OPINIÓN

Diana Lorena Gómez

El techo de cristal no se rompe con discursos: la deuda del liderazgo femenino

En esta columna, una reflexión sobre las brechas que persisten en el acceso de las mujeres a posiciones de liderazgo en Colombia y plantea que la equidad, más que la igualdad, es la clave para cerrar esas distancias y aprovechar el talento femenino.
8 de abril de 2026 a las 11:37 p. m.

El techo de cristal no se rompe con discursos.

En el mundo laboral de hoy, la igualdad de género es un tema recurrente en las juntas directivas, pero su aplicación en el día a día sigue siendo una tarea pendiente. Aunque ha habido avances, el camino hacia los cargos de liderazgo continúa lleno de obstáculos que impiden a las mujeres no solo llegar a la cima, sino también mantenerse en ella.

Para entender por qué no avanzamos más rápido, es necesario partir de una distinción clave: no es lo mismo dar a todos lo mismo que dar a cada quien lo que necesita.

Durante años hemos insistido en la igualdad como solución: tratar a todas las personas bajo las mismas reglas. Sin embargo, cuando el punto de partida es desigual, aplicar la misma medida para todos no corrige la brecha; la profundiza.

Ahí es donde la equidad cobra sentido. No se trata de otorgar privilegios ni de asumir debilidad, sino de reconocer que existen barreras distintas. La equidad consiste en nivelar el terreno para que la competencia sea realmente justa y esté basada en el talento, no en las condiciones de origen.

Las cifras en Colombia son elocuentes.

Hoy, las mujeres representan más de la mitad de los graduados universitarios. Sin embargo, ese talento se diluye a medida que se asciende en la estructura empresarial. Con una participación femenina del 43,4 % en posiciones de alta dirección, persisten brechas salariales que pueden alcanzar hasta el 15 %. Además, solo el 13 % de las grandes compañías del país tienen a una mujer en la presidencia, en un contexto donde el acceso a paquetes de compensación sigue siendo desigual, más allá del salario base.

Ese “techo de cristal” no es una metáfora exagerada. Es la suma de sesgos —muchas veces inconscientes— y de una desigualdad estructural en la que las tareas de cuidado no remunerado continúan recayendo, en gran medida, sobre las mujeres.

Pero hay algo que el sector empresarial aún no termina de entender: la equidad no es solo una causa social, también es una decisión estratégica.

Las organizaciones que incorporan diversidad en sus liderazgos toman mejores decisiones, identifican oportunidades que otros no ven y se adaptan con mayor rapidez a entornos cambiantes. No es un asunto de reputación ni de mero cumplimiento normativo; es, sobre todo, un factor de competitividad.

Abrir espacios al liderazgo femenino no debería responder a una presión externa, sino a una convicción interna: el talento no se puede seguir desperdiciando.

Sin embargo, el cambio no ocurre con declaraciones ni con políticas que se quedan en el papel. Exige revisar prácticas concretas: desde los procesos de selección hasta la forma en que se mide el desempeño, pasando por condiciones laborales que permitan conciliar la vida profesional y personal sin penalizar a quien lo intenta.

Romper el techo de cristal exige, sobre todo, una disposición real a cuestionar los sesgos propios.

Y en ese proceso, el rol de los hombres también es fundamental. La equidad no es una conversación exclusiva de las mujeres; es una responsabilidad compartida. Solo cuando se construye desde lo colectivo es posible transformar la cultura.

El verdadero reto no es hablar de igualdad.

Es practicar la equidad.

Y solo cuando el talento sea analizado con perspectiva de género, Colombia podrá decir que está aprovechando todo su potencial.

Diana Lorena Gómez Zuluaga, vicepresidenta Administrativa del Banco Agrario de Colombia