Este año la feria contó con la participación del docente, ensayista e investigador Aldo Ocampo. El fundador y director del Centro de Estudios Latinoamericanos de Educación Inclusiva (C.E.L.E.I) se dedica a tratar temas de inclusión basándose en su teoría de la “educación inclusiva”.
SEMANA: ¿Cómo te ha parecido la feria?
Aldo Ocampo González: Bueno, la feria siempre me ha tratado muy bien. Yo siempre vengo a Colombia y haber vuelto después de este 2020 con todo lo virtual ha sido muy gratificante. Volver a una tierra que siempre me ha brindado mucho aprecio, mucha buena onda.
SEMANA: Hablando de la Feria del Libro ¿cómo estos espacios, como Filbo, incentivan la lectura para todos? ¿Qué tan importante es fortalecer mantener estos espacios?
A.O.G: Me parece fantástico que una feria tan importante, como la Feria del Libro de Bogotá, que es uno de los espacios más importantes, junto a la de México, tenga una franja dedicada a la inclusión. Un espacio que trata temas puntuales para generar mayores oportunidades sociales y educativas. Pero que a su vez sean reales para estos colectivos que lo necesitan, y que no son solo personas con discapacidad, niños que les cuesta leer o que por alguna razón no comprenden lo que leen. Sino que nos permite pensar una gran variabilidad de escenarios… para distintos colectivos que pasan por la escuela.
SEMANA: Hablando de la educación inclusiva, entendiendo lo que en un colectivo cada persona tiene su individualidad, dificultades y condiciones propias para el aprendizaje, ¿cómo se puede distinguir en qué casos la educación tradicional puede estar creando brechas, ampliando las diferencias y segmentando dichas individualidades?
A.O.G: Yo me dedico a la investigación de la teoría, al estudio epistemológico sobre inclusión. Y una de las cuestiones medulares cuando uno piensa en la inclusión, es que nada se relaciona con la educación especial. Cuando hablamos de educación especial sería correcto hablar de la necesidad de la misma, es decir, niños con discapacidades, etc. Pero cuando hablamos de educación inclusiva real como un proyecto de transformación social y como proyecto político, que cambia en funcionamiento de las estructuras escolares, sociales...Va a atender más a las singularidades. Van a ser múltiples singularidades que van a habitar el espacio social.
En ese sentido, lo que nos permite reconocer una gran variabilidad de escenarios, de recursos didácticos, de materiales, de perspectivas para justamente bajar el derecho a la educación, pero bajándolo acortan a lo que cada grupo va a necesitar. Esto va a responder a un criterio de pertinencia cultural. Esto, en términos del derecho de la educación invita a superar los universalismos clásicos, que son estas formas homogéneas de dar a todos lo mismo y pasamos a un paradigma complejo, holístico donde aseguramos un piso básico que es común a todos los ciudadanos y a todos los estudiantes, pero lo bajamos acorde a lo que cada colectivo necesita.
Por ejemplo el derecho a la educación en Colombia es para todos los niños por igual, pero va a tener un énfasis particular para los del Chocó, para los del Huila, para los de Santander, para los de Tunja, entre otros. En este sentido, la Feria apuesta un poco eso, a enfocar estrategias que no solamente vayan a beneficiar a personas con discapacidad sino que también estrategias de diversificación cognitiva, curricular, didáctica para hacer que el aprendizaje acontezca a todos nuestros niños.

SEMANA: ¿Cómo trabajar con los grupos sociales que se ubican en zonas en donde puede que no tengan el hábito de lectura?
A.O.G: Lo primero que uno tiene que hacer es romper todos los estigmas sociales que hemos construido como sociedad. Son a su vez, una consecuencia del colonialismo que hemos adquirido como latinoamericanos. Por ejemplo, el concepto de negro es un código colonial. Es una marca social de carácter colonial.
Entonces, ¿por qué la educación fracasa? En distintos departamentos esto pasa porque nosotros ofertamos una escuela que reproduce contenidos, valores, intenciones de la cultura dominante o hegemónica. Entonces, muchos de nuestros niños, que están en distintos departamentos, nada van a compartir con la cultura alta, hegemónica, dominante. ¿Por qué la escuela fracasa? porque les da un proceso educativo que no tiene relación con sus procesos culturales. Por ejemplo, los niños que están en el Chocó no es que no leen, sino que ellos construyen un código lingüístico diferente al que la escuela tradicional les va a ofrecer.
Entonces, muchos niños que son catalogados como malos lectores fracasan. No es porque no sepan leer o no quieran leer porque sus comunidades de base el derecho a la lectura no es prioridad. En estos grupos culturales hay otras formas de aproximaciones a la lectura que quedan visibilizadas en la escuela. Aquí sería importante recalcar el concepto de “desdenes ontológicos”. Es decir, formas de vida que son expulsadas, forma identidades culturales, tipos de niños que son marginados del sistema educativo tradicional. Como esto no se entiende, se les tacha como malos estudiantes o malos lectores.
Cuando tú entiendes cuáles son las prioridades culturales de esos grupos, cuando tú entiendes la razón por la que esos niños no leen lo que en la escuela les dan a leer, se puede intervenir el problema e intervenir las coordenadas culturales, es decir, cómo estos grupos culturales funcionan a qué cosas le dan prioridad a cuáles no.
SEMANA: Entonces en estos grupos sociales que tienen una situación cultural diferente, sería impulsar la lectura dependiendo de sus bases, de sus creencias porque ahí estaría fallando la educación.
A.O.G: Exacto. Cuando tu dices “pensar como todos” este es el pensamiento universal, hegemónico, el pensamiento más bien oficial de las clases dominantes, pero a lo mejor tu y yo no pertenecemos a ese grupo y nuestra cultura, nuestro saberes, nuestras creencias tiene otras riquezas que habría que recuperar primero estas riquezas y en función de eso recuperar leyendas, mitos, cuentos, novelas… para que las personas se sientan representadas. Porque suele pasar que como está concebida la educación se vuelve aséptica, una neutralidad. Entonces siempre está pensada para dar continuidad a lo oficial marginando a múltiples grupos culturales que no son ni tontos, ni deficientes, simplemente tiene otras expresiones culturales y que en la escuela tradicional no tienen cabida.

