OPINIÓN

Juliana del Sol Bastidas

El poder del silencio: Liderar desde la introversión

El liderazgo también puede tomar formas silenciosas que permiten la pausa, la observación estratégica y la empatía auténtica.
25 de junio de 2025 a las 4:57 p. m.

Durante años he escuchado a líderes de distintas industrias decir que han tenido que aprender a parecer extrovertidos para ser tomados en serio. Como si liderar requiriera seguir un guión que exige hablar más fuerte, moverse más rápido y llenar todos los espacios, de tal manera que te hagas sentir fuerte y claro. Entonces recordé una clase muy común en un MBA que se llama professional development, que se dedica exactamente a enseñarte este guión para alcanzar el éxito y me pregunté ¿realmente es necesario?

Si el modelo dominante de liderazgo estaba íntimamente asociado con hablar fuerte, mostrarse seguro, tomar la palabra sin dudar, entonces tenían razón en enseñarnos a actuar como extrovertidos. Mi forma de observar primero, escuchar con atención y construir desde la reflexión nunca encajaría en ese modelo y aún peor: mi personalidad reservada, analítica o silenciosa estaba siendo sinónimo de debilidad de liderazgo. Así, era imperativamente necesario aprender a actuar la extroversión, como una estrategia para sobrevivir en un sistema que privilegia lo visible por encima de lo profundo.

Pero si analizamos una definición tradicional de liderazgo, por ejemplo, la del profesor Peter G. Northhouse en su libro Leadership: Theory and Practice (edición 9, 2021), el liderazgo no es una característica innata, sino un proceso dinámico y su objetivo es ejercer influencia, o sea, adquirir seguidores para cumplir una meta en común: la del líder, no importa qué rasgos de personalidad tenga y lo voy a ilustrar con la siguiente analogía:

Imagina que el mundo es una gran sala de juntas corporativa. Por un lado, tenemos a Estados Unidos, un líder extrovertido, carismático y persuasivo. Entra primero, habla con voz fuerte, su vestimenta es llamativa y su presentación es inspiradora. Todos lo aplauden. Y por otro lado tenemos a China, entra en silencio, se sienta, no interrumpe, solo toma notas. Es un líder introvertido: estratégico, observador y meticuloso. No necesita convencer a nadie porque sus resultados hablan por sí solos. Y mientras algunos siguen admirando al orador brillante, cada vez son más los que prestan atención al que no habla tanto, porque está financiando el edificio en el que todos están sentados.

Es decir, el liderazgo también puede tomar formas silenciosas que permiten la pausa, la observación estratégica y la empatía auténtica. Como alguien naturalmente introvertida, no me interesa proyectar una imagen imponente, ni construir relaciones poco genuinas, y mucho menos competir por atención y aun así siempre me he sentido una líder exitosa. De hecho, me gusta mucho utilizar la palabra silencio para describir mi liderazgo, en el sentido en que mi mensaje es escuchado solo por las personas que quiero que lo escuchen y con el tiempo quienes han trabajado a mi lado suelen notarlo. Ellos saben que mis decisiones no son producto de un impulso, sino de un análisis profundo después de haberlos escuchado y eso les genera tranquilidad para continuar desarrollando nuestro objetivo. Mi mensaje no busca imponerse, sino llegar a donde debe llegar.

Pero no siempre es fácil, especialmente cuando hay escenarios que están diseñados específicamente para la inmediatez, la exposición y la autopromoción. Y el liderazgo introvertido, aunque a menudo más efectivo, lastimosamente se toma su tiempo. Sin embargo, mi experiencia por más de diez años en una posición de liderazgo me ha confirmado múltiples veces que no es necesario aprenderse el guión del liderazgo. Si eres introvertido y estás leyendo esto recuerda que puedes liderar desde lo que eres, no es una debilidad, sino otra forma de ejercer poder, una que tal vez no hace ruido, pero que si lo estás haciendo bien, transforma. Y eso, créeme, es más que suficiente.

Por Juliana del Sol Bastidas Rodríguez, CEO de COLCDA S.A.S