Detrás de casi toda mujer que hoy lidera, hay otra mujer que le tendió la mano antes. Una jefa que confió en ella cuando nadie más lo hacía. Una colega que la recomendó para ese cargo. Una amiga que le repitió, en el momento exacto, que sí era capaz. Sin embargo, ese apoyo casi nunca sale en una hoja de vida ni en un organigrama, pero es, muchas veces, la verdadera razón detrás de un ascenso, un emprendimiento o una decisión valiente.
Durante años se instaló la idea de que las mujeres compiten entre sí, que no se apoyan, que el éxito de una resta el espacio de otra. La evidencia dice exactamente lo contrario: cuando las mujeres construyen redes y relaciones de mentoría, no solo avanzan más rápido, sino que arrastran a otras con ellas.
Lo que cambia cuando una mujer tiene una mentora
Los datos respaldan lo que muchas mujeres ya intuían por experiencia propia. Un estudio de Women in Tech encontró que las mujeres con una mentora tienen 63 por ciento más probabilidades de llegar a un puesto de liderazgo que quienes no cuentan con ese respaldo. Otras investigaciones sitúan ese aumento en 40 por ciento más de probabilidades de asumir roles directivos.
Y el beneficio no es solo para quien recibe la mentoría. Según Harvard Business Review, el 84 por ciento de las personas mentorizadas asegura que esa relación fue determinante para avanzar en su carrera; y entre quienes ejercen como mentoras, el 72 por ciento afirma haber fortalecido sus propias habilidades de liderazgo en el proceso. La mentoría, entonces, no es un favor que una mujer le hace a otra: es una inversión que multiplica su retorno en ambas direcciones.
Por qué una red de mujeres cambia el juego
Una mentora no solo enseña, abre puertas. Le presenta a las personas correctas, la incluye en conversaciones a las que antes no tenía acceso y le muestra, con hechos, que ciertos techos sí se pueden romper. Eso es especialmente valioso para combatir algo que viven muchas mujeres altamente capaces: el síndrome del impostor, esa voz interna que las hace dudar de si merecen estar donde están.
Cuando una mujer forma parte de una red de apoyo o mentoría, gana:
- Confianza real, basada en la experiencia de otras que ya recorrieron ese camino.
- Acceso a oportunidades y conexiones que rara vez llegan sola.
- Estrategias concretas para negociar, liderar equipos y sostenerse en momentos difíciles.
Un liderazgo que se construye en comunidad, no en soledad
Durante mucho tiempo el liderazgo se enseñó como una carrera individual: la más disciplinada, la más preparada, la que “se lo ganó sola”. Pero las mujeres que hoy transforman industrias enteras cuentan otra historia. Hablan de la jefa que las impulsó, del grupo de colegas que las sostuvo en el peor momento, del círculo de mujeres donde por fin pudo hablar sin máscaras.
Por eso iniciativas como “Mujer es Poder” de Yanbal insisten tanto en las redes de apoyo entre mujeres como uno de sus pilares centrales: porque el liderazgo femenino, cuando es real, casi nunca es en solitario. Es colectivo, se transmite y se multiplica.
La próxima mujer que lidera empieza contigo
Quizás no lo notes en el día a día, pero cada vez que una mujer decide guiar a otra —con un consejo, una recomendación o simplemente con su ejemplo— está construyendo algo mucho más grande que una relación personal. Está construyendo la red que va a sostener a la siguiente generación de líderes.
Así que la pregunta no es si tienes una mentora. La pregunta es: ¿a quién estás ayudando tú a subir? Porque el liderazgo femenino no se mide solo por qué tan alto llegas, sino por cuántas mujeres logran llegar contigo.
Carolina Rojas, Directora Elite Diamante de Yanbal
