El inicio de año ha traído una sorpresa: la dinámica en materia de operaciones, expansiones, nuevos proyectos, fusiones y adquisiciones. Movidas millonarias que reflejan el apetito de inversionistas.
El mercado cementero se sacudió con el acuerdo que firmó Cemex con el Grupo Holcim para la venta de activos por 485 millones de dólares. Esta operación forma parte de un plan de desinversiones de la multinacional mexicana en Colombia por 555 millones de dólares.
A comienzos de 2026 se consolidó la venta de la participación de Telefónica en Colombia Telecomunicaciones (Coltel) a Millicom, operación por la cual la firma española recibió cerca de 214 millones de dólares. Aún está pendiente la adquisición del porcentaje restante de Coltel, que está en manos de la nación. A la vez, Millicom avanzó en la compra de la participación de EPM en Tigo UNE –donde ambas son socias– tras pagar poco más de 2 billones de pesos (unos 570 millones de dólares).

Otro sector muy agitado ha sido el petrolero. Por una parte, Frontera Energy anunció la venta de su negocio de exploración y producción en Colombia a Parex Resources por más de 500 millones de dólares. En principio, GeoPark había ofrecido 375 millones de dólares por esos activos, pero unos días después Parex elevó la oferta. Con esta movida, Frontera busca redireccionar su estrategia hacia la infraestructura.
GeoPark, por su parte, recibió una inversión estratégica del Grupo Gilinski inicialmente por 107 millones de dólares, equivalente a cerca del 20 por ciento de sus acciones, lo que convirtió a este conglomerado en su principal accionista. En los últimos días, el Grupo Gilinski elevó su participación a más del 24 por ciento, reforzando su apuesta por la compañía.
De otro lado, se concretó la venta de SierraCol Energy, uno de los principales productores petroleros en el país y propiedad del grupo de capital privado Carlyle, a la empresa filipina Prime Infrastructure Capital. La venta incluyó el control de 20 bloques.

Otra de las movidas fue el anuncio de la Alcaldía de Bogotá de iniciar el estudio de la venta del 9,4 por ciento de acciones ordinarias que tiene en el Grupo Energía Bogotá (GEB), que forma parte de la aprobación que el Concejo le dio hace unos años al Distrito. Los recursos, cercanos a los 2,5 billones de pesos, fortalecerían el capital de la ciudad en términos de infraestructura de movilidad.
Además, se logró la adjudicación de uno de los proyectos de infraestructura vial más importantes del país: el corredor El Estanquillo-Popayán, que realizará la estructura plural conformada por ERG Compañía de Infraestructuras y Desarrollos y MIA Grupo Empresarial. Contempla una inversión cercana a 8,8 billones de pesos e incluye 101 kilómetros de intervención, casi 18 kilómetros en 14 túneles, 115 puentes vehiculares, 12 puentes peatonales e intersecciones estratégicas.

También hay interés de empresas internacionales por ampliar su presencia en Colombia. Yves Rocher, multinacional del sector cosmético, abrió en 2025 cinco puntos de venta y para 2026 planea seis nuevas aperturas. “En Colombia llegamos para quedarnos, y tenemos una ambición de lograr 10 millones de euros en cinco años”, afirma Guillaume Darrousez, CEO de Yves Rocher.
La sorpresa en esta dinámica de nuevos negocios y desarrollo de proyectos radica en que estos movimientos se producen en medio de un proceso electoral, con la posibilidad de convocar una asamblea constituyente.

