El cambio climático amenaza con generar importantes cambios para la humanidad, sobre todo porque amenaza con desaparecerla si el mundo sigue en este camino.
Una de las consecuencias más graves, si las potencias del mundo no logran un acuerdo fundamental para contrarrestar los efectos del cambio climático, es que miles de ciudades en todo el mundo desaparecerán al quedar cubiertas por agua, sobre todo las zonas costeras.
Por eso se dio a conocer un increíble proyecto firmado entre la ciudad surcoreana de Busan y ONU-HABITAT, el programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos centrado en la sostenibilidad ecológica, además del apoyo de la compañía privada Oceanix.
El acuerdo tiene que ver con una decisión histórica y es crear el primer prototipo del mundo de una ciudad flotante autosuficiente.
La idea de esta urbe, que podría albergar a 10.000 personas, no es nueva y fue revelada en una mesa redonda de la ONU en abril de 2019 junto con las mencionadas entidades, el Instituto de Tecnología de Massachussetts (MIT, por sus siglas en inglés) y The Explorers Club.

Las “ciudades costeras están al frente de los riesgos relacionados con el clima. Las inundaciones están destruyendo miles de millones de dólares en infraestructura y obligando a millones de refugiados climáticos a abandonar sus hogares”, según la ONU.
El organismo mundial también planteó que “la ciudad flotante se concibe como una infraestructura a prueba de inundaciones que se eleva con el mar y produce su propia comida, energía y agua dulce con sistemas de circuito cerrado de cero residuos totalmente integrados”.
Por su parte, el alcalde de Bosa, Park Heong-joon, aseguró que “con los complejos cambios que enfrentan las ciudades costeras, necesitamos una nueva visión donde sea posible que las personas, la naturaleza y la tecnología coexistan. No hay mejor lugar que Busan para dar el primer paso hacia asentamientos humanos sostenibles en el océano, construido con orgullo por Corea para el mundo”.
Así las cosas, la nueva ciudad consistirá de plataformas flotantes de dos hectáreas con una capacidad para 300 personas que serían de uso mixto y servirían tanto para vivir, como para trabajar.
Según el proyecto, todas las estructuras construidas no podrán elevarse por encima de siete pisos para mantener un centro de gravedad bajo y poder resistir al viento, mientras que los tejados contarán con paneles solares para satisfacer las necesidades energéticas.

Las plataformas se conectarán entre sí para formar clústeres alrededor de un muelle central protegido. Así, los poblados de 12 hectáreas en forma de hexágono podrán albergar a hasta 1.650 residentes, mientras que seis villas de este tipo ya podrán formar toda una ciudad de 10.000 habitantes. Todas las comunidades priorizarán los materiales de origen local para la construcción de edificios, como el bambú que crece rápido y es muy resistente.

“Evitar la catástrofe”
Tras el acuerdo alcanzado ‘in extremis’ por casi 200 países el sábado en Glasgow, el mundo debe actuar lo más rápidamente posible para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y alejarse de un calentamiento global “catastrófico”, advierten científicos y políticos.

Luego de dos semanas de largas negociaciones, casi la totalidad de naciones del planeta acordaron un compromiso para acelerar la lucha contra el alza de las temperaturas.
Pero, aunque cada décima de grado centígrado suplementaria tiene importantes consecuencias, las decisiones de este “Pacto de Glasgow” no desembocarán a un calentamiento limitado a 1,5°C con respecto a la era preindustrial, el objetivo más ambicioso del acuerdo de París, que en 2015 echó las bases para la acción climática.
“La catástrofe climática sigue golpeando a nuestras puertas”, advirtió el secretario general de la ONU, Antonio Guterres. “Hemos mantenido +1,5°C a nuestro alcance (...) pero el pulso es débil”, declaró por su parte el presidente de la COP26, el británico Alok Sharma.
“Las emisiones mundiales deben disminuir, de forma inmediata, rápidamente, con total urgencia”, puesto que continúan aumentando, imploró a su vez Joeri Rogelj, del Imperial College de Londres.
*Con información de AFP
