No sé exactamente en qué momento está usted mientras lee esto.
No sé si todo está en calma o si, por el contrario, está atravesando algo que no sabe cómo nombrar.
Pero sí sé algo: todos, en algún punto, descubrimos que la vida no siempre funciona como esperábamos.
Durante mucho tiempo creí que lo difícil se resolvía.
Que el dolor pasaba.
Que, con el tiempo, todo encontraba su lugar.
Hoy no pienso igual.
Hay cosas que no se resuelven.
Hay pérdidas que no se acomodan.
Hay historias que no tienen un final claro, ni justo, ni perfecto.
Y, aun así, la vida sigue.
El verdadero desafío no es superar lo que duele…
es aprender a vivir con lo que no cambia.
Eso no se aprende en los libros ni en los discursos.
Se aprende en la vida misma: en los días en los que no se puede parar, en los momentos en los que hay que seguir incluso sin fuerzas, en esa sensación de tener que sostenerlo todo —una familia, un propósito, una responsabilidad— mientras por dentro, algo también se está moviendo.
Ahí entendí algo que me transformó: la vida no se arregla… se aprende a sostener.
Sostener no es resignarse.
No es aceptar lo inaceptable.
Es decidir que lo que duele no va a tener la última palabra.
Es construir una forma de vivir en la que lo difícil tiene un lugar, pero no lo ocupa todo.
Es encontrar una estructura interna que le permita a uno seguir, incluso cuando no entiende cómo.
Durante años hablé de resiliencia como una fuerza que aparece en los momentos difíciles.
Hoy sé que no es así.
La resiliencia se construye.
Y, sobre todo, se acumula.
Se forma en cada experiencia vivida, en cada momento en el que usted pensó que no podía más… y, aun así, siguió. Por eso, cuando la vida vuelve a golpear, no empieza desde cero: responde desde todo lo que ya ha vivido.
Esa es la resiliencia acumulada.
Y es una de las formas más profundas de fortaleza que tenemos.
Muchas personas me han preguntado cómo se sigue cuando hay responsabilidades que no se pueden pausar.
La respuesta no es perfecta.
Se sigue… como se puede.
Se sigue… un día a la vez.
Se sigue… incluso cuando no hay claridad.
Y en ese seguir, silencioso e imperfecto, se construye algo muy poderoso: no una vida perfecta, sino una vida verdadera.
Por eso escribí mi nuevo libro: Felicidad imperfecta.
No lo escribí desde la teoría, sino desde la vida.
No promete respuestas fáciles, pero sí ofrece algo distinto: una forma de entender su vida cuando no se puede arreglar.
Si algo de esto le resuena, este libro es para usted.
Felicidad imperfecta ya está disponible.
María Carolina Hoyos Turbay, presidenta de la Fundación Solidaridad por Colombia.
