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| 4/28/1986 12:00:00 AM

QUIEN ESTA MATANDO A LA MAFIA

Operativo de la DEA o vendetta entre mafias, las dos hipótesis sobre las matanzas de Medellín

QUIEN ESTA MATANDO A LA MAFIA QUIEN ESTA MATANDO A LA MAFIA
Al comienzo se pensó que habían regresado los tiempos de las guerras internas y muchas personas en Medellín recordaron las épocas inauguradas por la célebre matanza de "Rapiventas", en El Poblado, cuando estaba concluyendo la década del setenta y las mafias medían su poder a punta de tiros en las calles de la ciudad.
Era mediados de enero pasado cuando el secuestro de Alonso Cárdenas Arismendi, cuñado de Jorge Ochoa Vásquez, detenido desde hace un año y medio en España bajo la acusación de narcotráfico, abrió un abanico de especulaciones que empezaban con atribuir el hecho a una temeraria banda de delincuentes comunes y concluían en la sospecha más cómoda: asegurar que se trataba de una vendetta entre los grupos habitualmente mencionados como cabezas del negocio de la droga.
Cárdenas Arismendi, cuñado también de Marta Nieves Ochoa, secuestrada hace cuatro años, fue sacado de un concurrido gimnasio por un comando de operación cronométrica que no tuvo que usar su sofisticado armamento y tampoco dejó huella de su procedencia.
De inmediato, la primera hipótesis que se descartó fue la de que la autoría corriera a cargo de un grupo guerrillero. No fue difícil la coincidencia en esa opinión porque en la memoria colectiva todavía está vivo el recuerdo de lo que fue el secuestro de Marta Nieves, en noviembre del 81, pero, sobre todo, de lo que fue su secuela más sangrienta: la creación del MAS (Muerte a Secuestradores), que después degeneraría en indiscriminados escuadrones de la muerte.
Sin embargo, en sectores más suspicaces la primera impresión no desechó la idea de un grupo con orígenes políticos y concentró sus sospechas en el E.L.N. por la sangre fría de sus actuaciones
y, en el fondo por conocer muy bien la mirada que la mafia tiene sobre el conjunto de los grupos guerrilleros.
SEMANA, en efecto, supo que las cabezas de la mafia tienen respecto al M-19, las FARC y el E.P.L. el conocimiento suficiente para asegurar que no sería ninguna de esas tres organizaciones y ésta misma revista oyó decir que frente a esos grupos armados "hay una especie de pacto de no agresión ".
En cambio, ante el Ejército de Liberación Nacional, los llamados "capos" de la mafia mantienen no sólo sus dudas sino también la guardia en alto porque han recogido datos de un viejo objetivo concreto de los "elenos": atacar a los creadores del MAS, entre los que figuraría Cárdenas Arismendi. Pero la disminución de los efectivos del E.L.N., su repliegue y el armamento usado en los operativos, hizo desechar la tesis.
Otra hipótesis que quedó descartada -y ésta sin el beneficio de la duda- fue la de que la autoría estuviera a cargo de la delincuencia común. En los rumores callejeros la posibilidad no cogió vuelo porque se sabe que en organización y en armamento la mafia es mucho mas poderosa que cualquier ejército de antisociales comunes y, además, porque la lección que recibieron hace un par de años con el secuestro del papá de Pablo Escobar Gaviria está todavía ardiendo.
Y, en círculos de la mafia, SEMANA averiguó lo que se piensa sobre este tipo de delincuencia: en primer lugar todo lo que se mueve en el submundo antisocial de Medellín (desde carteristas para arriba, pasando por asesinos de la moto, asaltantes bancarios, grandes timadores y falsificadores...) es información que, a través de redes de informantes y de lugartenientes, llega hasta las cabezas del negocio del narcotráfico. Y, en segundo lugar, la mafia considera el secuestro un delito abominable para el que se requieren o personas muy burdas o cabezas muy inteligentes. "Y no fueron tipos acelerados y brutos los que secuestraron a Cárdenas y después lo mataron. Pero tampoco fue gente inteligente dedicada al secuestro, porque esos tendrían que haber salido de nosotros mismos y el asunto no es entre nosotros", dijo una de las fuentes consultadas por SEMANA .

