La votación de Óscar David Benavides en las pasadas elecciones legislativas cambió el panorama de las curules afro. Estuvo cerca de los 150.000 votos, la cifra más alta desde que existe esta circunscripción especial. El salto es llamativo porque durante años, una curul podía ganarse con cerca de 30.000 votos. Un cambio en el umbral que obligaría a replantear las estrategias políticas en este escenario.
Históricamente estas curules se caracterizaron por una alta fragmentación y bajos niveles de votación. Esto facilitó la entrada de estructuras políticas que no necesariamente provenían de procesos comunitarios. En ese contexto, funcionaron como una vía alterna para llegar al Congreso.

El resultado de 2026 cambia ese escenario. La votación obtenida por Benavides elevó el estándar y redujo la posibilidad de ganar con apoyos limitados. Ahora se requiere mayor capacidad de movilización y respaldo electoral.
Para la representante Ana Rogelia Monsalve, este cambio tiene un efecto concreto porque reduce el interés de las maquinarias tradicionales en estas curules. Según explicó, antes podían ganarse con 30.000 o 40.000 votos, lo que las hacía atractivas para estructuras políticas. Ahora, con votaciones cercanas a los 150.000 votos, la labor es mucho más exigente.
Los datos del informe del CEPSAFRO confirman ese cambio. El Consejo Comunitario El Naranjo, la lista en la que participó Benavides, obtuvo la votación más alta registrada en las ocho elecciones realizadas desde 1994. Además, se amplió la diferencia frente a otras listas, lo que muestra una menor dispersión del voto.
Sin embargo, el cambio en los números no implica que los problemas de fondo se hayan resuelto. Desde 1994 han sido elegidos 15 congresistas por estas curules, con resultados desiguales en términos de incidencia política.
El exrepresentante John Arley Murillo sostiene que, aunque ha habido avances frente a lo que ocurría antes de que existiera esta circunscripción especial, las expectativas no se han cumplido. Ha habido periodos con baja incidencia y limitados resultados legislativos.
Persisten los problemas de representación
Según la analista e investigadora Licenia Salazar estas curules han estado influenciadas por la política tradicional desde su creación. Una realidad que ha afectado la relación entre representantes y comunidades.
Los datos del proceso electoral más reciente refuerzan esa lectura. En 2026 participaron 46 organizaciones, pero la votación no proviene únicamente de comunidades afro. El informe del CEPSAFRO también señala que Bogotá mantiene una participación relevante en la votación de estas curules, a pesar de tener una baja proporción de población afro. Esto indica un peso importante del voto de opinión frente al voto territorial.
Para Salazar este comportamiento está asociado a la baja participación en territorios afro y a la desconfianza hacia los representantes. Monsalve defiende estas curules en el Congreso para garantizar que las leyes incluyan un enfoque diferencial y exista su voz permanente en las discusiones legislativas.
Pero la competencia política se mantiene. A diferencia de la representante Monsalve, Murillo advierte que distintos sectores siguen viendo estas curules como una forma de sumar apoyos en el Congreso, independientemente de que la cantidad de votos haya aumentado de forma exponencial, lo que también puede significar un trabajo más duro de las fuerzas tradicionales para pelear por los votos de unas curules cada vez más apetecidas.
Aunque el umbral electoral subió, el problema central no ha cambiado. Las comunidades afro siguen enfrentando brechas en desarrollo y acceso a oportunidades, mientras la representación política no siempre se traduce en resultados concretos.
La elección de 2026 cambia las condiciones electorales, pero no cierra el debate de fondo: si las curules afro están cumpliendo su propósito o siguen siendo un espacio en disputa dentro de la política nacional.
