SEMANA: ¿Cómo ve este proceso hacia la democracia en Venezuela? ¿Está bien encaminado o hay intentos de consolidar el poder desde el oficialismo?
Leopoldo López: El hecho de que Nicolás Maduro haya sido capturado y presentado ante la Justicia es una victoria enorme en lo político, en lo moral y en el terreno de la justicia. También lo es para lo que debe construirse: la transición a la democracia.
Sin embargo, no estamos aún donde aspiramos. La meta es la libertad, y esta solo se alcanza con democracia, y la democracia solo es posible con elecciones. Ese sigue siendo el camino para un país que lleva más de dos décadas luchando por lo mismo.
SEMANA: ¿Qué pasos importantes se han dado?
L.L.: Hoy hay una transición económica en marcha, impulsada en gran parte por Estados Unidos, especialmente en el sector energético. Se han dado pasos como la flexibilización de sanciones, el acercamiento al Fondo Monetario Internacional y la aprobación de algunas leyes.
Pero, en mi opinión, esas reformas son incompletas. Tanto la ley de amnistía como la de hidrocarburos tienen problemas similares: mantienen altos niveles de discrecionalidad y opacidad por parte del Estado. En el caso de la amnistía, todavía hay cerca de 500 presos que no han sido liberados. En hidrocarburos, persisten dudas sobre cómo se asignan contratos y se fijan regalías e impuestos.

Es evidente que hay una transición económica, pero ahora entramos en una fase distinta. Ya se ha dado por superada la etapa de estabilización y estamos en la fase de transición. Eso implica que lo prioritario es organizar elecciones. Para ello se necesita un nuevo Consejo Nacional Electoral. El actual no tiene legitimidad tras su papel en el fraude del 28 de julio de 2024. Ese proceso de renovación debe comenzar de inmediato.
Además, hay que garantizar condiciones reales de participación: ampliar el registro electoral, donde faltan millones de jóvenes, y permitir el voto de los venezolanos en el exterior, que son entre 5 y 7 millones. En definitiva, hay que poner en marcha un proceso que conduzca a elecciones libres y transparentes, que permitan cerrar esta transición hacia la democracia.

SEMANA: ¿Qué balance hace de estos 100 días de Delcy Rodríguez en el poder?
L.L.: Es evidente que hoy Delcy Rodríguez actúa bajo un cierto tutelaje de Estados Unidos y que hay una transición económica en marcha. Sin embargo, en lo político no veo avances hacia una transición democrática. Las decisiones recientes no apuntan en esa dirección. La designación del fiscal y de la defensora del Pueblo responde a las mismas prácticas del pasado.
En el caso del fiscal, terminó siendo cercano al entorno de Jorge y Delcy Rodríguez; con la defensora ocurrió algo similar. Allí se perdió una oportunidad. Además, la ley de amnistía no ha significado una verdadera apertura: los centros de detención siguen operando y hay denuncias graves sobre muertes recientes en cárceles, lo que refleja una situación crítica.
SEMANA: ¿No representa esto un cambio significativo frente al Gobierno anterior?
L.L.: Hay una purga dentro del madurismo, pero eso no equivale a una transición democrática ni a mejores prácticas. La estructura represiva sigue intacta y tiene tres pilares. El primero es el legal: continúan vigentes leyes que criminalizan la acción cívica.
El segundo es el institucional: jueces y fiscales siguen siendo los mismos, más allá del cambio en la cabeza del Ministerio Público. Y el tercero es el aparato represivo: sigue bajo el control de Diosdado Cabello como ministro del Interior, incluyendo organismos como el Sebin.