BALA Y DEPORTE
Entre el caso Cárdenas y los tres que lo sucedieron, hay un hilo común: el deporte, una actividad que desde hace algunos años ha sido señalada por ministros de Justicia como el refugio de personajes vinculados al tráfico de drogas y como la manera de limpiar sus jugosos capitales.
Cárdenas estaba haciendo deporte bajo techo cuando fue secuestrado y Pablo Correa estaba entrenando al aire libre cuando fue asesinado.
Correa, dirigente del fútbol, fue baleado el 18 de febrero por la espalda en un estadio de sóftbol y su muerte fue considerada "fácil" debido a que no estaba rodeado de guardaespaldas.
Por esos mismos días se produjo otra cronométrica operación de un comando armado tan sofisticadamente como el que actuó en el caso de Cárdenas Arismendi y también allí el deporte estuvo presente: fue secuestrado Rodrigo Murillo Pardo, un joven de fortuna incalculable, dueño de las joyerías y almacenes Felipe y patrocinador entusiasta de equipos de ciclismo .
El rapto de Murillo se produjo en la concurrida carretera a Las Palmas, al oriente de Medellín, cuando salía de una discoteca. Ni la nutrida compañía de amigos ni la visible vigilancia de guardaespaldas disminuyeron la audacia de los secuestradores que se lo llevaron también sin disparar un tiro y sin dejar ni huella de sus motivos o procedencia. Una de las personas presentes en el instante del secuestro recordó que "lo que más me impresionó fue la tranquilidad tan pasmosa de los tipos... Pero es que ni siquiera espabilaron".
Aunque sin el resultado de muerte de los tres casos anteriores, hubo un cuarto episodio donde la bala y el de porte estuvieron unidos: al amanecer del 14 de marzo, en un establecimiento marcado por los ajustes de cuentas y las venganzas sin explicación, fue baleado Octavio Piedrahíta, principal accionista de los equipos de fútbol Atlético Nacional y Deportivo Pereira. Las heridas causadas a Piedrahíta en el grill Tierras Colombianas no fueron curadas en la Clínica Soma, porque ese centro asistencial, a raíz de varios conflictos protagonizados por pistoleros dentro de sus habitaciones, se ha negado a recibir personas baleadas.

APARECEN LOS "DEOS"
Con Cárdenas Arismendi y Murillo Pardo secuestrados, los rumores dejaron de ser un abanico y en la mayor parte de los comentarios en Medellín todas las sospechas comenzaron a caminar por una misma y única vía: la presencia de la Drug Enforcement Agency, cuya sigla es DEA y cuyos miembros muy pronto fueron familiarizados por una voz popular: los " Deos".
Descartadas por muchos las hipótesis de guerrilla y de delincuencia común, también quedó sin piso la sospecha de un enfrentamiento entre grupos de narcos. SEMANA conoció que no existe entre los principales "capos" ninguna discrepancia, y además presenció cómo personal de unos y otros bandos llevan cordiales relaciones y alcanzó a saber un dato contundente: a raíz de los dos secuestros y de que las sospechas cayeron sobre la DEA los clanes se unieron más que nunca en una alerta general que hizo incrementar los servicios de guardaespaldas y, en pocos días, los vehículos livianos que estaban disponibles en las agencias de carros en Medellín fueron adquiridos para el transporte del personal de vigilancia.
Sin embargo al juego de los rumores entró el dinero con una cifra descomunal: que estaban pidiendo veinte millones de dólares por la libertad de Cárdenas Arismendi, pero, en cambio, personas cercanas a Murillo Pardo aseguraron a SEMANA que nunca llegó ninguna solicitud económica.
"En principio pensamos que el único movil era el de la plata y estuvimos esperando... pero lo que llegó fue la muerte", dijeron.
Y la muerte llegó el 27 de febrero, cuando campesinos de la zona rural de Abejorral, al suroriente de Medellín, descubrieron un cuerpo semicubierto por tierra y ramas y tras los procedimientos normales de anfiteatros, se identificó el cuerpo asesinado a bala como el del dueño de Felipe.
Un día después, en la antigua carretera a Santa Elena, al oriente de la capital de Antioquia, fue hallado otro cadáver, sobre el cual se habían ensañado sus asesinos: presentaba 72 impactos de bala y, como decían los también antiguos cronistas de policía, en vida respondía al nombre de Alonso Cárdenas Arismendi.
En medio de los nutridos lotes de cadáveres que desde hace unos siete años vienen apareciendo en terrenos baldíos de los alrededores de Medellín, era la primera vez que dos muertos tan ilustres llegaban a anfiteatros para el reconocimiento de sus cadáveres y la importancia y el dinero de las familias a las que pertenecían quedó más clara euando los anuncios de sus exequias ganaron buenos espacios en las primeras páginas de los dos periódicos de la ciudad. Hasta entonces los baleados eran cuadros bajos o medios de los clanes, cuyas muertes sólo merecían la reseña en las páginas judiciales, muchas de ellas bajo los genéricos N.N.
La muerte, entonces, sacudió así por primera vez las altas esferas de familias a quienes se ha ligado con la creacion de montañas de dinero sin explicación y los rumores sobre la presencia de la mano de la DEA en Medellín se abrieron más camino por dos motivos: porque si la razón económica hubiera primado para los dos secuestros, las negociaciones, como es usual en casos similares, se hubieran dilatado hasta llegar a acuerdos sobre montos de rescate y, la segunda razón fue más oficial: desde Washington, en una rueda de prensa vía satélite, el secretario adjunto para Asuntos de Narcóticos de los Estados Unidos, Thon Thomas, dijo el 5 de marzo que el gobierno norteamericano estaba ofreciendo 500 mil dólares (40 millones de pesos) a quienes dieran datos sobre "capos" y mencionó los nombres de Pablo Escobar Gaviria y Carlos Lehder Rivas, como los principales cabecillas de la lista.

