OPINIÓN

Luz Adriana Buitrago Sánchez

Falcao, más allá del goleador: el líder

A propósito de la culminación del Mundial de Fútbol, Falcao me recordó la humildad de mantener la postura, ya no como líder en la cancha, sino por sus habilidades blandas como el respeto y la cordura ante el caos, esas que también son esenciales en el talento humano al interior de las organizaciones.
27 de julio de 2026 a las 8:44 p. m.

A propósito de la culminación del Mundial de Fútbol, el cual nos dejó múltiples enseñanzas, traigo a consideración el debut de Radamel Falcao, esta vez, desde el otro lado de la escena deportiva: comentarista.

Hay que decir que hubo una evidente preparación previa y muy completa por parte del exfutbolista, lo que le permitió nutrir su actuación en el ámbito periodístico con esa experiencia propia de una exigente disciplina deportiva que implica táctica, práctica y exigencia mental, características que no quedaron por fuera del nuevo reto asumido por uno de los mayores goleadores de la historia del fútbol colombiano.

Liderar, el reto de formar a los mejores

Y más allá de hablar del nuevo rol asumido por Radamel, verlo en esta dinámica me recordó esa teoría que anuncia que los líderes que realmente dejan huella, son recordados no por su posición o cargo, sino por sus atributos personales. En este mundial, Radamel, no dejó por un segundo de ser el mismo ser humano respetuoso, apasionado, sensible y preparado. No hablo de un rol como jugador o comentarista deportivo de alto nivel, habla de un personaje que, por su autenticidad, logra mantener vivo ese sentir de ejemplo e inspiración.

Liderar, el reto de formar a los mejores

Sus comentarios siempre estuvieron llenos de un tono propositivo, profesional, trayendo los mejores momentos con análisis técnicos y profesionales de un experto en la materia, siempre aterrizados al lenguaje cotidiano con esa sencillez que lo caracteriza, sin una sola gota de insultos o señalamientos fuera del tecnicismo propio de un deporte que nos hizo vibrar.

Incluso, Falcao aterrizó a muchos desde la sensatez, dando una mirada realista frente a los cambios que deben hacerse en el fútbol colombiano para mejorar el futuro de las generaciones que siguen su legado, esos sentimientos que afloran de un verdadero líder que busca y sueña con que los suyos crezcan.

Y mi analogía nace de la necesidad de recordarnos que cuando se llega a ciertos cargos, jamás debemos olvidar de dónde han surgido nuestras fuentes de conocimiento, nuestras raíces y de cómo nunca se llega solo, se llega en equipo. Falcao me recordó la humildad de mantener la postura, quizá ya no como líder en la cancha, pero sí como una persona que será fácilmente recordada, reitero, no por el cargo que ocupe, sino por esa esencia que termina siendo un acierto en las organizaciones que eligen talento humano, no siempre por conocimiento netamente, sino por habilidades blandas que no todos logran desarrollar, las cuales incluyen el respeto y la cordura ante el caos, ese que va desde una crisis financiera, o la duda de un gol anulado.

Termino diciendo que el liderazgo no siempre está en los libros o teorías, casi siempre se encuentra en el día a día, en los contextos sociales, en las circunstancias humanas y situacionales que nos permiten ver más allá de quiénes somos y cómo actuamos. Aplaudo a Falcao que nos enseñó que el verdadero liderazgo es también el que se delega, el que se cuestiona para mejorar, al que se renuncia para impulsar pero también al que nos reta al aprendizaje continuo, porque no vimos a un exjugador, vimos a un comentarista que terminó liderando entrevistas, no sólo porque vivió el fútbol en la cancha sino porque supo cómo generar relacionamiento, prepararse con profesionalismo, adaptarse a la nueva escena, ser consciente de su nueva posición y sobre todo, manteniendo viva esa responsabilidad de entregar su mejor versión.