Colombia está a punto de votar. Pero la verdadera pregunta es más incómoda que solo el hecho de a quién vamos a elegir, sino desde qué lugar estamos decidiendo. Porque las decisiones no transforman únicamente la realidad externa, también transforman a quien decide. Lo entrenan o lo deterioran, refinan su mirada o la endurecen, y en ese proceso silencioso se empieza a construir el país que vamos a habitar.
Durante años entendimos el liderazgo como la capacidad de avanzar rápido, resolver, ejecutar y responder. Hoy empieza a hacerse evidente algo más profundo. No todo lo que crece permanece y no todo lo que avanza sostiene. La diferencia real no está únicamente en lo que se decide, sino en la conciencia desde la cual se decide.
Decidir no es un acto puramente racional. Decidimos desde el estado en el que estamos, desde el cansancio o la claridad, desde la presión o la presencia, desde la reacción o desde la conciencia. Un sistema que decide desde el agotamiento puede avanzar, pero difícilmente construye algo que perdure.
Por eso, este momento del país no es únicamente político, es profundamente humano. Es una invitación a elevar la forma en que decidimos, a hacer una pausa en medio del ruido, a preguntarnos qué queremos cambiar y cómo queremos construirlo.
En ese contexto, la presencia de mujeres en espacios de decisión abre una conversación necesaria. No se trata de una discusión de género, sino de una forma distinta de ejercer el liderazgo. Cuando una mujer lidera desde la conciencia, su manera de decidir cambia e integra variables que durante mucho tiempo fueron secundarias, como el impacto humano, la sostenibilidad y el largo plazo. No decide únicamente para resolver, decide para sostener.
Hoy, la sostenibilidad dejó de ser un concepto ambiental y se convirtió en una capacidad de gobernabilidad. Se construye en cada decisión, en lo que se prioriza, en lo que se protege y también en lo que se está dispuesto a transformar.
En ese escenario, figuras como Paloma Valencia hacen parte de una conversación que vale la pena observar con atención. Más allá de cualquier postura, su presencia refleja un momento en el que las mujeres participan activamente en la construcción de país desde espacios de decisión. Cuando eso ocurre, algo cambia. La conversación se amplía, se vuelve más consciente de lo que está en juego y empieza a integrar lo que antes se veía por separado.
Pero la responsabilidad no está únicamente en quienes lideran, está en todos. En la forma en que cada uno decide, si lo hace desde el miedo o desde la claridad, desde la urgencia o desde la conciencia. Porque un país no se define solo por sus líderes, se define por la calidad de las decisiones que su gente está dispuesta a tomar.
Colombia está a punto de elegir. Tal vez, por primera vez en mucho tiempo, existe la oportunidad de hacer algo distinto, no solo decidir un camino, sino decidir la forma en que queremos construirlo.
El cambio no empieza en las urnas. Empieza en la conciencia de quien las usa.
Natalia Badillo Navarro, gerente de inversiones Abril seguros Ltda