Y ¿COMO LO HACEN?
Las actuaciones directas de la DEA en Medellín -cuya confirmación no logró SEMANA ni en medios de la Embajada de los Estados Unidos, ni en círculos del Ministerio de Justicia ni entre los propios "cuadros" de los clanes de narcos-estarían envueltas, como puede suponerse, en la mayor sutileza.
No se trata, desde luego, de una operación estilo "Rambo", con toda su espectacularidad, ni de que a Medellín hubieran llegado helicópteros norteamericanos cargados de norteamericanos con armas norteamericanas y con el norteamericano objetivo de liquidar desde el origen el problema del tráfico de estupefacientes en su territorio, sino que, de acuerdo a investigaciones hechas por reporteros de esta revista, su actuación estaría disfrazada con especies de "mercenarios" colombianos o, a lo sumo, cubanos o puertorriqueños, orientados eso sí, por esa oficina antinarcóticos.
Aunque la suposición de la presencia de la DEA en los acontecimientos antimafia, pudiera tomarse como una paranoia en la imaginación de perseguidos y observadores, no es una hipótesis tan improbable, si se tienen en cuenta los objetivos para los cuales funciona esa agencia norteamericana y la forma en que actúa, similar a la de la CIA, cuyas intervenciones en diversas partes del mundo han sido confirmadas incluso por el gobierno de Washington. De resultar cierta la teoría, el país estaría ante una evidencia de intervención externa sin precedentes en su historia.
Socios en los negocios y solidarios ante el temor, las cabezas de la mafia comenzaron en sus reuniones a hacer los análisis sobre la procedeneia de la muerte que ahora tocaba a sus puertas. Las primeras sospechas cayeron sobre los grupos de pisto-locos como autores materiales de los crímenes, reclutados por alguien (incluso con preparación por fuera de Colombia), pero tras las primeras averiguaciones en los bajos fondos de ésta delincuencia, en pesquisas que incluyeron procedimientos para "hacer cantar", según estableció SEMANA, se descartó la posibilidad.
Simultáneamente con la tesis de los pisto-locos, la reflexión al interior de la mafia se orientó hacia la presencia de la DEA y lo primero que se obtuvo fue que, ciertamente, en Medellín podía confirmarse la presencia de personal puertorriqueño, mejicano y cubano al que, en un comienzo, cuando no se había desatado la muerte, se le consideraba desarrollando labores de inteligencia y seguimiento o buscando contactos para "negoeios".
A través de sus "servicios de inteligencia" o redes de rastreo de personas que llegan a Medellín, los narcos detectaron hace unos seis u ocho meses la presencia en la ciudad de cerea de 30 personas de esas nacionalidades y la expectativa se despertó porque es habitual que se produzcan llegadas de posibles clientes. En la mayor parte de las ocasiones, quienes llegan proceden del sur del continente y vienen a proponer negocios de vender pasta, ubicar producto terminado, establecer contactos para unir sus mercancías con mecanismos de comercialización o buscar "canjes" de pasta de coca por acetona y éter que en Colombia, aparentemente, se consiguen con facilidad.
Pero la expectativa, en ese caso, radicaba en que los personajes venían del norte y, en ocasiones, quienes proceden de esa parte del continente lo hacen para proponer la "apertura de nuevas rutas". Y la posibilidad de que "caigan" propuestas de este estilo, pone en vilo a los narcos (especialmente a los de mediana categoria) porque quienes son los verdaderos "capos" no lo son por tener mucho producto, sino porque tienen aseguradas las "rutas" de ingreso al gran mercado gringo.
Pero pasaron semanas sin que se produjera ningún contacto entre "los hombres que llegaron del norte" y quienes estaban a la expectativa. Por eso de la expectativa se pasó a la alerta y después de los secuestros y de las muertes, la alerta se volvió pánico, especialmente cuando se advirtió que si aquellos extranjeros no habían venido por "negocios" lo más probable era que hubieran llegado a eso: a organizar los grupos antimafia, especies de MAM (Muerte a Mafiosos), con lo que los narcos estarían siendo víctimas de su propio invento.
Pero no sólo el invento se les habría devuelto por los resultados finales de muerte y de secuestro, sino que la hipótesis de un MAM está ligada a que su estructura fue extraída de los principios que construyeron al MAS. En efecto, según esta versión, los "cuadros" habrían sido reclutados no como se pensó inicialmente entre los pisto-locos, sino en las filas de militares en retiro o, inclusive, activos, hasta conformar una organización paramilitar. Hace algunos meses en Medellín circuló un volante firmado con esta sigla.
