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David Vélez, el magnate dueño de Nubank, en conversación con la rectora de la Universidad Eafit
David Vélez, el magnate dueño de Nubank, en conversación con la rectora de la Universidad Eafit - Foto: Universidad Eafit

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David Vélez y la sentencia de los ricos: morir en desgracia

El joven y magnate empresario colombiano le jaló a la filantropía, en una magistral conversación con la rectora de la Universidad Eafit de Medellín. Estas son sus lecciones.

Los ricos siempre son vistos como esos hombres poderosos, alejados del mundo terrenal y, principalmente, de los grandes problemas sociales de la humanidad.

Sin embargo, en los últimos tiempos, y fundamentalmente, la nueva generación de ricos, se caracteriza por otro tipo de visión en relación con lo social.

Por esa razón, la conversación entre la rectora de la Universidad Eafit en Medellín, Claudia Restrepo, y el magnate colombiano David Vélez, dueño de NuBank y, hoy por hoy, uno de los megarricos colombianos en la lista Forbes, fue calificada como ‘magistral’.

Durante un evento realizado en Medellín, hablaron de lo divino y lo humano, pero en esencia, del tema que está en boga en estos momentos en el país: los ricos.

Muchas veces se piensa en los ricos como a los que se les debe meter la mano al bolsillo para obtener impuestos y recaudo que ayude a las naciones; pero poco se imaginan la riqueza que puede salir de sus pensamientos.

Eso fue lo que ocurrió en este caso. Vélez, respondiendo las preguntas de la rectora, llegó a tocar ideas profundas de la riqueza, entendidas con el pensamiento de los nuevos ricos.

El empresario citó en concreto la frase de Andrew Carnegie, quien también como él fue gerente a muy temprana edad y acuñó ideas filantrópicas sobre los ricos que han trascendido los siglos. “El que muere rico, muere en desgracia”.

Su frase hace alusión a la redistribución de la riqueza, al papel de las herencias en la reproducción de los esquemas sin que se logre cambiar cosas en la sociedad. A las capacidades que están promoviendo los ricos modernos, de realizar acciones filantrópicas, pues, a la larga, aunque sea por negocio, a los ricos les conviene que más gente salga de la pobreza. En ese contexto, contó experiencias que están adelantando para sacar a la gente de la vulnerabilidad, simplemente con “una oportunidad de arbitraje”, les enseña a programar a las mujeres de Brasil y terminan ganando seis veces más de lo que ganaban antes.

En su camino, Vélez se tropezó con gente que consideró “inteligente”, pero resaltó uno en particular, que lo entrevistó para un empleo. “Fue una entrevista muy extraña, no me preguntaron si sabía contabilidad, si tenía esta o cualquier otra habilidad. Fue algo muy sicológico”. En esa oportunidad, contó que tuvo una sensación de que quería estar en esa compañía, por sus valores culturales, porque todos los trabajadores se veían como socios, se sentaban al lado del jefe, quien les preguntaba lo que pensaban. Algo que lo tocó y sigue siendo parte de su propia empresa y en su cotidianidad. Tanto así que esa cultura empresarial se convirtió en la biblia de su compañía, “casi como la Constitución”.

Si bien resaltó los enfoque con los cuales construyó Nubank, el banco digital más grande de los últimos tiempos, sus ideas para muchos fueron inspiradoras: “contrato gente que tenga la cabeza llena de preguntas, no de respuestas”, expresó. Sin embargo, no desestimó la experiencia: “Hay mucha gente con experiencia que es capaz de cuestionarse a sí mismo, de ser un principiante”, indicó.