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| 11/25/2006 12:00:00 AM

Pobre niña rica

La musa de Andy Warhol, Edie Sedgwick, es homenajeada por Hollywood con la película ‘Factory Girl’, 35 años después de morir por una sobredosis.

Pobre niña rica, Sección Gente, edición 1282, Nov 25 2006 Edie modeló para las revistas ‘Life’, ‘Time’ y ‘Vogue’ de Estados Unidos. Su estilo sigue siendo emblemático y ha sido retomado por importantes diseñadores
Era uno de los grandes íconos de la escena underground de los años 60. Se parecía físicamente a Audrey Hepburn, pero hoy podría ser descrita como un híbrido entre Paris Hilton y Sid Vicious. Edie Sedgwick tenía de la Hepburn la impresionante belleza de facciones finas, ojos grandes y ese glamour. Era inevitable que la gente, al verla, se detuviera a admirarla. Como Paris hoy, era la mujer más popular, un personaje obligado en todas la fiestas relevantes del mundo artístico e intelectual de Nueva York. Y como Sid Vicious, la estrella del punk, sentía una decadente atracción, que luego se convertiría en absoluta dependencia, hacia todo tipo de drogas. Y como tantos otros de su generación, vivió rápido y murió joven.
Era tal la fascinación que despertaba, que cuando Andy Warhol la vio por primera vez, mientras ella bailaba en una fiesta en 1965, supo que sería su superestrella: la obra de arte viviente que completaría su mundo del pop art. Cuando le propuso actuar en sus películas, ella, que siempre había soñado con ser famosa, aceptó sin pensarlo dos veces. De esa manera se convirtió en una figura de culto que se mantiene hasta el día de hoy y que ha servido de inspiración para tendencias y modas. Tanto, que los diseñadores John Galliano y Karl Lagerfeld revivieron el estilo de la musa en sus pasarelas de 2005. Ahora Hollywood desea hacerle su propio homenaje con la película Factory Girl, protagonizada por Sienna Miller, que se estrenará en diciembre y que, se vaticina, será una de las grandes competidoras en los Oscar de 2007.
La infancia de esta debutante de la alta sociedad norteamericana no fue de ensueño. Su padre, Francis Minturn Sedgwick, era maniacodepresivo y la familia poseía un largo historial de enfermedades mentales congénitas. La situación era tan grave, que los médicos recomendaron a Francis no tener hijos. Él y su esposa, Alice Delano de Forest, decidieron hacer caso omiso al llamado y tuvieron ocho retoños. Tres de ellos pasaron gran parte de su vida en hospitales siquiátricos y murieron antes de los 30 años. Uno se ahorcó, otro estrelló su motocicleta contra un bus y Edie no despertó el 16 noviembre, después de tomar una sobredosis de sedantes con alcohol la noche anterior. Sólo tenía 28 años.
Sus padres nunca le dieron la atención que la pequeña demandaba, pues siempre estaban demasiado ocupados con su vida social. Edie aseguró en varias oportunidades que su padre trató de abusar sexualmente de ella. Y cuando le dijo a su madre que lo había visto teniendo relaciones con una de las empleadas de la mansión, fue enviada a un hospital para enfermos mentales. Ahí permaneció durante varios meses y fue tratada por el estado avanzado de anorexia que sufría. Los barbitúricos que le recetaron le generaron el gusto por cualquier sustancia que la sacara de la realidad en que vivía.
A los 21 años, cuando su familia esperaba que se casara con un joven millonario de ‘buena familia’, ella decidió irse a vivir a Nueva York. Sus padres le entregaron su herencia por adelantado y ella la gastó durante los primeros meses de su estancia en la Gran Manzana, como confiesa en Poor Little Rich Girl, la película de Warhol.
Su relación con el máximo gurú del arte pop fue intensa, exaltada y muy corta. Todo el tiempo estaban juntos en The Factory, el famoso estudio de Warhol donde se celebraban las fiestas y orgías más sonadas y sórdidas de la época. Truman Capote, uno de los frecuentes invitados, siempre dijo que Warhol (quien nunca escondió su homosexualidad) veía en Edie todo lo que él siempre soñó ser. Una hermosa mujer de alta sociedad con mucho dinero. Sedgwick se cortó y tiñó el pelo igual que él y ambos se vestían con la misma ropa. Durante ese año su look se convirtió el la última moda y ella posó para las revistas Life, Time y Vogue.
Pero la amistad sólo duró un año. Edie conoció a Bob Dylan y su mundo cambió. El cantante la convenció de que Warhol se estaba aprovechando de su talento, pues no le pagaba por su trabajo en los filmes, y de que se fuera a vivir con sus compañeros de la movida folk en el otro punto popular de la ciudad, el Chelsea Hotel. Aunque Dylan asegura que su relación con Sedgwick no fue de pareja, dos canciones de su disco Blonde on Blonde de 1966 fueron inspiradas por ella. “Con su niebla, sus anfetaminas y sus perlas. Ella lo toma como una mujer, sí lo hace. Ella hace el amor como una mujer, sí lo hace. Ella sufre como una mujer. Pero se rompe como una niña”, canta Dylan en Just like a woman. Muchos aseguran que Like a rolling stone, del año anterior, también habla sobre ella. Warhol consideró esa nueva amistad como una traición, y rechazaba que Dylan lo responsabilizara a él por las adicciones de Edie.
Porque con cada día que pasaba, la dependencia de ella a las drogas, especialmente el speed, la cocaína y la heroína, se hacía más fuerte. Algunos conocidos aseguran que ella se enamoró de Dylan y que recibió uno de los peores golpes de su vida cuando Warhol le contó que el músico se había casado a escondidas con Sara Lownds. En esos años el poeta del rock también mantenía un affaire con la cantante Joan Báez.
En cualquier caso, ella se convirtió en la pareja del músico Bob Neuwirth, amigo y socio de Dylan, quien la abandonó al poco tiempo, pues no resistió su inestabilidad emocional. Entonces Edie firmó un contrato con el mánager de Dylan, Albert Grossman, y esperaba que Hollywood tocara a su puerta. Pero el cine comercial nunca la quiso. La veía sólo como una drogadicta loca y decadente que había participado en películas con alto contenido erótico.
Su situación económica y su estado mental iban en picada. Decidió volver a la casa de sus padres y ellos la internaron en clínicas de rehabilitación y hospitales siquiátricos. Ahí pasó de las terapias en grupo a los tratamientos con choques eléctricos.
Desde 1968 comenzó a filmar la que sería su última película: Ciao Manhattan. En ella contaba las experiencias de su vida y mostraba el deterioro físico que le habían provocado sus adicciones. El proyecto se extendió durante dos años, ya que los constantes ingresos a centros de salud obligaban a detener las filmaciones durante varios meses. “Durante mi tiempo como chica del año o superestrella, toda esa basura, motivada por mi inestabilidad mental, maquillaba mi cara como una máscara. No me daba cuenta de que era hermosa, me ha tomado 27 años darme cuenta de eso y ahora estoy prácticamente destruida”, cuenta Edie en esa película. Su voz parece la de una mujer mayor que fuma decenas de cigarrillos al día y ya no puede expresarse si titubear.
Warhol siempre vaticinó que ella terminaría quitándose la vida. Y sólo esperaba “que cuando lo haga me avise, para que pueda filmarlo”, como aseguraba sin pudor. Pero ese patético grand finale, afortunadamente, nunca se cumplió. Murió en silencio mientras dormía, al lado de Michael Post, a quien había conocido en un centro de rehabilitación. Se había casado con él cuatro meses antes.

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