Sobre esas sospechas trabajó la mafia. Y eso llevó a sus núcleos de defensa a buscar hasta debajo de las mesas a los extranjeros que, orientados por la DEA, habrían constituido un escuadrón. "Los buscamos en todas partes, hasta en restaurantes mejicanos y bailaderos de salsa, porque pensamos que mejicanos, puertorriqueños y cubanos tendrían que salir de sus guaridas a comer o a divertirse", contó a SEMANA uno de los rastreadores al servicio de los narcos.
Pero ninguno de "los hombres que llegaron del norte" fueron encontrados lo que, sin embargo, no hizo desechar la idea de un MAM, sino que reforzó otra teoría: un militar (no se precisó si en retiro o en actividad) habría cambiado de bando, al pasar de ser un protector de los narcos a uno de sus más feroces perseguidores por un motivo concreto: sus exigencias económicas ante los "capos" superaron cualquier generosidad y, entonces, se produjo la ruptura de esa relación y, en consecuencia, la formación de un escuadrón antimafia inspirado en el rencor. Y, según la versión, esa cabeza del escuadrón antimafia, habría "vendido" su estrategia y su organización a los enviados de la agencia norteamericana contra la droga. Una fuente de la Cuarta Brigada, consultada por SEMANA sobre esta versión, desmintió de manera categórica cualquier vinculación castrense al episodio.
No obstante que estas hipótesis fueron recogidas por SEMANA en círculos cercanos a las cabezas de los "capos" en Medellín, son versiones que, se repite, no tuvieron confirmación en ninguno de los bandos y, como resulta obvio por los temores que inspira el tema, las fuentes consultadas exigieron el anonimato. Pero son tesis que, de todas maneras, se conversan también en esferas de la administración pública y de las empresas institucionales de Medellín.
Son hipótesis que, incluso, han sido colocadas a oídos de algunos administradores de justicia y de organismos de fiscalización, pero la ausencia de pruebas y lo rudimentario de los planteamientos han impedido que se adelante una investigación y que el tema no sea comentado en voz alta. SEMANA conoció que falsos agentes de la Policía Judicial han practicado algunos allanamientos a casas de supuestos mafiosos.
En voz baja, entre tanto, se dice que los recientes episodios de secuestros y muertes en la capital de Antioquia, forman parte de una guerra abierta -declarada y pública- entre las redes de traficantes de drogas y el gobierno norteamericano a través de sus agencias de represión a este negocio.
Esa guerra ha sido asumida con espíritu "nacionalista", cercano al "sollis" de Carlos Lehder quien ha planteado que la mejor arma para combatir al imperialismo norteamericano es la cocaína. No son pocos los casos en que un "corone" (como llaman en el lenguaje del narcotráfico la culminación exitosa de un cargamento) se celebra con bombos y platillos no importa de quién haya sido el gol a los gringos, en fiestas ruidosas en donde se quema un volador por cada millón de pesos que haya costado el cargamento. "En esta guerra el dinero ha dejado de ser el valor principal... lo importante es hacer todos los goles que sean posibles a los gringos y por eso se celebra con igual alborozo cuando es un peruano o un boliviano o cualquiera el que corone", dijo una de las fuentes a SEMANA .
Dentro de las batallas de esa guerra, los narcotraficantes han optado por una estrategia de la DEA, con la elaboración de listas de nombres y señales de agentes de ese organismo norteamericano, que circulan por todo el continente, en una especie de transnacional de la droga, en donde la consigna es "tumbarlos" en donde aparezcan. Otra táctica ha bajado hasta los fondos de la delincuencia que se mueve en cafetines de mala muerte, con la voz perentoria de que quien avise sobre cualquier movimiento sospechoso para atentar contra los "capos", recibirá por lo menos el triple del pago que le ofrezcan los antidrogos. Algunos personajes ligados al negocio, al parecer prefirieron poner pies en polvorosa y desaparecerse. Pero, en varios casos han desaparecido tanto que se rumora que están en la lista de los muertos.
Cruzados por el fuego de los dos sectores, se encuentra un grupo muy nutrido de personas que por motivos económicos tuvo vinculaciones con la mafia, en épocas en donde tener cercanía con ella no sólo parecia legítimo, sino que estaba in. Quienes contemporizaron -y reforzaron o hicieron sus fortunas-con los entonces miembros de la clase emergente, sienten temores ante la perspectiva de ser confundidos con los narcotraficantes en ejercicio. "A mi lo que me parece preocupante es que sea quien sea el que está disparando contra los mafiosos, confunda cualquier simbolo de prosperidad reciente con la actividad de la droga", expresó un empresario.

