¿Cómo está cambiando la manera en que las empresas entienden la sostenibilidad?
Danna Giraldo (D. G.): Sí estamos viendo un cambio de mentalidad en el sector empresarial, aunque todavía no al ritmo que requieren la naturaleza, los desafíos que enfrentamos y los objetivos que nos hemos trazado como sociedad en materia de biodiversidad, clima y desarrollo sostenible.

Hay grandes empresas que vienen liderando esa transformación y entendiendo la sostenibilidad como un asunto estratégico. También tenemos una nueva generación de emprendimientos que nacen desde su ideación con criterios de sostenibilidad incorporados y que están demostrando que es posible hacer empresa de otra manera.
Sin embargo, hay una brecha importante, sobre todo en las empresas medianas y pequeñas, que conforman buena parte del tejido empresarial. Incluso algunas de las grandes todavía ven la sostenibilidad más como un tema regulatorio, una exigencia o un requisito.
Sin duda hay un cambio. Ya no estamos hablando solamente de responsabilidad social o filantropía. Hoy se está integrando más la naturaleza en las decisiones de negocio, pero ese cambio necesita consolidarse con mucha más evidencia.
¿Qué hace falta para que esa transformación avance?
D. G.: Las empresas toman decisiones basadas en datos y en indicadores. Mientras no logremos traducir los riesgos y las oportunidades asociados a la naturaleza en información que dialogue con los estados financieros, con la gestión del riesgo o con la estrategia corporativa, será muy difícil acelerar esa transformación al ritmo que necesitamos.
Necesitamos mejores métricas que demuestren cómo la pérdida de naturaleza afecta las cadenas de suministro, la disponibilidad de agua, la producción o el valor de los activos, dependiendo de la empresa y el sector. De lo contrario, en momentos de incertidumbre económica, estas inversiones van a ser las primeras que se cuestionan o se dan de baja.
¿Por qué WWF habla cada vez más de “naturaleza positiva”?
D. G.: Porque ya no es suficiente hablar únicamente de reducir nuestros impactos sobre la naturaleza. El reto hoy es avanzar hacia una economía capaz de detener y revertir la pérdida de biodiversidad. En ese sentido, el concepto de naturaleza positiva plantea una ambición mayor: no se trata simplemente de hacer menos daño o de compensar lo que hacemos, sino de contribuir a que la naturaleza pueda recuperarse y prosperar.
Y necesitamos que las empresas generen un impacto neto positivo en los ecosistemas. Necesitamos pasar de pensar únicamente en cómo sostener los sistemas actuales a preguntarnos cómo contribuimos a recuperar su capacidad de regenerarse.
¿Cuál es uno de los principales errores de las empresas al integrar la sostenibilidad?
D. G.: Uno de los principales errores es crear un área de sostenibilidad sin haber entendido primero cómo se conecta con el modelo de negocio. Muchas organizaciones crean un equipo o una gerencia especializada sin haber definido con claridad cuáles son los principales impactos, riesgos o dependencias que tienen en torno a la naturaleza. El punto de partida debería ser entender la materialidad y, a partir de ella, construir una estrategia de sostenibilidad que responda al negocio.
Si no, la sostenibilidad termina funcionando como un área aislada, desconectada de las decisiones financieras, operativas y comerciales. En realidad, debería ser un eje transversal a todas las áreas, desde la alta dirección hasta compras, operaciones y talento humano.
Al final, integrar la sostenibilidad en el ADN de una empresa no consiste en crear una nueva dependencia. Consiste en incorporar la naturaleza como un criterio permanente para la toma de decisiones, entendiendo que son elementos fundamentales para la continuidad y el éxito del negocio en el largo plazo.
¿Qué pueden hacer las pequeñas y medianas empresas que tienen recursos limitados?
D. G.: Las pequeñas y medianas empresas son una parte fundamental del tejido empresarial colombiano porque están cerca del 70 % del empresariado, generan empleo, dinamizan economías locales y articulan buena parte de la cadena de valor de las grandes empresas. Pero también son, en muchos casos, vulnerables a los impactos del cambio climático y cuentan con menos capacidad técnica y financiera.
Buscamos que empiecen a interiorizar estos temas desde una perspectiva empresarial, no como una exigencia regulatoria, sino para cerrar esa brecha de conocimiento. Trabajamos con cámaras de comercio, cajas de compensación y otro tipo de asociaciones o agremiaciones para acercar el conocimiento sobre naturaleza y conservación en un lenguaje muy práctico.
También hemos desarrollado herramientas, cursos y contenidos de acceso abierto que permiten a las empresas comprender mejor sus riesgos y dependencias frente a la naturaleza, identificar oportunidades de mejora e incorporar estos temas de manera gradual en su gestión.
Por ejemplo, tenemos un curso de biodiversidad que puede hacerlo cualquier persona en una empresa, desde el contador hasta el gerente.
¿Qué sectores tienen mayor oportunidad de transformar sus modelos de negocio?
D. G.: No considero que una única industria tenga la mayor responsabilidad y oportunidad. La transformación hacia una economía positiva para la naturaleza requiere que distintos sectores avancen de manera articulada.
Desde WWF tenemos una diferenciación entre industrias de alto impacto y de alta influencia. Las primeras son aquellas cuya actividad está directamente relacionada con la transformación de los ecosistemas y el uso de los recursos naturales.
Entre ellas, los sistemas agroalimentarios tienen una oportunidad especialmente relevante de transformación, dada su relación con la pérdida de biodiversidad, el cambio de uso del suelo, la deforestación y las emisiones. También hacen parte de este grupo sectores como el extractivo y el transporte
Por otro lado, están las industrias de alta influencia: aquellas que, aunque no necesariamente generan los mayores impactos directos, tienen la capacidad de acelerar la transformación de toda la economía. El sector financiero es un ejemplo. La mayoría de los grandes proyectos en cualquier país dependen de financiación, inversión o seguros.
Si las entidades financieras integran criterios robustos relacionados con naturaleza en sus decisiones sobre créditos, inversiones y gestión del riesgo, pueden acelerar cambios muy significativos en otros sectores.
Por eso, más que señalar una única industria, es necesario entender una cadena de transformación en la que cada sector cumple un papel diferente. Sin embargo, Si tuviese que elegir dos, priorizaría sin duda el sector agroalimentario y el sector financiero.
Para cerrar, ¿qué le diría a un CEO que está dudando si invertir en conservación?
D. G.: Más que un dato o una cifra contundente, yo le diría que la pregunta no es por qué su empresa debe permitirse invertir en conservación. La pregunta sería si su empresa puede operar sin la naturaleza. Y si seguiría existiendo el modelo de negocio sin la naturaleza. Hoy no existe ningún negocio viable en el planeta, en un planeta ambientalmente inviable.

Hay mayores dependencias para unos sectores que para otros. Unos se verían de una manera más rápida afectados por el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, pero en el mediano y largo plazo todos los modelos de negocio se van a ver afectados y transformados.
