La afirmación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al describir de forma burlona la capacidad defensiva de Groenlandia, al asegurar que “su defensa son dos trineos tirados por perros”, desató una ola de críticas diplomáticas y reabrió el debate sobre la estrategia de Washington en el Ártico.
La frase, pronunciada el pasado 11 de enero durante una conversación con periodistas a bordo del Air Force One, pasó a simbolizar una postura que analistas y aliados interpretan como una combinación de provocación geopolítica y falta de comprensión estratégica.

Groenlandia no tiene capacidad para defenderse ante las amenazas de grandes potencias
Trump utilizó esa imagen al insistir en que Estados Unidos debe “tener” o “tomar” Groenlandia porque, en su visión, la isla no posee capacidades serias para defenderse ante posibles amenazas de potencias como Rusia o China.
“Si no lo hacemos nosotros, lo harán ellos”, dijo, pintando un escenario de competencia global en el Ártico que no está respaldado por evidencias claras de intereses militares directos de esos países en la isla.
Esta idea forma parte de un renovado impulso de la Casa Blanca por adquirir el control de Groenlandia, algo que Trump ha planteado repetidamente en semanas recientes, pero que hasta ahora no ha ofrecido detalles concretos sobre cómo se materializaría ese proceso.
A diferencia de reflexiones pasadas sobre arrendamientos o acuerdos temporales, esta vez Trump insistió en que el objetivo es una adquisición permanente del territorio, a pesar de que Groenlandia es parte del Reino de Dinamarca y miembro de la OTAN, con obligaciones de defensa colectiva que la organización recoge.
La caricatura de la defensa de Groenlandia no solo impactó el tono de la discusión, sino también la reacción internacional.
🇺🇸🇬🇱 | Trump afirma que la fuerza militar de Dinamarca para defender Groenlandia consiste en "dos trineos tirados por perros".
— Alerta News 24 (@AlertaNews24) January 13, 2026
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La respuesta de Europa y la OTAN ante las burlas de Trump
Líderes del Gobierno danés y groenlandés han rechazado con firmeza las insinuaciones de Trump, recordando que la isla no está en venta y debe ser respetada en su soberanía y autodeterminación, un principio consagrado tanto en acuerdos constitucionales como en el derecho internacional.
En Bruselas, la respuesta fue igualmente dura: el Comisionado Europeo para Defensa y Espacio advirtió que un intento de Estados Unidos de tomar militarmente Groenlandia podría significar el fin de la OTAN, el pacto de seguridad que ha sustentado 80 años de cooperación transatlántica.
Esa advertencia no solo subraya la gravedad de la retórica empleada, sino que también refleja el temor de que un conflicto sobre Groenlandia pueda erosionar alianzas fundamentales de la posguerra.
Mientras tanto, la OTAN ha señalado que trabaja con Dinamarca y Groenlandia para reforzar la seguridad en el Ártico, en un intento por aminorar las tensiones generadas por las declaraciones de Washington. El Secretario General de la Alianza ha enfatizado que la defensa de Groenlandia “pertenece de forma inequívoca” al marco de cooperación colectiva que históricamente ha protegido a los países miembros.
Los analistas militares han sido unánimes en señalar que la idea de que Groenlandia no tenga defensa más allá de un puñado de trineos es no solo imprecisa sino simplista.

La isla, aunque remota, forma parte de una cadena estratégica de sistemas de vigilancia y defensa que incluye presencia de fuerzas estadounidenses y aliados, acuerdos bilaterales, y unidades especializadas como la patrulla de trineos del ejército danés, cuya función es operar precisamente en condiciones extremas donde los medios convencionales son ineficaces.
Lo que para Trump fue una frase coloquial con fines estratégicos y políticos, ha puesto en evidencia la fragilidad de las alianzas tradicionales y las tensiones en un mundo que redefine sus prioridades de seguridad en el Ártico.
Más alá de lo irónico de la frase, el episodio dejó en evidencia la creciente tensión ente Estados Unidos y sus aliados europeos por el control estratégico del Ártico, un territorio clave en la competencia global que hoy vuelve al centro del debate diplomático y militar.