Mientras tanto, a espaldas de los intereses de cada uno de los grupos envueltos en la guerra, la ciudad que sirve de escenario vive en el pánico de las metralletas disparadas en cualquier semáforo, de la muerte cotidiana que a veces se piensa indiscriminada, de los cadáveres sin nombre en los potreros, de esa sensación de inseguridad que se expresa en el cambio de una palabra del lenguaje popular: ya Medellín no es Medallo, como se decía en el idioma callejero, sino que una nueva sintetiza el pánico: ahora le dicen Metrallo.

PANAMA CONECTION
El asesinato de Rubén Darío Paredes, ciudadano panameño, hijo de un ex general de brigada y ex candidato a la Presidencia de ese país, revive el abanico de especulaciones sobre los autores de crímenes contra la mafia.
Averiguaciones hechas por SEMANA indican que Paredes y su acompañante, el piloto de aviación César Rodríguez Contreras, venían haciendo contactos (inclusive antes de hacerse presente personalmente) por intermedio de "La País", una mujer de nombre Nubia Inés Pino de Bravo, con el proposito de organizar un pool para un embarque gigantesco de cocaína vía marítima.
De acuerdo a esta versión, los dos hombres llegaron a la capital de Antioquia para finiquitar las negociaciones y entraron en contacto con "La País". En círculos cercanos a la mafia, esta mujer no gozaba de credibilidad debido a que era considerada charlatana, lo que en esos mismos medios se conoce como una persona "muy carreta". En razón a su falta de seriedad y a que tradicionalmente el transporte de cocaína por mar no es usual, las propuestas fueron recibidas como infantiles y "pantalleras".
Fue en la búsqueda de esos contactos donde, aparentemente, los panameños se encontraron con un camino lleno de sospechas sobre la presencia de extranjeros en Medellín, debido a la alerta general que habla de la presencia de la DEA, a través de agentes disfrazados de distintas nacionalidades. Esta, que es la primera hipótesis dice que, en efecto, los dos extranjeros fueron tenidos como sospechosos y contra ellos se actuó.
La otra teoría es que, debido a la falta de seriedad con que desde el principio se entablaron las conversaciones, el grupo de los dos panameños y la colombiana (cuyos cadáveres fueron hallados en potreros de la periferia al sur de Medellín) no sólo fueron tomados como charlatanes sino que quedaron mal en las primeras ofertas y quienes se sintieron burlados decidieron terminar con el asunto cortando rápidamente cualquier vinculación.
Dentro de la hipótesis de "quedar mal en las primeras ofertas", aparece como cabo suelto el hallazgo del yate Kcril, de bandera panameña, en San Andrés con 320 kilos de cocaína, por los mismos días en que los dos hombres desaparecieron en Medellín.
La embarcación es de propiedad de una empresa, de la cual Paredes era su apoderado. Pero, dentro de la misma versión, este cabo suelto se ata a que la caída del yate en poder de las autoridades, pudo ser un puntillazo -inicial pero definitivo- contra los intereses del pool que alentaba la negociación .
Sobre los motivos de los asesinatos, un conocedor de cerca de las actividades del narcotráfico dijo que "a la vieja la mataron por carreta y a los dos tipos por comerle carreta". En el fondo de esto, sin duda, hay muchas cosas turbias tanto que el general Rubén Darío Paredes, padre de la víctima, como quien no se atreve a meter la mano en el fuego por su hijo, dijo en una declaración
a El Tiempo que "en el fondo era un buen muchacho".

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