SEMANA: ¿Cómo ve la situación en Venezuela tras la salida de Nicolás Maduro?
Óscar Doval: Tras la salida de Maduro, hubo un viraje político que arrastra implicaciones económicas muy relevantes. El cambio político es claro. El mensaje de la presidenta interina también ha sido público: una alineación binacional con Estados Unidos y una apertura económica con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los venezolanos.
A esto se suman señales desde Estados Unidos que apuntan a fomentar la inversión, especialmente en el sector energético. Esto responde, en parte, a la coyuntura geopolítica actual. El conflicto entre Irán e Israel ha tenido consecuencias en el estrecho de Ormuz, lo que compromete el tránsito de crudo desde Oriente Medio hacia Estados Unidos. En ese contexto, Venezuela podría convertirse en una fuente más cercana y confiable de provisión energética. Así lo ha señalado el presidente Donald Trump.


SEMANA: ¿Qué significa esto para Venezuela hoy y qué podría implicar para Colombia en el futuro?
O.D.: Para Venezuela, abre la posibilidad de una mejora económica. Desde 2017, con las sanciones de Estados Unidos, una economía ya golpeada terminó por contraerse de forma drástica, con caídas acumuladas de hasta 70 por ciento del PIB en los años más críticos, lo que impactó directamente el poder adquisitivo, el consumo y la sostenibilidad económica.
Hoy, con la reapertura al mercado internacional y una relación más fluida con Estados Unidos, se proyecta una recuperación de las finanzas públicas y de la calidad de vida. Ya hay señales: están regresando multinacionales, especialmente del sector energético, y también inversionistas europeos y latinoamericanos empiezan a mirar oportunidades en un mercado históricamente atractivo.

SEMANA: En lo político y social, ¿qué Venezuela ve hoy frente a la que vivió en 2018, cuando salió de Banesco tras la intervención del banco?
O.D.: Hoy veo una Venezuela mucho más segura. En 2018, como muchos empresarios, fui afectado por la intervención de la banca, en un contexto muy complejo que tuvo consecuencias legales difíciles e incluso implicó un breve periodo de detención. Algunos decidieron irse; yo opté por quedarme, apostando por una Venezuela futura.
Hoy percibo el inicio de una etapa distinta, con posibilidades de reinserción global en lo económico, lo social y lo cultural, y de integración nuevamente con la región. Venezuela siempre ha sido un país conectado con su entorno, especialmente con la región andina, por cercanía geográfica y complementariedad económica. Históricamente ha sido un gran productor de commodities, con una especialización clara en energía, aunque no en bienes de consumo final.

Esa complementariedad con otros países ha sido clave. Veo a Venezuela retomando ese lugar, integrándose nuevamente con países andinos y con Brasil, y con posibilidades de crecimiento en lo económico, lo social y lo cultural. También hay un componente humano importante.
Colombia y Venezuela han tenido una relación estrecha, no solo comercial, sino migratoria. En el pasado, Colombia envió migrantes a Venezuela; en los últimos años ocurrió lo contrario. Ese intercambio forma parte de una relación histórica que ahora empieza a recomponerse.
SEMANA: Desde el punto de vista legal, ¿qué ha cambiado en Venezuela tras esta transición?
O.D.: Se han aprobado tres cambios clave. Primero, una reforma de la ley de hidrocarburos que ahora favorece al inversionista privado y permite arbitraje internacional, lo que da mayores garantías jurídicas. Segundo, se eliminó la ley de precios justos y se avanzó hacia un esquema más flexible, con acuerdos entre sector público y privado. Y tercero, una ley de agilización de trámites, que reduce la burocracia y facilita la creación de empresas y permisos.

