OPINIÓN

Catalina Gómez Toro

¿Por qué Colombia necesita más mujeres en la alta dirección?

Actividades de cuidado y el trabajo doméstico disminuyen las posibilidades de muchas mujeres para ascender en su carrera profesional. Catalina Gómez Toro hace un análisis sobre este contexto.
14 de octubre de 2026 a las 4:40 p. m.

Si Colombia cuenta con mujeres preparadas, con experiencia y con el criterio necesario para liderar, surge una pregunta inevitable: ¿Por qué su presencia en los máximos espacios de decisión empresarial sigue siendo limitada? La respuesta tiene implicaciones para la competitividad, la productividad y el desarrollo económico del país. Cuando una sociedad no aprovecha el talento disponible, limita su capacidad de crecimiento y restringe las oportunidades de innovación y generación de valor.

En este contexto cobra relevancia el dividendo prosocial: el beneficio que obtienen las organizaciones y la sociedad cuando los espacios de liderazgo incorporan una mayor diversidad de experiencias, perspectivas y capacidades.

Investigaciones provenientes de la economía del comportamiento, la psicología organizacional y los estudios de liderazgo han mostrado que la diversidad en los procesos de decisión puede contribuir a una mejor gobernanza y a una visión más amplia de los desafíos organizacionales.

Sin embargo, la participación femenina disminuye a medida que aumenta el nivel de decisión, algo aún más evidente en las grandes compañías. La Superintendencia de Sociedades ha mostrado que, a medida que aumenta el tamaño de las empresas y el nivel de decisión, disminuye la participación de las mujeres.

En las organizaciones en las que se concentran los mayores activos y decisiones económicas del país, ellas ocupan apenas una cuarta parte de los asientos en juntas directivas. ¿Qué explica esta brecha? Un aspecto importante de la respuesta está fuera de las organizaciones. Investigaciones del Banco de la República han identificado el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado como un factor determinante en las diferencias de participación laboral entre hombres y mujeres. Las cifras del Dane muestran que dedican más del doble de tiempo diario que ellos a estas actividades.

Esta realidad limita oportunidades de formación, movilidad profesional y acceso a posiciones de liderazgo. La discusión trasciende la equidad. El Banco Mundial ha señalado que la participación de las mujeres en el mercado laboral constituye un factor relevante para el desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza. De hecho, estima que una proporción significativa de la reducción de la pobreza extrema en América Latina durante las últimas décadas estuvo asociada al incremento de los ingresos laborales femeninos.

Avanzar hacia una mayor participación en los espacios de decisión no es únicamente una aspiración de justicia social. También representa una oportunidad para fortalecer la productividad, mejorar la competitividad y aprovechar plenamente el talento disponible. Ese es, precisamente, el dividendo prosocial: organizaciones más sólidas, economías más dinámicas y sociedades con mayores oportunidades como resultado de decisiones que incorporan mejor la diversidad del talento humano. Colombia no tiene un déficit de talento femenino.

Lo que persiste es una brecha entre ese talento disponible y las oportunidades efectivas para llegar a los espacios donde se toman decisiones. Reducir esa distancia no es solo una apuesta por la equidad; es una estrategia de desarrollo económico que el país no puede darse el lujo de desaprovechar.

Catalina Gómez Toro, gerente del Instituto para el Desarrollo de Antioquia

*Contenido en alianza