Semana Sostenible

Rachel Kyte, experta global en clima y finanzas: “La resiliencia no es un costo adicional. Es una inversión”

Desde el Banco Mundial hasta el gobierno británico, la experta en clima y finanzas internacionales abordó los desafíos financieros y políticos de la crisis climática y las oportunidades que tienen países como Colombia para construir una economía más resiliente.

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1 de septiembre de 2026 a las 10:20 p. m.
Rachel Kyte es profesora de Práctica en Política Climática en la Blavatnik School of Government de la Universidad de Oxford y representante especial del Reino Unido para el clima.
Rachel Kyte es profesora de Práctica en Política Climática en la Blavatnik School of Government de la Universidad de Oxford y representante especial del Reino Unido para el clima. Foto: Getty Images / SEMANA

Rachel Kyte ha visto la transición climática desde algunos de los centros de decisión más importantes del mundo. Desde el Banco Mundial y la Corporación Financiera Internacional hasta Naciones Unidas y ahora como representante especial del Reino Unido para el Clima, ha estado en la conversación sobre cómo movilizar recursos para enfrentar una crisis que ya impacta economías, ciudades y comunidades.

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En entrevista con SEMANA, habló sobre financiación, resiliencia, cooperación internacional y el papel que pueden desempeñar países como Colombia en la nueva economía climática.

Después de haber trabajado en instituciones financieras internacionales y organismos multilaterales, ¿qué ha aprendido sobre los principales desafíos para acelerar la transición climática?

RACHEL KYTE (R.K.): Creo que estamos en un momento clave para comprender que las transiciones son necesarias para implementar el Acuerdo de París. Tomemos como ejemplo la transición energética.

Esta es fundamental porque necesitamos limpiar nuestro suministro energético, construir energía limpia para quienes todavía no tienen acceso, electrificar nuestras economías, reducir emisiones y ampliar el acceso. También debemos detener la deforestación y construir resiliencia. Pero todo esto requiere financiación.

En la transición energética se ha producido un cambio importante: estamos avanzando desde los combustibles fósiles hacia las energías renovables. Algunas regiones avanzan más rápido que otras dependiendo de sus recursos energéticos, de sus políticas públicas y del nivel de desarrollo de cada país.

Pero al mismo tiempo la demanda de energía sigue creciendo. Tenemos que aceptar dos realidades simultáneas: estamos avanzando hacia energías limpias y llevando energía a quienes nunca antes tuvieron acceso, pero las emisiones siguen aumentando porque la nueva energía responde a una demanda creciente impulsada por el desarrollo, la necesidad de refrigeración en un planeta más caliente y, cada vez más, por tecnologías como la inteligencia artificial.

¿Qué implica esto para los países que quieren acelerar su transición energética?

R.K.: No basta con desconectar la energía de origen fósil y activar el suministro de energía verde de la noche a la mañana. Para lograrlo necesitamos infraestructura, redes eléctricas, sistemas de transmisión, interconectores, transformadores y marcos regulatorios.

Muchos países quieren avanzar hacia energías limpias, pero necesitan inversión para construir esas bases. Aquellos que ya tienen altos niveles de deuda no quieren endeudarse más, por lo que debemos involucrar tanto al sector público como al privado.

La riqueza mundial debe invertirse en las infraestructuras de todos los países, porque no podemos mantener las condiciones climáticas necesarias si solo algunos territorios logran avanzar.

Para el Reino Unido, invertir en el éxito de otros países también es una forma de protegernos a nosotros mismos. No podemos completar nuestra transición energética si los demás países no hacen la suya.

¿Qué debe cambiar en el sistema financiero para movilizar más recursos hacia la transición climática?

R.K.: Creo que debemos analizar los distintos tipos de capital que necesitamos para estas transiciones.

Tenemos financiación concesional: recursos que no buscan necesariamente un retorno comercial y que pueden otorgarse en condiciones preferenciales.

Tenemos subvenciones, que tampoco buscan retorno y que provienen en gran parte de países desarrollados con compromisos dentro del Acuerdo de París. Y tenemos capital privado, que sí busca un rendimiento comercial.

Necesitamos todas estas modalidades. Estos recursos pueden llegar a través de acuerdos bilaterales entre gobiernos, bancos de desarrollo –tanto multilaterales como nacionales– y también mediante canales comerciales.

Los bancos multilaterales de desarrollo han realizado un trabajo muy importante en la última década, ayudando a entender qué necesita el mundo y financiando soluciones. Pero también es fundamental movilizar grandes reservas de capital privado, como fondos de pensiones, aseguradoras e inversionistas de largo plazo.

Si hay capital disponible en el mundo, ¿por qué no está llegando a la velocidad necesaria?

R.K.: Creo que la pregunta no es si tenemos suficiente financiación. Existen enormes volúmenes de capital en el mundo. La pregunta es si esos recursos están siendo utilizados de la manera adecuada y en los lugares correctos.

Los fondos de pensiones, las compañías de seguros y los inversionistas de largo plazo representan grandes reservas de capital. Necesitamos revisar las reglas que determinan dónde pueden invertir esos recursos para que más dinero llegue a la infraestructura energética, hídrica y climática que necesitan los mercados emergentes y los países en desarrollo.

Vivimos una crisis climática, pero también debemos entenderla como una oportunidad de inversión.

¿Qué debe cambiar en la arquitectura financiera internacional para acelerar esta transición?

R.K.: Necesitamos cambiar la forma en que pensamos la financiación para el desarrollo. Los países necesitan recursos para crecer, pero también necesitan hacerlo de una manera compatible con los desafíos climáticos actuales.

