En plena guerra con Estados Unidos e Israel, el régimen iraní ejecutó este jueves al luchadort Saleh Mohammadi, de 19 años, medallista internacional, junto a otros dos hombres condenados por su presunta participación en las protestas antigubernamentales de enero. Los tres fueron ahorcados en la ciudad de Qom tras ser declarados culpables de asesinato por la agencia Mizan, vinculada al poder judicial iraní. Son las primeras ejecuciones relacionadas con las protestas de enero.
Mohammadi había obtenido una medalla de bronce en la Copa Saitiev de 2024, celebrada en Krasnoyarsk, compitiendo con la selección iraní de lucha libre. Existía una preocupación particular por su destino entre organizaciones internacionales, a las cuales, según Amnistía Internacional, se les negó una defensa adecuada y se les obligó a hacer confesiones en un proceso acelerado que no se asemejaba en nada a un juicio justo.

El 3 de febrero, el Tribunal Penal de Qom lo condenó a muerte por ahorcamiento. El joven, que compareció con un abogado de oficio, alegó contar con una coartada: sostuvo que cuando se produjeron los hechos se encontraba en casa de su tío.

El tribunal desestimó sus alegaciones y lo condenó basándose en su confesión y en testimonios de supuestos testigos presenciales. Entrenadores y compañeros de selección sostienen que Mohammadi no portaba arma alguna y que su rostro no aparece en las cámaras de vigilancia del lugar.
Las autoridades iraníes acusaron a los tres ejecutados de haber atacado con armas blancas a dos agentes de seguridad en dos puntos de la ciudad de Qom el 8 de enero, causándoles la muerte, y afirmaron que confesaron los hechos durante el proceso judicial. La ONG Iran Human Rights, con sede en Noruega, declaró que los tres habían sido condenados a muerte tras un juicio injusto basado en confesiones obtenidas bajo tortura, y que se les negó el acceso efectivo a un abogado independiente.

La ejecución desató una ola de condena internacional. El Departamento de Estado de Estados Unidos denunció que el régimen iraní “está masacrando a jóvenes y destruyendo el futuro del país” e instó a detener las ejecuciones de quienes ejercen derechos fundamentales.

Voces del ámbito deportivo criticaron la pasividad del Comité Olímpico Internacional y de la Federación Internacional de Lucha, a los que reclamaron medidas más contundentes en lugar de una diplomacia discreta que calificaron de ineficaz.

El exluchador Sardar Pashaei advirtió en sus redes sociales que en menos de diez días más de 30 deportistas han muerto por disparos en Irán, entre ellos menores, campeones nacionales y entrenadores, mientras otros permanecen desaparecidos o encarcelados.