Estas medidas se complementan con una revisión del marco legal para atraer inversión extranjera. En el plano internacional, Estados Unidos ha flexibilizado sanciones a través de licencias de la Ofac, que permiten inversiones en petróleo y gas y la entrada de empresas al país.
Además, recientemente se habilitaron transacciones con el Banco Central y otros bancos públicos, lo que facilita la reconexión de Venezuela con el sistema financiero global. En conjunto, son avances que apuntan a la reintegración de Venezuela en la economía internacional tras años de aislamiento.
SEMANA: Muchos empresarios están interesados en invertir en Venezuela, pero persiste la duda sobre la seguridad jurídica. ¿Existe hoy esa garantía?
O.D.: La confianza no se construye de un día para otro. Venezuela viene de años de inseguridad jurídica y expropiaciones que afectaron gravemente al sector privado. Dicho eso, hoy hay un cambio. El gobierno de transición está promoviendo garantías para la empresa privada, con reformas legales y mecanismos como el arbitraje internacional, que permiten resolver conflictos fuera del país.
¿Es más seguro invertir? Sí, en comparación con el pasado reciente. Hay mayor apertura y herramientas de protección para el inversionista. Sin embargo, los riesgos no desaparecen: el marco aún depende de licencias y condiciones externas, y la confianza se sigue construyendo con el tiempo.

SEMANA: En sectores clave como petróleo, energía o alimentos, ¿cuáles son los riesgos y las oportunidades?
O.D.: El sector energético es, sin duda, el principal motor. Venezuela pasó de producir 3,5 millones de barriles diarios a cerca de 1,1 millones hoy, pero tiene capacidad para recuperarse con inversión. No solo hay oportunidades para grandes petroleras, sino también para empresas de servicios, donde los retornos pueden ser altos.
Más allá del petróleo, hay otros sectores con potencial. El fintech, por ejemplo, es un mercado poco desarrollado, pero con alta bancarización y uso de pagos digitales. También hay oportunidades en importación de bienes de capital y consumo, especialmente desde países como Colombia. Telecomunicaciones es otro frente clave: hay rezago tecnológico, baja cobertura 5G y mala calidad de servicio, lo que abre espacio para inversión en infraestructura.
En salud, el colapso del sistema asegurador deja oportunidades en modelos como medicina prepagada. En general, Venezuela es una economía que se redujo, pero también perdió capacidad industrial y tecnológica. Eso implica riesgos, pero, sobre todo, un amplio margen para reconstrucción e inversión en múltiples sectores.

SEMANA: Para las empresas que quieran mantenerse, expandirse o regresar a Venezuela, ¿cuáles son las condiciones reales? ¿Existe una oportunidad concreta?
O.D.: Venezuela sigue siendo un mercado con potencial de consumo, pero hoy existe un vacío importante tras la salida de multinacionales. Eso abre una ventana para empresas latinoamericanas, especialmente colombianas, que pueden entrar antes de que regresen los grandes jugadores.
Hoy ese espacio lo han ocupado importaciones, muchas desde Asia, pero hay margen para que empresas de la región se posicionen con mejores estándares y cercanía.
Las oportunidades están en múltiples sectores: financiero, agroindustrial, energético y tecnológico. Históricamente, además, Venezuela fue uno de los principales socios comerciales de Colombia, especialmente en exportaciones industriales, y ese vínculo puede recuperarse. En este momento hay mayor apertura y señales más claras, lo que convierte al país en un destino atractivo tanto para invertir como para colocar bienes y servicios.

SEMANA: ¿Cuál es su mensaje para los venezolanos que ven este momento de transición?
O.D.: Son momentos interesantes. Para los venezolanos, es una oportunidad de ver al país no solo como un lugar de origen, sino como un destino de regreso. Y para los latinoamericanos, en particular los colombianos, es momento de ver a Venezuela como un mercado para colocar productos, pero también como un destino de inversión en distintos sectores.
Vienen tiempos positivos. La economía está profundamente ligada a la política, y los cambios actuales apuntan hacia una apertura y una reinserción en la economía global. Son momentos para volver, para confiar y para participar en la reconstrucción del país.
No se trata de una imposición externa, sino de una circunstancia interna que llevó a distintos sectores, como el oficialismo, la oposición, el sector privado y el sector público, a sentarse y construir una Venezuela posible. Hoy se percibe esa voluntad conjunta de reconstrucción en todos los ámbitos: político, social y económico.
