Aunque la transición energética en el transporte ya es una realidad en el país, está lejos de ser inmediata. En las calles, los vehículos eléctricos y los híbridos ganan terreno, pero los motores a combustión siguen siendo la base del sistema. Expertos coinciden en que más que una ruptura, el momento actual se define como una “convivencia tecnológica”.
A diciembre de 2025, el país contaba con cerca de 19,3 millones de vehículos activos, según el Ministerio de Transporte. De ese total, el 95,9 por ciento aún dependía de combustibles fósiles, mientras que la energía eléctrica solo representaba el 0,07 por ciento.
Pero el mercado muestra señales de transformación. Las tecnologías electrificadas hoy superan el 30 por ciento del mercado y solo en 2025 se matricularon más de 87.000 unidades. “Aproximadamente uno de cada tres vehículos nuevos vendidos en el país ya es electrificado, aunque la combustión sigue liderando con cerca del 64 por ciento”, explicó Eduardo Visbal, vicepresidente de Fenalco.
Pero ¿por qué la transición debe ser progresiva? La brecha de costos, el acceso al crédito, la infraestructura de carga aún limitada y la incertidumbre regulatoria siguen limitando el proceso, a lo que se suman factores culturales como la autonomía y los tiempos de carga. El cambio no responde a una única tecnología, sino a la evolución paralela y sostenible de varias.
Lejos de ser obsoletos, los motores a combustión han avanzado en eficiencia energética y reducción de emisiones gracias a estándares más exigentes como Euro VI y mejoras en la calidad de los combustibles. Por su parte, los híbridos se han consolidado como el puente natural hacia la electrificación, permitiendo reducciones en consumo y emisiones sin depender de la infraestructura de carga por completo.
A su vez, los eléctricos representan la apuesta de largo plazo, no solo por su menor impacto ambiental, sino también por su mayor eficiencia energética y menores costos operativos, que pueden reducirse cerca de un 10 por ciento.
Para el consumidor no hay una solución única: las decisiones dependen del uso del vehículo, la capacidad de inversión y las necesidades cotidianas. En respuesta, la industria ha consolidado portafolios multitecnología que integran distintas opciones en lugar de imponer una sola ruta, facilitando así una transición más realista, gradual e inclusiva.
El caso internacional refuerza esta idea. En Europa, donde la transición parecía más acelerada, el debate sobre eliminar los motores de combustión en 2035 ha llevado a replantear metas. Los desafíos evidencian que incluso en economías avanzadas la electrificación total tomará más tiempo del previsto.
En Colombia, más que una carrera hacia un único destino, la transición energética en el transporte es un proceso de largo plazo. La verdadera innovación no está en imponer una tecnología, sino en integrar soluciones que respondan a realidades distintas. Porque la sostenibilidad no se construye con rupturas abruptas, sino con decisiones que logren equilibrar eficiencia, acceso y contexto.
*Contenido elaborado con el apoyo de Mini.