Esto significa encontrar mecanismos que permitan combinar diferentes fuentes de capital y reducir los riesgos para que más inversión privada pueda llegar.

También debemos revisar cómo utilizamos los recursos públicos. Cada dólar, libra o euro de ayuda debe generar el mayor impacto y, cuando sea posible, ayudar a movilizar otras fuentes de financiación.

La transición necesita una combinación de recursos públicos y privados. No podemos esperar que un solo actor pueda resolver un desafío de esta magnitud.

El mundo sigue destinando recursos millonarios a los combustibles fósiles. ¿Cómo se explica esta contradicción?

R.K.: Existe una contradicción importante en nuestro sistema actual. Seguimos subsidiando los combustibles fósiles directa e indirectamente por alrededor de 7 billones de dólares. Hace mucho tiempo dejamos atrás el punto en el que esa era una manera sensata de gestionar nuestras economías.

Necesitamos encontrar nuevas fuentes de financiación, utilizar mejor los recursos existentes, desbloquear capital privado y asegurarnos de que el dinero público esté orientado hacia las soluciones que necesitamos construir.

La pregunta es cómo hacemos para que el sistema financiero funcione mejor y así apoyar la transición que el mundo necesita.

¿Cómo cambiar la percepción de que adaptarse al cambio climático representa un costo adicional?

R.K.: Tenemos que cambiar la manera en que entendemos la resiliencia. Durante mucho tiempo se ha visto como un gasto, pero en realidad es una inversión.

Pensemos en la infraestructura. Hace unos años una línea ferroviaria podía diseñarse para funcionar con temperaturas de 35 o 40 grados Celsius. Hoy debe construirse para resistir temperaturas de 45 o 50 grados.

Eso implica mejores materiales, nuevas tecnologías, nuevos estándares de ingeniería y una planificación diferente.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿queremos construir algo que funcione durante unos pocos años o queremos construir infraestructura preparada para las condiciones que enfrentaremos en las próximas décadas?

La resiliencia no es un costo adicional. Es una inversión en seguridad económica y social.

¿Qué papel tienen la naturaleza y la biodiversidad en la nueva economía climática?

R.K.: Los países tienen activos naturales extraordinarios: bosques, suelos, cuencas hidrográficas y acuíferos. Estos son recursos fundamentales para la resiliencia de los países y del planeta. Sin embargo, todavía no hemos logrado valorar completamente esos activos ni reconocer los servicios que prestan.

Tenemos que encontrar formas de integrar la naturaleza dentro de nuestras decisiones económicas y financieras. La protección de los ecosistemas no debe verse como algo separado del desarrollo. Es parte de la manera en que construimos economías más fuertes y resistentes.

¿Qué papel tiene la cooperación internacional y qué ejemplos muestran que las ciudades también pueden liderar esta transformación?

R.K.: La cooperación internacional es absolutamente fundamental porque ningún país puede resolver esta crisis solo.

Tenemos países que se enriquecieron en una época en la que no conocíamos completamente el impacto de las emisiones; otros crecieron cuando ya entendíamos ese impacto, pero no logramos actuar con suficiente rapidez; y otros todavía están en diferentes etapas de desarrollo.

Necesitamos trabajar juntos. La buena noticia es que el 99,9 % de la comunidad internacional considera posible trabajar unida. Pero también debemos aprender unos de otros.

No existe un único modelo. Algunos países han avanzado más en determinadas áreas y pueden compartir esas experiencias con otros.

Medellín es un ejemplo de una ciudad que suele mencionarse por cómo ha integrado más zonas verdes y ha trabajado en soluciones urbanas. También podemos aprender de ciudades como Melbourne y Phoenix.

La transición climática no ocurre únicamente en las grandes negociaciones internacionales; ocurre en las decisiones que toman las ciudades sobre movilidad, infraestructura, espacio público y adaptación.

¿Cómo puede Colombia aprovechar esta oportunidad y atraer inversión hacia la nueva economía climática?

R.K.: Colombia tiene activos extraordinarios. Es uno de los países con mayor biodiversidad del mundo y tiene oportunidades importantes en energías renovables, soluciones basadas en la naturaleza y nuevos mecanismos financieros relacionados con la protección de ecosistemas. Pero también tiene algo fundamental: capital humano.

Los países que quieran atraer inversión climática necesitan generar confianza, ofrecer señales claras y mantener políticas consistentes de gobierno a gobierno. Los inversionistas valoran la estabilidad y la previsibilidad para invertir a largo plazo.

La transición no es solamente una transformación tecnológica. También es una transformación económica y social. Colombia tiene la posibilidad de convertir su biodiversidad y su talento en una ventaja competitiva dentro de la economía climática global.

¿Cuál es la decisión más importante que deben tomar gobiernos, empresas y ciudadanos frente a la crisis climática?

R.K.: La ciencia no ha cambiado. La política puede cambiar, pero la ciencia permanece clara: debemos detener la contaminación por carbono. Esa contaminación proviene principalmente de dos fuentes: la quema de combustibles fósiles y la destrucción de ecosistemas naturales.

Debemos acelerar la transición hacia energías limpias, detener la deforestación y empezar conversaciones sobre qué activos queremos proteger y cómo vamos a financiar esa protección.

Incluso si hoy detuviéramos todas las emisiones, todavía tendríamos impactos asociados a lo que emitimos hace 20 o 30 años. Por eso esta conversación no es únicamente sobre tecnología o economía. Es sobre las decisiones que queremos tomar como sociedades y sobre el futuro que queremos construir.