En un contexto en el que la conversación pública sobre la menopausia apenas comienza a abrirse paso, el libro Menopáusicas y más emerge como resultado de un proceso colectivo que desbordó los límites de un formato inicial. Lo que empezó como un pódcast terminó convirtiéndose en un movimiento de conversación, encuentro y reconocimiento entre mujeres que encontraron, en ese espacio, una forma de nombrar lo que durante años permaneció en silencio y solo en la intimidad. La gestación del libro, según le contaron sus autoras a SEMANA, no fue un plan editorial preconcebido, sino un proceso casi inevitable del diálogo que se fue expandiendo más allá de lo digital.

Yolanda Ruiz lo explica como un crecimiento orgánico: “Muy rápidamente empezamos a tener conversaciones con mujeres en la calle, en el supermercado, en un avión, en la fila de un baño. Fue muy pronto, al mes o mes y medio, que las mujeres nos empezaron a interpelar en todas partes y a contarnos sus historias”. Ese desborde llevó a encuentros presenciales, primero en pequeños grupos y luego en escenarios más amplios, hasta que el libro se consolidó como una extensión natural de esa necesidad de profundizar. No se trata de una transcripción del pódcast, sino de una ampliación del universo que este abrió: una conversación sobre la vida en su sentido más amplio.


Para María Elvira Samper, el origen del proyecto está íntimamente ligado a una pregunta existencial que surge en la madurez: qué hacer con el tiempo y con la experiencia acumulada. “El proyecto nace de la idea de que la vida no se acaba por decreto a los 57 años. Nos enfrentamos a la idea de que seguimos siendo útiles, de que queremos seguir haciendo cosas, de que nos sentimos vivas y tenemos mucho que ofrecer”, afirma. Ese punto de partida conecta con una crítica más amplia a los imaginarios sociales que reducen la vida de las mujeres a ciclos rígidos y limitados.
La menopausia, en ese sentido, deja de ser un cierre para convertirse en un momento de transición que exige ser reinterpretado. Uno de los aportes centrales del libro y del proyecto es precisamente sacar la menopausia del ámbito de lo privado para ubicarla en el terreno de lo público. Durante décadas, temas como el cuerpo, la sexualidad, el envejecimiento o el cuidado fueron relegados a la intimidad, lo que impidió históricamente su discusión abierta y, en muchos casos, su adecuada atención.

Ruiz lo plantea en términos de transformación social: “La menopausia no es una enfermedad, pero puede requerir acompañamientos desde el punto de vista de salud, y no todas las mujeres tienen acceso a eso. Durante mucho tiempo se consideró un tema del que no se habla públicamente, y eso es lo que hay que cambiar”.

Samper, por su parte, amplía la mirada hacia las implicaciones estructurales: “Si las mujeres somos el 51 por ciento de la población y dentro de unos años seremos un porcentaje importante de personas mayores, esto es un problema de salud pública, de políticas públicas y de organización social. No se puede seguir pensando la vida como una línea que termina en la jubilación”.En ese proceso de visibilización, la resignificación del lenguaje ha sido esencial. Nombrarse como “menopáusicas”, una palabra que incluso provocó incomodidad inicial entre sus seguidoras, se convirtió ahora en una especie de acto político.
No se trata solo de aceptar una etapa, sino de reivindicarla. “Queremos resignificar la palabra. Algunas personas decían que era fea, pero justamente por eso la usamos. Y creo que lo estamos logrando”, señala Ruiz. Ese cambio se refleja en experiencias concretas en las que las mujeres, por primera vez, se nombran en voz alta sin vergüenza, crean redes de apoyo y encuentran en la conversación un espacio de liberación. La clave, coinciden Samper y Ruiz, ha sido generar confianza y horizontalidad entre todas ellas.

En ese sentido, el proyecto implicó también un giro en la práctica periodística. “El reto fue pasar de la entrevista a la conversación, derribar barreras y lograr un clima de intimidad en el que las mujeres pudieran hablar con libertad”, explica Samper. Ruiz complementa esa idea al subrayar el rigor detrás de esa aparente espontaneidad: “Es periodismo lo que hacemos. Hay investigación previa, preparación, cuidado en la producción. Pero entendimos que, si no nos involucrábamos en primera persona, no íbamos a lograr romper los tabúes”.

La menopausia, en este enfoque, aparece como un proceso de reaprendizaje. No solo del cuerpo, sino también del deseo, del placer y de la relación con una misma. Ese desconocimiento tiene raíces profundas en la educación y en las normas culturales. “A muchas mujeres se nos enseñó que el cuerpo era un templo intocable, que el placer era pecado. Eso limita el conocimiento y cierra posibilidades”, sostiene Samper.
Hablar de deseo en la menopausia implica desmontar otro de los grandes mitos: que la sexualidad desaparece con la edad. Ambas periodistas coinciden en que se transforma, pero no se extingue. “Los jóvenes piensan que los padres o los abuelos no tienen sexo, pero eso no es cierto. La sexualidad se vive de otras maneras, no necesariamente centradas en la genitalidad”, afirma Ruiz.

Samper, por su parte, introduce matices importantes. “El deseo puede disminuir, eso hay que reconocerlo, pero también se transforma. Puede estar en la conversación, en la caricia, en el compartir. El problema es la presión por seguir siendo jóvenes bajo estándares irreales”. Otro punto importante que se trata en su libro es que la menopausia también trae consigo una conciencia más cercana con la muerte, con la vejez, cuando el cuerpo cambia, aparecen dolencias y la muerte deja de ser una abstracción lejana. Ruiz lo describe con naturalidad: “A esta edad uno sabe que le queda menos que más. La muerte está ahí, el cuerpo se va deteriorando y eso empieza a aparecer en las conversaciones cotidianas”.

Samper plantea la necesidad de abordar este tema sin evasivas y la importancia de “pensar en cómo queremos morir, es una responsabilidad. No se trata solo de vivir bien, sino de decidir cómo queremos ese final, sin cargar a otros y con dignidad”.Ante este panorama, la pregunta sobre cómo atravesar la menopausia sin naufragar encuentra respuestas que combinan información, autocuidado y vínculos. “Las mujeres siempre hemos puesto nuestro cuidado de últimas.
En esta etapa, en la de la menopausia, hay que ponerse en primer lugar: informarse, hablar y cuidarse”, enfatiza Yolanda. Mientras tanto, María Elvira sostiene que “hay que cuidar los afectos, los amigos, las redes. La soledad puede ser devastadora. Y también es clave mantener conversaciones intergeneracionales que nos den propósito”.

El libro, insisten ambas, no ofrece fórmulas cerradas, sino caminos posibles. Cada experiencia es distinta y requiere aproximaciones diversas, desde la medicina hasta el acompañamiento emocional. El mensaje hacia las generaciones más jóvenes apunta a desmontar la idea de que la menopausia es un asunto lejano. “La menopausia está más cerca de lo que crees. No es algo que les pasa a otros, es parte inevitable de la vida”, advierte Ruiz.
Finalmente, Samper concluye con una mirada que sintetiza el espíritu del proyecto: “No hay fórmulas. Lo importante es informarse, prepararse y asumir cada etapa con tranquilidad y propósito. La vida no se acaba, se transforma”. Y es justamente esa transformación la que Menopáusicas y más propone como una guía abierta, una invitación a conversar y, sobre todo, a reconocer que en la menopausia no hay naufragio inevitable, sino la posibilidad de un nuevo comienzo y de una nueva etapa en la vida.
