No es casual que la vivienda en Colombia haya tenido caídas tan abruptas. Se juntaron múltiples circunstancias; la modificación de la política de subsidios, por ejemplo, pero, en particular, las tasas de interés altas que ha tenido que utilizar el Banco de la República para tratar de controlar la inflación y llevarla a la meta.
A ello se refirió Leonardo Villar, gerente del Banco de la República, en el Congreso de Camacol, en donde dijo a los constructores que era consciente de que tasas altas son malas para la vivienda, pero son necesarias para controlar la inflación.
En el fondo tendrán un efecto sobre este golpeado sector, ya que los créditos de vivienda son a largo plazo, por lo tanto, una expectativa de que la inflación está controlada es lo que ayudará a que se logre entrar en la ruta para finalmente poder bajar las tasas de interés.
La situación de la vivienda ha sido una de las estadísticas que ha predominado entre los participantes del Congreso de Camacol, donde se enfatiza en el dato del Dane, según el cual, en el segundo trimestre de 2026, mientras el crecimiento de la economía fue de 3,5 %, las edificaciones retrocedieron 3,2 %. La construcción total, en cambio, creció 2,2 %, impulsada por el aumento del 17,1 % en obras civiles.

Villar envió algunos mensajes muy puntuales, el primero de los cuales fue el de reconocer las dificultades que ha vivido la construcción de la vivienda. Pero eso sí, enfatizó en que, aunque suene a paradoja, “se necesita bajar la inflación para que se puedan bajar las tasas”.
El gerente del Emisor explicó que las tasas de interés de vivienda no son un día, son las de largo plazo, a 20 o 30 años. En ese sentido, pesa más la inflación esperada en el futuro, y si se perciben como altas, los financistas no se arriesgarán a dar créditos accesibles.
Otro de los mensajes emitidos por Villar es el que surge como resultado de un estudio reciente que evidenció que las tasas de interés para vivienda dependen de la tasa en la cual se endeuda el Gobierno, no de las decisiones que toma el Banco de la República. Esa perspectiva ha sido polémica en Colombia y, de hecho, fue motivo de tensión entre el pasado gobierno y el Emisor.
Villar recordó que el mandato de la banca central, en cualquier lugar del mundo, es mantener el poder adquisitivo de la moneda. Así las cosas, la meta que les corresponde es la inflación, no la tasa de cambio.
Adicionalmente, también aclaró que es la tasa de corto plazo el instrumento central de la política monetaria. En consecuencia, lo que les pega a los constructores es la futurista.

El coletazo del salario mínimo
Para Villar, un coletazo innegable en la ruta del Banco de la República fue el del aumento del salario mínimo. “En 2025, la expectativa era seguir bajando las tasas de interés, pero recibimos impactos muy específicos para Colombia: primero, las decisiones de aumento de salario mínimo fuertes, inconsistentes con la meta de inflación. 2026 fue 23 %, es decir, 17 % por encima de la meta de inflación, y, teniendo en cuenta el menor número de horas trabajadas, según normas aprobadas con anterioridad, el aumento fue realmente de 28 %, un impacto que de manera inmediata afectó la credibilidad en la meta de inflación”, sostuvo Villar.