SEMANA: Además, de las diferencias culturales también están las diferencias sociales, ¿cómo atacar a esta realidad que amplían esta problemática?
A.O.G: Yo creo que lo primero es reconocer que las desigualdades sociales, las violencias estructurales, que son cuando uno se le inhabilita comer, ir a la escuela, la salud por ejemplo, la dominación que son frenos al autodesarrollo, que enfrentamos, no son cosas novedosas no son actuales, son endémicas al mundo que conocemos. Cuando nosotros reconocemos eso sabemos que esa producción de desigualdades ha estado presente desde que el mundo es mundo y que se reforzó a través de un momento histórico que se llamaba la modernidad.
En Latinoamérica, de manera particular, esas desigualdades se presentaron porque nosotros tuvimos un colonialismo que llegó antes de la ilustración. Esto generó procesos de exterminio, de violencia profunda, erradicaciones culturales. No son lo mismo que, por ejemplo, el colonialismo en África o en India. Esas desigualdades se han acrecentado y nuestros gobiernos no saben qué hacer con esas desigualdades para reducirlas. Lo primero que hay que entender, si queremos reducir desigualdades, es que la inclusión es un proyecto político de transformación del mundo. No es una práctica de asimilación o de personas en los mismos espacios que generan desigualdades.
Ahí habría que entender que para que la educación pueda reducir las desigualdades, de haber movilidad de clases, porque en Latinoamérica no hay movilidad de clases, es importante reconocer que estas desigualdades van a tener un correlato mayor. Que van a ser desigualdades propias del sistema social. Es decir, que en la medida que los gobiernos entiendan que las reglas del funcionamiento de la sociedad, que son las que producen las relaciones económicas, las sociales, las formas de vivir, van a tener un impacto directo en la escuela.
Por lo tanto, si las reglas de funcionamiento de la sociedad son desiguales por consiguiente las reglas del funcionamiento del sistema educativo van a ser desiguales. Hay un efecto de rebote, como un efecto espejo. Esto es interesante.
SEMANA: Mientras siga el mismo pensamiento de que todos sean iguales va a seguir creando desigualdad...
A.O.G: Esto es muy importante porque nosotros somos iguales políticamente, pero somos inmensamente diferentes en nuestra naturaleza humana. Esto invierte el orden del funcionamiento de la escuela. Pero esto lastimosamente no ha logrado penetrar con fuerza en los discursos escolares.

SEMANA: Actualmente hay movimientos culturales de inclusión, algunos grupos y minorías están tomando como una vocería que antes no había, ¿aquí, desde su perspectiva, cómo entra la educación inclusiva?
A.O.G: Lo importante de estos movimientos, lo que yo miro, es que hay que distinguir que en la inclusión de la que hablamos, que más escuchamos, la que aparece en la televisión, en las universidades... Es un mensaje bastante directo y de propaganda que tiene varios errores. Uno de ellos es pensar que la inclusión es sinónimo de educación especial. Es muy importante dejar claro que cuando hablamos de inclusión no hablamos de educación especial. Son dos cosas diferentes. La educación especial puede ser una forma de inclusión, la inclusión no es necesariamente una forma de lo especial, es un mecanismo de transformación en proyecto político.
Lo que yo veo con estos grupos que están Argentina, en Colombia, en Brasil y en distintos países, es que ellos están asumiendo problemáticas ciudadanas, que son transversales si lo miramos desde el punto de la interseccionalidad como distintas desigualdades son múltiples y convergen frente a una persona que puede ser por raza, por sexo, por clase. Estos grupos lo que están haciendo es pensar la inclusión como una demanda ciudadana, como proyecto de estado y nación.
SEMANA: Ya para finalizar, ¿Cómo esta situación, en general, en Latinoamérica, y que tan viable es que se puede llegar a esta educación inclusiva?
A.O.G: Bueno, lo primero es que todo el continente ha tenido una alta sensibilidad para informarnos y asumir unas básicas de la inclusión. Esto se traduce a que todos los gobiernos han creado sus propias leyes frente a la inclusión. Esto demuestra que en Argentina, Chile, Colombia, Perú y en todo el continente hay una ley nacional de inclusión. Esta ley en cada país tiene un énfasis diferente.
Por ejemplo en mi país (Chile) no puntualiza en cuestiones como las que uno habla hoy en día, de las reglas del funcionamiento de la sociedad, de las necesidades de los grupos culturales, la de Argentina va por ese mismo camino. La de Colombia está superando las de otros años que hacían un gran énfasis en el efecto multicategórico en imponer las etiquetas sociales. Por ejemplo: discapacitado, gay, lesbiana, indígena… Colombia ha hecho un transito para pensar un diseño social diferente. Un diseño de estructura escolar diferente.
Entonces como podemos ver en todo el continente ha habido un énfasis por avanzar a la inclusión. se han creado leyes con matices y énfasis totalmente diferentes, pero, ¿donde fracasa esto? en el aterrizaje, en lo práctico. No hay información clara para construir curriculum o estrategias didácticas o pensar la gramática escolar con base a estos principios que alberguen a las singularidades. Entonces ahí tenemos un problema sustantivo en cuanto a esto.
