OPINIÓN

Claudia Sterling

La encrucijada que enfrentan las mujeres con la transición humana a la artificial

El 2026 no nos exige perfección, nos invita a ser auténticas. A dejar de ocupar el lugar de invitadas en los círculos de poder y asumir el de arquitectas de nuestro propio rumbo, guiadas por la inteligencia humana por encima de la artificial.
30 de enero de 2026 a las 4:10 p. m.

Iniciamos este 2026 con una sensación agridulce. Por un lado, celebramos que el talento femenino ya no pide permiso para sentarse a la mesa; por otro, nos enfrentamos a desafíos que han mutado, volviéndose más sutiles, pero no por ello menos urgentes. En mis años transitando el sector salud y el derecho, he aprendido que el progreso no es una línea recta, sino un tejido que debemos remendar cada mañana.

El gran reto de este año es la ‘transición humana’. En medio de la inteligencia artificial que parece dictar el ritmo de nuestras vidas, las mujeres estamos llamadas a ser las guardianas de la ética. Como bien señala Melinda French Gates en su reciente entrega The Next Day, el verdadero empoderamiento en esta era tecnológica no vendrá de dominar el algoritmo, sino en asegurar que este no replique los sesgos que tanto nos costó derribar.

Persiste la brecha en las áreas STEM. No podemos permitir que el futuro sea diseñado solo por una mitad de la humanidad. Me recuerda a lo que la Nobel de Economía, Claudia Goldin, disecciona magistralmente en Carrera y familia: la brecha salarial y de liderazgo no es solo un asunto de “querer”, sino cómo las estructuras laborales siguen penalizando la flexibilidad que el cuidado, todavía mayoritariamente femenino, exige.

Ella nos explica que el problema no es solo el techo de cristal, sino el ‘trabajo codicioso’ (greedy work). El reto son los empleos que exigen disponibilidad 24/7 y pagan desproporcionadamente más por ello. En cuanto a la iluminación, Goldin demuestra que mientras las estructuras laborales sigan premiando al que no tiene responsabilidades de cuidado, la brecha persistirá. Para las mujeres en cargos directivos, el reto este año es rediseñar los puestos de trabajo para que la flexibilidad no sea un ‘favor’, sino un estándar de productividad. ¿Cómo romper esto en 2026? Con políticas justas y una nueva narrativa personal.

Para las jóvenes líderes que hoy sienten el peso de la duda, recomiendo volver a Valerie Young y su indispensable The Secret Thoughts of Successful Women. El síndrome de la impostora sigue siendo nuestro acompañante silencioso. En 2026, el reto es “hackear” nuestra propia mente para entender que la vulnerabilidad, lejos de ser una debilidad, es nuestra mayor ventaja competitiva en un mundo automatizado. El reto es la internalización del fracaso, mientras que para la iluminación, Young categoriza los tipos de “impostoras” (la perfeccionista, la experta, la solista, la supermujer). Para el 2026, su libro nos enseña que la solución no es trabajar más duro, sino cambiar nuestra relación con el error. En un mundo de IA y cambios rápidos, la agilidad para aprender (y fallar) es más valiosa que la perfección absoluta.

Desde mi experiencia en el sector salud, veo con preocupación el burnout femenino. Tenemos que estar en todo y para todo. Seguimos siendo las “multitasking” por imposición. En este sentido, la lectura de Agy Coelho, La belleza de rompernos, me ha dado luces: debemos reivindicar el derecho a la pausa y a la reconstrucción sin culpa. No somos máquinas de productividad; somos seres de sentido.

Por otro lado, tomando el relevo de Virginia Woolf, Tenenbaum analiza qué significa la independencia para la mujer de hoy, más allá del dinero y la productividad. El reto allí es la dispersión de nuestra atención y el “cuarto propio” mental. La iluminación en 2026, es entonces el desafío es conquistar un espacio sosegado de pensamiento crítico frente a la presión de las redes sociales y las expectativas de éxito afectivo. Nos invita a preguntarnos: ¿Qué parte de mis deseos son realmente míos y cuáles son algoritmos de lo que ‘debería’ ser una mujer exitosa?

Una biblioteca para la resiliencia

Un libro no es solo un objeto, es una herramienta de gestión y una brújula ética. Profundizar en estas obras permite entender que los retos del 2026 no son sólo cifras sino historias que nos atraviesan. Si este año buscan respuestas, no dejen de pasar por los estantes de estas obras que hoy iluminan mi mesita de noche:

Sembrar palabras de Ana Santos: un recordatorio de que nuestra voz es el arma más poderosa contra la invisibilidad histórica y La estafa de la feminidad de Lala Pasquinelli: para cuestionar esos estándares de belleza y comportamiento que aún intentan encasillarnos.

El 2026 no nos pide que seamos perfectas, nos pide que seamos auténticas. El reto es dejar de ser ‘invitadas’ en los círculos de poder para convertirnos en sus arquitectas. Como siempre digo, entre un contrato y una buena novela, siempre hay espacio para construir un mundo más justo.

Cerremos este año con la convicción de que, aunque el camino sea largo, tenemos los libros, la red de sororidad y la experiencia para no dar ni un solo paso atrás.

Claudia Sterling es fundadora de la librería El Gato que Lee y Bebe