A esto se suman las preocupaciones fiscales ante unas cuentas públicas que no cuadran y un plan financiero que no termina de convencer a los analistas ni a calificadoras como Moody’s. Además, mientras que en otros países las tasas de interés de los bancos centrales van a la baja, en Colombia aumentaron en respuesta a los riesgos inflacionarios que el propio Ministerio de Hacienda ha reconocido.
La paradoja es mayor cuando se observan los resultados de la inversión extranjera directa en 2025, que se situó en 11.500 millones de dólares frente a los 13.600 millones de 2024.
En este escenario, ¿qué explica lo que está pasando con la inversión? Claudia Camargo, managing partner de BDO en Colombia, dice que el auge de los negocios no solo se explica por una expectativa de cambio de Gobierno, sino también por una transición que está viviendo el aparato productivo en Colombia, en donde, al igual que en Perú, la economía empieza a funcionar de manera independiente a la política. En el vecino país, pese a tener constantes cambios de presidentes y fuertes crisis institucionales, la economía ha logrado mantener un crecimiento importante y seguir avanzando.
Por su parte, Enrique Gómez, socio de Holland & Knight, considera que la actividad no se detiene en año electoral porque muchas de estas transacciones responden a dinámicas estructurales y a procesos que vienen gestándose para cumplir con estrategias globales de largo plazo, que tienen su impacto en operaciones colombianas. “En hidrocarburos, por ejemplo, los recientes acontecimientos geopolíticos, particularmente en regiones como Venezuela y Oriente Medio, han generado mayor interés y movimiento en activos energéticos, impulsando decisiones estratégicas que no dependen del calendario político local”, dice.
“El año electoral –agrega– en la práctica no elimina el apetito inversor, pero sí lo encarece y lo vuelve más exigente. Se mantiene el interés, aunque con inversionistas más selectivos y con mayor énfasis en blindajes de riesgo, un manejo cuidadoso del timing y estructuras contractuales de protección. En ese sentido, las transacciones de mayor tamaño suelen ser menos sensibles a los ciclos electorales, ya que están guiadas por decisiones estratégicas de largo plazo más que por factores políticos de corto alcance”.
Para Juan David Quintero, socio de Pérez-Llorca, Gómez-Pinzón, los inversionistas no pueden darse el lujo de esperar hasta que exista certeza absoluta, por lo que van avanzando con la información disponible y tomando ciertos riesgos medibles. “Esto, sumado a que otras regiones del mundo no la están pasando bien, hace que Colombia siga siendo atractiva para la inversión”.

Frente a las dificultades fiscales, las altas tasas de interés, una inflación que no cede y un peso fortalecido, Jaime Cubillos, socio de Posse Herrera Ruiz, asegura que el sector empresarial no siempre tiene la misma lógica que el sector público y que las empresas buscan oportunidades independientemente de la coyuntura. “Creo que el sector empresarial tiene cierta confianza en que un siguiente Gobierno intentará resolver una crisis fiscal. El panorama mundial lo que muestra es que, en épocas de convulsión internacional, América Latina, si bien puede tener volatilidad política interna en cada país, históricamente ha sido una región estable y de pocas guerras”.

Cubillos resalta que en distintas ocasiones el enfoque se da en movidas de mayor escala. “Pero es de destacar operaciones en el sector salud por darse en medio de inestabilidad regulatoria. También, operaciones en consumo masivo, minero, energías renovables, petróleos, sector industrial y manufacturero e incluso en infraestructura. Creo que es una muestra de la resiliencia y la creatividad del sector privado en Colombia”.
Las expansiones responden a una visión de largo plazo, y no coyuntural. “El sector cosmético es relativamente resiliente incluso en contextos políticos. Colombia sigue siendo un mercado atractivo”, señala Darrousez, de Yves Rocher.

Lo mismo ocurre con los proyectos de infraestructura. “La adjudicación del contrato de El Estanquillo-Popayán confirma la apuesta de ERG por el desarrollo de Colombia y Latinoamérica.
Estamos comprometidos con el desarrollo y el crecimiento económico”, dice Paola Larrahonda, socia de Pérez-Llorca, Gómez-Pinzón, que participó en la estructuración. Mientras la expectativa aumenta en materia electoral, la dinámica de negocios no para. ¿Cuál será su alcance?
