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| 6/1/2003 12:00:00 AM

Jane de la selva

La investigadora británica Jane Goodall recibió el premio Príncipe de Asturias en ciencias por una vida dedicada al estudio y la protección de los chimpancés.

Su nombre es Jane, como la compañera de Tarzán. Pero ella tiene algo más en común con la historia del hombre mono: 43 de sus 69 años los ha compartido con los chimpancés. Los conoció en las selvas de Tanzania, Africa, donde durante dos décadas casi llegó a convertirse en una más de ellos, en un "chimpancé blanco", como solía llamarse a sí misma.

Jane Goodall, la famosa etóloga británica conocida por muchos como 'Lady Chimpancé', acaba de convertirse en la primera mujer que obtiene el premio Príncipe de Asturias en investigación científica y técnica desde su creación hace 22 años. La razón, sus trabajos sobre el comportamiento de estos primos biológicos tan cercanos al hombre (ver recuadro) han sido para muchos científicos un referente para entender las raíces evolutivas de la conducta del hombre.

Desde niña forjó su afición por los chimpancés. Como si se tratara de una premonición, a los 18 meses su padre le regaló un peluche creado como homenaje a Jubilee, la primera cría de chimpancé que nació en el zoológico de Londres. No es casualidad tampoco que en su infancia le gustara pasar el tiempo entre las páginas de La historia del doctor Dolittle, de El libro de la selva y de Tarzán, de Edgar Rice Burroughs. Fue entonces cuando la imagen de Africa apareció en su mente.

Pero con los años las dificultades que trajeron la Segunda Guerra Mundial y el divorcio de sus padres la obligaron a apartarse de su sueño y tomar en Londres un curso para secretarias. Una mañana de 1956 una carta se encargó de devolverle la esperanza. Su mejor amiga del colegio le escribía desde Kenia y la invitaba a pasar unas vacaciones.

Una vez en Africa su deseo de estar en contacto con los animales salvajes la llevó a tocar las puertas del despacho del reconocido paleontólogo-antropólogo Louis Leakey, quien quedó impresionado con una joven que sin haber estudiado hablaba con propiedad de las diferentes especies. Por ello no dudó en convertirla en su asistente. Jane acompañó a Leakey durante meses de excavaciones en busca de fósiles que desentrañaran los misterios del origen del hombre. El científico tenía un gran interés en los chimpancés, los gorilas y los orangutanes y fue quien envió a Diane Fossey, la mujer que inspiró la película Gorilas en la niebla, a los montes de Virunga, en Ruanda y Uganda, para que estudiara a los gorilas. Algo parecido hizo con Jane, pero el escenario fue la selva de Gombe, en Tanganika, hoy Tanzania, y su objeto de estudio los chimpancés. Visitó varios zoológicos para observar el comportamiento de estos animales y lo único que consiguió fue indignarse con las condiciones del cautiverio. "Me juré que algún día los ayudaría".

Antes de emprender su aventura tenía que superar algunos obstáculos: En 1960 Tanganika era un protectorado del Reino Unido y "las autoridades británicas estaban horrorizadas de pensar que una joven blanca se adentrara en la selva", explica Jane en su autobiografía Gracias a la vida. El permiso se lo darían siempre y cuando viajara acompañada. Jane escogió a su madre. Nadie daba un centavo por un estudio que iba a realizar una joven sin ningún título y sin experiencia. Y al parecer tenían razón. Tardó semanas en lograr ver a los chimpancés y luego, durante los primeros meses, huían sólo con sentir su presencia. "Sabía que si no había resultados no habría más financiación". Para colmo, a madre e hija les dio malaria.

La espera tuvo su recompensa. Una mañana, cuando apenas se recuperaba, subió la cuesta frente a su tienda y desde ahí presenció una imagen que cambiaría la forma de concebir tanto a simios como a humanos. Con sus prismáticos identificó a 'David Barbagris', un chimpancé macho adulto al que había bautizado por las canas de su barbilla. Estaba sentado al lado de un montículo de tierra mientras introducía una rama en un agujero. Luego de un tiempo la sacaba y la metía en su boca. Cazaba termitas, lo que significaba que era capaz de usar y fabricar herramientas, una habilidad que se consideraba exclusiva de los seres humanos. "Hombre: productor de útiles", era la definición. "Ahora habrá que redefinir al hombre, redefinir los útiles o aceptar que los chimpancés son humanos", fue la respuesta de Leakey cuando Jane le envió un telegrama con su hallazgo. Por ello la National Geographic Society aceptó financiar el proyecto.

Durante los años siguientes Jane comprobó que, a diferencia de lo que se pensaba, los chimpancés tenían diferentes personalidades, como la de 'David': "Tan sereno y digno". Además mostraban emociones similares a las de los humanos y también se dio cuenta de que son agresivamente territoriales y capaces de guardar rencor.

A pesar de no haber estudiado Jane recibió un doctorado en etología de la Universidad de Cambridge en 1965. En esa época creó en Gombe un centro de investigación, que hoy cuenta con la ayuda de estudiantes voluntarios, lo que le ha permitido dividir su tiempo entre Africa, Gran Bretaña y Estados Unidos, donde dicta conferencias. En 1976 creó en Washington el instituto Jane Goodall para la Conservación de los Chimpancés, que hoy tiene presencia en más de 15 países.

En los últimos años ha dedicado su vida a proteger a los chimpancés, más cuando los datos son desalentadores. Se estima que mientras en 1960 existían alrededor de un millón de estos animales en Africa, se calcula que hoy sólo quedan 150.000. Los peligros son varios: los refugiados que huyen de las guerras en Zaire, Ruanda y Burundi los cazan. Los capturan para ser vendidos como atracción en los parques, los torturan en laboratorios médicos. Jane nunca olvidará el día en que conoció a 'Jojo', un adulto macho que vivía en una jaula de laboratorio de un metro de ancho por dos de alto. "Había estado en esa prisión al menos 10 años; 10 años de absoluto aburrimiento intercalado con períodos de miedo y dolor". 'Jojo' alargó su mano entre los barrotes para acariciar el rostro de Jane. "En sus ojos no había odio, sólo un poco de gratitud porque me había parado a hablar con él, ayudándolo a romper la terrible y mortal monotonía del día".

Jane empezó a crear reservas para los chimpancés confiscados por las autoridades. Hoy 'Jojo' vive en una de California. "No se pueden liberar en su entorno natural porque serían atacados por otros y lo difícil es que pueden vivir 60 años. Por ello en las reservas se mejoran sus condiciones y a la vez sirven para educar a la gente", explicó a SEMANA Anne Pusey, profesora de la Universidad de Minnesotta, investigadora del Instituto Jane Goodall.

'Lady Chimpancé' también creó la Fundación Raíces y Brotes, un programa que empezó con un pequeño grupo de estudiantes en Africa y que hoy cuenta con más de 4.000 organizaciones en 68 países del mundo, que fomenta en las escuelas la participación de los niños en la conservación del medio ambiente.

En 2002 la ONU la nombró Mensajera de Paz, pero su lucha continúa: "Aún queda un largo camino por recorrer. Pero vamos en la dirección correcta. Ojalá podamos superar la crueldad contra los humanos y los animales mediante el amor y la compasión; estaríamos en el umbral de una nueva era de la evolución humana moral, y por fin haríamos realidad nuestra cualidad más única: nuestra humanidad".

The Jane Goodall Institute

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