Valerie y Daniela Cohen comenzaron un proyecto gigante en un momento en que el mundo vivía en incertidumbre. Era 2020, en plena pandemia, cuando decidieron apostar por una marca brasileña que nació en Brasil con la intención de atender una demanda emergente pero con poca competitividad en su momento: la comida rápida saludable.
Seis años después de esa gran inversión, Oakberry Açai se convirtió en un negocio rentable, capaz de servir más de 1.2 millones de bowls en todo Colombia y generar más de 150 empleos directos, con un equipo que prioriza el talento joven.
Detrás de estos resultados hubo años de trabajo, esfuerzo y unión familiar. SEMANA habló con las hermanas Cohen, quienes contaron cómo fue el proceso de nacimiento y crecimiento de la marca en Colombia, cuáles han sido sus mayores retos como emprendedoras y detalles de su travesía en el mundo empresarial siendo madres.
Para entender por qué arriesgarse con un producto tan innovador para el mercado colombiano en un momento tan complicado para la economía global, primero hay que conocer qué es Oakberry Açaí y su oferta de valor.
La idea de Georgios Frangulis era combinar un producto que pudiera prepararse rápidamente con una propuesta dirigida a consumidores interesados en cuidar lo que comen. “La propuesta de nosotros y la marca es ofrecer un producto saludable y de muy buen sabor que te pueden entregar en dos minutos”.
Las hermanas llegaron a la marca casi por casualidad. Viajaban a Brasil por razones familiares, probaron Oakberry y terminaron convirtiéndola en parte de su alimentación diaria. En Colombia intentaban consumir açaí, pero el que encontraban no sabía igual al que habían probado en Brasil.
Valerie había trabajado ocho años en el sector petrolero, “era súper corporativa, me fui al extranjero, trabajé en Mobil Exxon por ocho años. Amaba esa empresa, aprendí mucho sobre los procesos de trabajo, pero yo nada que ver con el tema de emprendimiento, mucho menos en alimentos”, recordó.
Daniela es diseñadora industrial y había trabajado en un estudio de arquitectura y posteriormente en mercadeo de marcas de alimentos y restaurantes que operaban bajo el modelo de cocinas ocultas. Sin embargo, con los conocimientos de ambas y el deseo de traer a Colombia este producto, decidieron arriesgarse.
“Era una apuesta un poco disruptiva en ese momento porque todos los restaurantes estaban cerrando y nosotros estábamos queriendo traer una marca a Colombia”, señala Valerie. La primera tienda abrió en 2021, cuando todavía existían restricciones, dificultades para viajar e inconvenientes relacionados con las importaciones.

El crecimiento no fue inmediato ni estuvo libre de obstáculos. Uno de los primeros problemas fue conseguir que los colombianos entendieran qué era el açaí. “Mucha gente llegaba y nos decía: ‘Pero, ¿qué es? ¿A qué sabe? ¿A qué se parece?’”, mencionó Valerie.
El sabor, explica, es difícil de describir y obligó a las hermanas a concentrarse en enseñar el producto desde las tiendas. “Todavía, seis años después, tenemos personas que llegan y dicen: ‘Pero, ¿qué es lo morado?’”, contó entre risas.
El modelo también tenía una particularidad en la manera de presentar el producto. En lugar de servirlo únicamente en un bowl, Oakberry desarrolló una presentación vertical por capas. Así, los consumidores pueden combinar la fruta amazónica con los diferentes ingredientes hasta el fondo del vaso. La idea también responde al concepto de grab and go: tomar el producto, salir de la tienda y comerlo sin interrumpir la rutina.
Para poder afianzar un negocio de este tamaño tenían que sostener una relación muy fraterna pero empresarial. Lo bueno, según recuerdan, es que nunca tuvieron un conflicto que pusiera en vilo la estabilidad del negocio gracias a una regla que se impusieron: la relación de hermanas debía estar por encima de la relación comercial.
El reto que terminó poniendo a prueba toda su apuesta lo vivieron solo seis meses después de abrir su primera tienda, cuando las dos quedaron embarazadas al mismo tiempo.
El hijo de Daniela nació diez días antes que el de Valeria. Por ello, en esos últimos días previos al parto, una cubrió las responsabilidades de la otra. “Ahí nos hemos apoyado siempre”, afirmaron. La división de tareas se dio de manera natural, porque cada una identificó aquello en lo que su hermana era más fuerte.
Adicionalmente, su familia fue fundamental para sacar adelante el proyecto. Cada una tiene dos hijos y sus esposos han sido claves. Cuando una necesita espacio para el trabajo, la otra puede ayudar con los niños. Los hijos, incluso, han terminado conociendo el negocio desde adentro.
Ese equilibrio entre maternidad y trabajo no siempre ha sido sencillo. Valerie lo reconoce cuando habla de la dualidad de querer estar al mismo tiempo con sus hijos y atendiendo las responsabilidades de la compañía. Pero también tiene una conclusión muy personal: “Siento que soy mejor mamá cuando trabajo”.
La operación que construyeron desde aquella primera tienda ya no es la misma. Actualmente cuentan con 35 puntos en Colombia, entre tiendas propias y franquicias, y tienen presencia en 11 ciudades. Su siguiente objetivo es llegar a 50 establecimientos en un plazo de entre un año y medio y dos años. Para conseguirlo, además de seguir creciendo en Medellín y Bogotá, quieren explorar ciudades intermedias como Manizales, Pasto, Ibagué y Villavicencio.

Pero el crecimiento no se detendrá en Colombia. Las hermanas acaban de entrar a República Dominicana, donde preparan la apertura de su primer punto en Santo Domingo. La intención es llevar a ese mercado lo aprendido durante estos años: desde la selección del franquiciado hasta la operación y el lanzamiento de una nueva tienda.
“Ya tenemos un camino recorrido acá, hemos aprendido, nos hemos equivocado, pero sobre todo también hemos probado que funciona. Entonces, eso es lo que vamos a llevar allá”, aseguraron.
La elección de República Dominicana, además de ser uno de los pocos lugares en el continente donde no había franquicias de la marca, también representa un fuerte lazo familiar. La hermana mayor de Valerie y Daniela vive allí desde hace años con sus hijos. Aunque no hace parte de la sociedad, se ha convertido en un apoyo. “Ellos, digamos, serán nuestros ojos allá”, explica Valerie.
Mientras preparan ese salto internacional, también piensan en lo que vendrá después de Oakberry. Valerie cuenta que están explorando nuevos productos, toppings y servicios para eventos, incluso con el carrito de la marca. A más largo plazo, quieren convertirse en un grupo con más franquicias o marcas. “No tenemos ninguna marca en mente puntual todavía”, aclaró.
La historia de las hermanas Cohen, por ahora, sigue teniendo a Oakberry en el centro. Empezó con dos profesionales que decidieron emprender juntas durante una pandemia, continuó con una primera tienda y dos embarazos casi simultáneos y hoy se prepara para cruzar las fronteras colombianas. “Ha sido un camino súper bonito de aprendizaje”, reconoció Valerie.
