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| 11/2/2019 2:37:00 AM

La vida de Houdini, un misterio más grande que sus trucos

Según una nueva biografía, el escapista, que siempre logró salvarse en sus trucos, también engañó a todos acerca de su verdadera identidad. Tal vez, por eso, 100 años después de su muerte su mito aún sigue vivo.

La vida de Houdini, un misterio más grande que sus trucos La vida de Houdini, un misterio más grande que sus trucos Foto: Getty images
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*El audio de este artículo está hecho con inteligencia artificial.

El legendario Harry Houdini murió en 1926. Muchos no recuerdan quién era el presidente de Estados Unidos ni quién era Jess Willard, como tampoco les dicen mucho los nombres de Douglas Fairbanks o Al Jolson. Todos eran estrellas del principio del siglo XX con quien Houdini compartía fama. Pero con este escapista, que llevó su arte al máximo punto, pasa lo contrario. Muchos, al menos, han escuchado su nombre, y otros más, aunque no sepan detalles de su vida, pueden decir que era un artista que escapaba de todo: esposas, grilletes, cadenas, camisas de fuerza y tanques de agua cerrados, mientras inspiraba sorpresa, asombro y curiosidad.

Microsoft bautizó Houdini a su programa de ajedrez, hay pizza Houdini y hasta pestañina Houdini.

Que su leyenda viva, a diferencia de la de sus contemporáneos, motivó a Joe Posnanski, reconocido periodista deportivo y autor, a escribir sobre este personaje. En efecto, sus fanáticos y seguidores, como el ilusionista David Copperfield y el actor Adrien Brody, no quieren que Houdini muera. Por eso, hay más de 500 libros sobre él, desde biografías hasta manuales de golf para que la bola escape del peligro. También, más de diez documentales sobre su vida, varias películas, incontables series de televisión, cuentos infantiles y museos que ayudan a mantener vivo su legado. Esto, sin contar las referencias suyas en la vida diaria: Microsoft bautizó Houdini a su programa de ajedrez, hay pizza Houdini y hasta pestañina Houdini.

Desde muy pequeño, fue un niño inteligente y travieso con una predilección desbordada por las mentiras, que usó para crear tanto sus trucos como su leyenda. La prueba es que por casi 50 años Houdini, cuyo verdadero nombre era Erik Weisz (luego lo cambiaría a Ehrich Weiss), engañó a todos al decir que había nacido en Appleton, Wisconsin, cuando en realidad era húngaro. Su padre –el reverendo Mayer Samuel Weisz–, su madre –Cecilia– y sus dos hijos migraron a Norteamérica en 1876, cuando el pequeño Erik tenia apenas 4 años, para escapar de la persecución antisemita en Europa.


Foto: La fama le llegó a Houdini con el escapismo. Uno de sus trucos emblemáticos era la camisa de fuerza, de la que se liberaba en segundos.

También mintió sobre su fecha de nacimiento, su altura y el color de sus ojos. Él mismo redactó la mayoría de escritos en periódicos sobre sus hazañas para engrandecerlas y desprestigiar a los rivales. Solía inventar eventos. Uno de los más mencionados, liberarse de las esposas en Scotland Yard, nunca habría sucedido. Esa gran capacidad de autopromoción forjó, en parte, ese gran mito que hoy es Houdini.

En el libro The Life and Afterlife of Harry Houdini, Posnanski trata de identificar realmente a ese personaje que logró fama mundial al desafiar a todo el que le pusiera un reto. El autor encontró que se fascinó muy pronto por la magia. Cuando su padre se quedó sin trabajo y tuvo que buscar mejor porvenir en Nueva York, el niño de 9 años, incansable, recursivo y valiente ante la adversidad, llegó un día con lo necesario para pagar el alquiler del apartamento. Había salido a la calle con un letrero en su sombrero que decía: “Ya casi llega la Navidad, los pavos están gordos, por favor, deje algo en el sombrero de este niño pobre”. Pegó las monedas recogidas en el revés de su ropa y al llegar a la casa le pidió a su mamá que lo sacudiera. Al instante, saltaron monedas de todas las denominaciones. “Soy magia”, le dijo.

Más tarde, a los 11 años, le encantaron los candados al trabajar con un cerrajero al que un día le llegó un encargo especial: liberar de las esposas a una persona erróneamente retenida por un policía que había perdido las llaves. Siguiendo sus instintos, el joven buscó un poco de alambre y trabajó en la cerradura hasta liberar al inocente.