SEMANA: En ese contexto, ¿cuándo podrían verse avances concretos hacia unas elecciones?
L.L.: Deberían darse muy pronto. Es lo más urgente y debe ser una prioridad tanto dentro como fuera de Venezuela. También es estratégico para Estados Unidos, que necesita una Venezuela estable, próspera y alineada en términos económicos, energéticos y de seguridad.
Hoy el país está lejos de eso, y solo se puede avanzar con un gobierno democrático. La fase de estabilización ya terminó. Ahora deben avanzar en paralelo la recuperación económica y la transición política, y eso pasa necesariamente por la convocatoria de elecciones libres.
SEMANA: ¿Existe el riesgo de que el oficialismo intente mantenerse en el poder?
L.L.: Es lo que han hecho y lo que van a intentar hacer. El arquitecto de los fraudes electorales ha sido Jorge Rodríguez. Por eso, el reto es lograr una elección verdaderamente transparente, con observación internacional, algo que no hemos tenido en los últimos procesos.
Aun así, en 2024 la oposición logró imponerse en condiciones muy adversas: sin observación, con opacidad y con un sistema controlado. En un escenario de elecciones abiertas y supervisadas, el resultado sería aún más claro.

SEMANA: Con un eventual regreso a la democracia, pero con el aparato represivo aún vigente, ¿cómo enfrentarlo?
L.L.: El desmonte del aparato represivo debe ser una prioridad inmediata. No se puede esperar a después de unas elecciones. Hay tres pilares que deben abordarse: el legal, el institucional, como jueces y fiscales, y el operativo, que incluye los cuerpos de seguridad. Ese proceso debe comenzar ya y ser una prioridad tanto dentro de Venezuela como a nivel internacional.
SEMANA: ¿Cree que Estados Unidos puede cumplir un papel en la defensa de la democracia venezolana?
L.L.: Estoy convencido de que sí. Es lo que ha reiterado el secretario de Estado, Marco Rubio.
SEMANA: ¿Cómo evalúa la posición del presidente Gustavo Petro frente a Venezuela?
L.L.: No sorprende. Ya hubo una oportunidad para que países como Colombia, Brasil y México jugaran un papel más activo tras el fraude electoral, y no lo hicieron. Hoy vemos una continuidad de esa postura, que no prioriza la defensa de una voluntad democrática, que ya se expresó hace menos de dos años. Venezuela no está aspirando a la democracia, ya la ha exigido de forma clara.

SEMANA: ¿Qué impacto tiene esa posición en el proceso venezolano?
L.L.: Cada vez menos. Creo que hoy la posición de Petro tiene poca incidencia sobre lo que pueda ocurrir en Venezuela.
SEMANA: ¿Cómo ha sido la labor internacional de María Corina Machado y su posible regreso?
L.L.: Ha sido clave para posicionar la ruta hacia elecciones y la transición democrática. Ha sostenido reuniones con distintos líderes y ha dejado claro el compromiso con ese camino.
SEMANA: ¿Y qué pasará con Edmundo González en un eventual proceso electoral?
L.L.: Actualmente, está en el exilio forzado, al igual que María Corina. Pero, sin duda, con la intención de regresar a Venezuela.

SEMANA: ¿Qué opinión le merece la postura de Gobiernos como México o España, que han mantenido cierta ambigüedad frente al régimen venezolano?
L.L.: Creo que los hechos han demostrado que esa política no ha sido acertada. Durante años apostaron por el entendimiento con la dictadura, y hoy hay mayor claridad sobre la naturaleza del régimen. Estoy convencido de que, incluso dentro de esos Gobiernos, se reconoce que lo ocurrido recientemente, como la captura de Nicolás Maduro, marcó un punto de inflexión.
Esa realidad ya era conocida, pero no se había asumido públicamente. Lo que esperamos los venezolanos es que acompañen una salida democrática, que permitan que sea el pueblo quien decida su futuro. En lugar de buscar mecanismos que prolonguen la estabilidad del régimen, deberían respaldar una transición a través de elecciones libres.
SEMANA: Finalmente, ¿cuál es su mensaje para los venezolanos en este momento?
L.L.: Hoy estamos mucho más cerca de lo que estábamos hace unos meses. Vamos a lograr una Venezuela democrática y libre. Hay un liderazgo comprometido, como María Corina Machado, Edmundo González y otros sectores democráticos, y un país que no ha perdido la esperanza tras décadas de lucha.
Ahora viene una etapa clave: la reconstrucción. Será un proceso que requerirá del talento, las ideas y el compromiso de millones de venezolanos, tanto de quienes se quedaron como de quienes regresarán.
