina y el arquero Mina eran los únicos capaces de jugar con cierta serenidad. De resto, Colombia no logró ninguna coherencia y se limitó a intentar rechazos, a regalar balones fáciles, a convencer a los peruanos que todo estaba a favor de ellos, que el gol llegaba y en efecto así fue.
En Bogotá, en teoría, todo será más sencillo. Perú sufrió mucho en Lima a pesar de su superioridad y por poco no gana. Pero a Colombia no le bastará jugar con base en un contragolpe que funcione si quiere pasar a la siguiente ronda. Aunque esta selección Colombia tiene varios jugadores capaces de desequilibrar una sólida pareja de defensores centrales y, además de Zape, otro arquero confiable, le falta mas decisión en su medio campo.
Herrera, el extraordinario jugador que descubrió Zubeldía, todavía parece inseguro tras su larga lesión. Caicedo y Sarmiento también han mostrado altibajos y los marcadores de punta, sobre todo Luna, no han sido capaces de repetir en la Selección su habitual rendimiento.
En el Campín se conocerá el equipo que pase a la siguiente ronda. Ante un público que, honestamente hay que decirlo, dista mucho de ser el ideal para apoyar una selección Nacional Colombia tendrá que buscar dos triunfos que le aseguren la clasificación. Y aunque hay algunos errores que deben ser corregidos, lo que si es cierto es que este equipo merece el apoyo de los fríos y críticos hinchas bogotanos. Con o sin Willington Ortiz, quedó demostrado que Colombia es capaz de hacer algo importante en esta Copa América y sería muy injusto condenar al equipo luego de su derrota en Lima. Matemáticamente hablando, Colombia está al día. Futbolísticamente, tiene varios días de descanso para replantear los errores.

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