Desde el pasado viernes 13 de junio, Israel lanzó ataques masivos sobre territorio iraní, apuntando a instalaciones nucleares, centros de producción de misiles y altos mandos militares y científicos del régimen iraní.
Esta ofensiva incluyó el uso de más de 60 aviones de combate y unas 120 bombas guiadas de precisión para destruir, entre otros, la planta de centrifugadoras de Natanz, el reactor de agua pesada de Arak, lanzaderas de misiles y baterías antiaéreas.
También, fuentes oficiales israelíes informaron de la implicación de la inteligencia y apoyo aéreo encubierto para neutralizar lanzadores móviles antes del ataque.

En represalia, Irán inició la operación Promesa Verdadera III, lanzando más de 150 misiles balísticos y cien drones hacia Israel, alcanzando zonas como Beersheba, donde el hospital Soroka resultó dañado e hirió a decenas de personas; Haifa, Tel Aviv, Jerusalén y áreas residenciales en el centro del país.
En los últimos dos días, el intercambio se intensificó: sirenas antiaéreas sonaron en Haifa, el centro, sur del país, y también en áreas de instalaciones militares en Irán, con bajas civiles y heridos en ambos bandos. Todo, mientras Donald Trump lanza un ultimátum de dos semanas a Irán antes de que su país entre de lleno en el conflicto del lado israelí.

Esto fue lo que pasó durante la jornada del sábado, 21 de junio, con la guerra que persiste entre Israel e Irán.




