Hay distancias que se miden en kilómetros y otras que se miden en horas. Para miles de cundinamarqueses, la distancia entre su casa y Bogotá se ha medido durante años en tiempo: madrugadas, trancones, esperas y recorridos que terminan restándole horas a la familia, al trabajo, al estudio y a la vida.
Por eso, cuando hablamos del RegioTram de Occidente, no deberíamos hablar solamente de rieles, estaciones o trenes. Estamos hablando de algo mucho más importante: del tiempo de la gente y de lo que puede hacer con él.
Cundinamarca está cambiando y necesita una movilidad a la altura de ese cambio. Hoy, nueve de las 17 estaciones del RegioTram ya están en obra, el Patio Taller ANI alcanzó el 100 % de ejecución y se han fabricado más de 39.000 traviesas. Son cifras que muestran que ese tren que durante tanto tiempo imaginamos empieza a convertirse en una realidad concreta.
Y detrás de esta transformación hay una gestión que merece ser reconocida. El gobernador de Cundinamarca, Jorge Emilio Rey Ángel, ha puesto la movilidad regional en el centro de la agenda y ha insistido en una idea fundamental: que Nación, Bogotá y Cundinamarca deben trabajar como un solo equipo para transformar la movilidad y conectar las oportunidades del territorio.
Pero el verdadero significado del RegioTram estará en lo que ocurra cuando entre en funcionamiento.
Estará en el joven que podrá llegar más rápido a la universidad. En la madre que tendrá más tiempo para estar con sus hijos. En el trabajador que podrá regresar antes a casa. En el empresario que encontrará una región mejor conectada. En los municipios de la Sabana que dejarán de sentirse lejos de Bogotá.
Un tren puede transportar personas. Una buena movilidad puede transportar oportunidades.
Y ahí está uno de los grandes retos: que el RegioTram no termine en una estación. Su éxito dependerá de que cada estación se convierta en una puerta de entrada a nuevas posibilidades y de que el sistema se conecte con las rutas de transporte público, los territorios y las dinámicas de los municipios.
La reciente aprobación del RegioTram del Norte demuestra, además, que la conversación ya no puede limitarse a un solo corredor. El futuro de la movilidad regional exige pensar en una red que acerque a más municipios, conecte territorios y reduzca las distancias que hoy separan a miles de personas de sus oportunidades.
Por eso, Cundinamarca necesita que Bogotá y la Nación sigan mirando hacia la región como un mismo territorio. La movilidad no entiende de límites administrativos cuando se trata de llegar a estudiar, trabajar, atender una cita médica o regresar a casa.
El RegioTram de Occidente y el RegioTram del Norte hacen parte de una visión mucho más amplia: una red férrea regional integrada, proyectos como el RegioTram Sur, ampliaciones de TransMilenio, cables aéreos, infraestructura para bicicletas y un Plan de Movilidad Sostenible y Segura con 65 proyectos hacia 2039. La discusión, entonces, no es únicamente cómo nos vamos a mover, sino qué tipo de región queremos construir.
Una Cundinamarca donde vivir en Facatativá, Madrid, Mosquera, Funza, Zipaquirá, Chía o cualquier otro municipio no signifique estar lejos de las oportunidades. Una región donde desplazarse no sea perder el día, sino recuperar tiempo para vivirlo.
Como gerente de la Lotería de Cundinamarca, una empresa que lleva más de dos siglos haciendo parte de la historia de este territorio, sé que las grandes transformaciones no ocurren de un día para otro. Se construyen cuando una región es capaz de mirar hacia adelante y trabajar por un propósito común.
Porque, al final, el verdadero destino del tren no es Bogotá: es acercar a las personas a las oportunidades y contribuir al bienestar y al progreso de toda la región.
Maribel Córdoba Guerrero, gerente general de la Lotería de Cundinamarca