De adolescente trabajó en un circo y poco a poco se dio a conocer con trucos de naipes sencillos, un espectáculo burlesco y con personajes como Projea, el hombre salvaje de México que gruñía, al tiempo que la gente le tiraba pedazos de carne cruda. Pero canceló ese espectáculo cuando uno de esos trozos pegó en su ojo y casi lo deja ciego.

Finalmente, saltó a la fama a partir de 1889 cuando se enfocó en los escapes, un acto novedoso que hacía semidesnudo. En esos tiempos conoció a Bess, su esposa y asistente, y con ella alcanzaron prestigio con trucos como la metamorfosis (él se metía en un baúl, lo cerraban, y al abrirlo de nuevo aparecía Bess); la camisa de fuerza (que hacía suspendido en el piso alto de un edificio, casi siempre de algún periódico, para conseguir publicidad), y el de la celda de tortura acuática (suspenderse boca abajo con los pies sujetos en la tapa del tanque lleno de agua).


Foto: Más que una biografía, el libro es un intento por encontrar al verdadero Houdini.

Para Posnanski, el ilusionista era un maestro de la manipulación, en permanente competencia por ganar cualquier cosa, ya fuese una disputa, un reto o un cuadro. En una oportunidad, su amigo Will Goldston le mostró una pintura que había comprado. Houdini la vio y exclamó: “Este cuadro es mío”, lo descolgó de la pared y se lo llevó. Goldston, en aras de la amistad, lo dejó, pero el hecho ilustra que “él reclamaba ser dueño de libros, aparatos de magia, pues creía que deberían estar en su colección privada”, dice el autor. En otra oportunidad, recién fallecida la reina Victoria, el escapista vio en la vitrina de una tienda en Londres un vestido de la monarca y entró decidido a comprarlo. La vendedora, sorprendida, le explicó que no estaba a la venta. Finalmente, y después de 50 libras, se lo llevó con la condición de que nadie lo luciera en Gran Bretaña. Meses más tarde, su madre usó el traje real en Budapest para su cumpleaños.

A pesar de estos datos, en muchos aspectos Houdini se escapó de todos los que quisieron definirlo. Incluso del propio Posnanski, quien no pudo descifrar cómo logró zafarse de las esposas espejo, un famoso reto que le aceptó al periódico Daily Mirror en 1904. Consistía en escapar de unas esposas que un cerrajero de Birmingham había hecho para él. Aunque logró liberarse, “un siglo después tenemos teorías, opiniones, pero no certeza de cómo lo hizo”, dice el autor.

Tampoco se sabe si fue cierto el truco publicitario en una estación alemana de policía que casi lo lleva a su caída. Sucedió cuando un oficial lo acusó de haber intentado cambiar las esposas y de ofrecerle un soborno por permitírselo. El caso llegó a los estrados y Houdini logró escapar de la justicia al mostrarle al juez en privado que él podía deshacerse de las esposas sin necesidad de ayuda.

Su muerte a los 52 años también se convirtió en un mito gracias a una película protagonizada por Tony Curtis, en la que el mago muere en el truco de la celda acuática. Pero su partida fue menos heroica. Sucedió cuando un estudiante, J. Gordon Whitehead, le ofreció un reto que consistía en pegarle puños en el estómago. El artista aceptó, y el joven le dio varios golpes severos hasta que Houdini dijo: “Suficiente”. A pesar de los dolores, Houdini continuó con sus espectáculos rutinarios. Pero la noche siguiente, ante una fiebre persistente, un médico lo auscultó y le diagnosticó apendicitis. Le recomendó una cirugía, pero Houdini no hizo caso y siguió con sus espectáculos en Detroit. En el intermedio de una función colapsó, pero se recuperó y volvió a salir a escena donde de nuevo se desplomó. Esta vez lo llevaron al hospital y allí lo operaron. Pero ya era muy tarde. A los seis días murió por una infección, en el pico de su fama.

Posnanski no enfoca su libro en explicar los trucos, pero hoy se sabe que involucraba ingenio, flexibilidad corporal y mucha decisión. En algunos llevaba llaves escondidas en su cuerpo; en otros, se escapó con la ayuda de Bess. Después de muerto, Houdini vive en la memoria de muchos por haber sido el mejor en una de las profesiones más honestas. Como lo decía Karl Germain, uno de sus rivales: “Un mago le promete engañarlo y lo hace”. 

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