SEMANA: ¿Por qué renunció a la presidencia de la junta directiva de Ecopetrol?
MÓNICA DE GREIFF: Había renunciado inicialmente en mayo de 2025 porque entendí que había ciertos temas que se estaban volviendo incómodos. Cuando uno siente que sobra, pues se va. Sin embargo, fue absolutamente generoso que los miembros de la junta directiva me pidieran quedarme, que discutiéramos, que hiciéramos las cosas. Y decidí hacerlo. Además, no quería afectar la Ley de Cuotas en la junta. No tenía interés en hacerle daño a Ecopetrol. Lo hice con gusto. Es un honor haber estado en la junta de la empresa más importante del país. No es un hecho menor. Pero en esta oportunidad comprendí que ya había renunciado. Sabía que había ciertas posiciones mías que le molestaban al ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, y me imagino que, en ese sentido, al presidente Gustavo Petro.
SEMANA: ¿Como cuáles?
M.G.: Cuando dije que no podíamos comprar gas a Venezuela, que era imposible para Ecopetrol saltarse una serie de requisitos que existían frente a las sanciones de Estados Unidos a cualquiera que hiciera negocios con el país vecino. Lo expresé tajante y públicamente. Sabía que era el momento de irme. Era necesario tomar la decisión. No tengo sino palabras de agradecimiento.

SEMANA: Cuando dice que sobraba, ¿a qué se refiere?
M.G.: Más que sobrar, sentí que llegué a un momento en el que no podía aportar más. Cumplí mi rol, mi papel; no podía navegar contra la corriente. Hice lo que pude con el mayor respeto y afecto por los otros miembros de junta, pero es un peso muy grande. Como era presidenta de la junta directiva, todos los viernes en la noche me llegaban anónimos: “Que este contrato está mal”, “que esta inversión está mal”. La junta no está llamada a hacer investigaciones permanentes. Mandaba todo para investigaciones, pero la verdad estaba como sobrecogida con estos temas difíciles. Sé que al ministro Edwin Palma le molestaban mis posiciones tan fuertes frente a Venezuela y dije ya. Además, no estoy interesada en pelear. Entré a Ecopetrol conociendo la política, no me la contaron en la mitad del camino.
SEMANA: ¿El ministro Palma qué le decía por sus posiciones sobre Venezuela?
M.G.: Nada. Nunca hablé con él, pero sabía que eso molestaba. Ejemplo: cuando él daba declaraciones, decía: “Ya vamos a traer gas de Venezuela” y yo afirmaba: “No lo podemos traer”.
SEMANA: ¿Gustavo Petro la llamó alguna vez a reclamarle?
M.G.: Jamás. No hablo con el presidente Petro, creo, desde hace tres o cuatro años.

SEMANA: ¿Y qué papel desempeñaba el presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa? Usted no estaba de acuerdo en traer gas desde Venezuela, pero Petro y el ministro Palma sí.
M.G.: Eran temas que se discutieron en las juntas directivas. No me los imaginé. Se habló con asesores nacionales e internacionales. Ay, no, pero ya; llegó el momento y adiós, me fui. Tengo una cuestión que estoy rompiendo con SEMANA: nunca hablo de un cargo anterior. ¿Cuándo me han oído hablar de la Empresa de Energía de Bogotá o la Cámara de Comercio de Bogotá? Nunca.
SEMANA: ¿Tampoco le gustó la propuesta de Petro de comprar Monómeros?
M.G.: No es que me guste o no. Es que no se podía. Había razones legales que se habían estudiado seriamente. Las normas con las sanciones que había eran que no se podía negociar con Venezuela. Hoy el interlocutor cambió. De golpe, el Gobierno puede ir mañana y Donald Trump dice: “Traigan el gas de Venezuela”. Magnífico. No tengo problema. Hablo de las normas que había en el momento en que nos tocó y decían que Ecopetrol no podía negociar nada con el Gobierno de Venezuela porque estaba sujeto a las sanciones que le había impuesto Estados Unidos. No tengo ni idea de si Monómeros era bueno o malo. No se podía negociar. Eran las reglas del juego.

SEMANA: ¿Cómo fue su relación con Ricardo Roa? Era una de sus aliadas.
M.G.: Lo conozco desde hace mucho tiempo. Trabajé con él en la Empresa de Energía de Bogotá; era el presidente de TGI. Voy a decir lo que me tocó vivir: es superrespetuoso, muy buen técnico, estudioso. Mi relación está basada en una parte técnica grande. Nunca le vi segundas intenciones. Confío en la gente –espero no pecar de ingenua–, pero yo vi cómo afrontaba los problemas, los riesgos; es una persona que contaba las cosas y la junta lo escuchaba y lo entendía.
SEMANA: Petro buscó hacer un enroque y llevar a Edwin Palma a Ecopetrol y a Roa al MinMinas. ¿Estuvo de acuerdo?
M.G.: Nunca supe de eso. Nadie me pidió la opinión.
SEMANA: ¿Hubiera votado por Edwin Palma como presidente de Ecopetrol?
M.G.: Me gusta hablar sobre hechos concretos. Edwin Palma fue un excelente miembro de junta.

SEMANA: ¿Cómo se vivió internamente la investigación del Consejo Nacional Electoral contra Ricardo Roa?
M.G.: Soy abogada, creo en la presunción de inocencia y todo el mundo tiene derecho a un debido proceso. Hasta ahí uno puede defender los temas. El CNE investigó una presunta financiación irregular de una campaña. No es un asunto de corrupción interna de Ecopetrol.
SEMANA: El CNE sancionó a Roa. ¿Cree que debe dar un paso al costado?
M.G.: Estamos al final del Gobierno. No creo que vaya a dar un paso al costado. Además, la decisión tiene recursos. Con la misma teoría que se ha manejado todo de la presunción de inocencia y el debido proceso, hasta que no se surtan los trámites, no sucederá.

SEMANA: ¿Recomendó a Roa renunciar a presidir Ecopetrol ante sus escándalos?
M.G.: Un día sí le dije que, si necesitaba tiempo para poder explicar, mirar un poco en retrospectiva qué había pasado, organizar sus cosas y la defensa, si requería un tiempo y quería pedir una licencia, lo solicitara. Siempre respondió que tenía organizadas sus cosas, que se estaba defendiendo por los caminos institucionales y que si ocurría algo, nos contaría.
SEMANA: ¿Cómo enfrentó el escándalo por el millonario contrato entre Ecopetrol y Covington & Burling, cuyo monto fue incrementado sin autorización de la junta directiva?
M.G.: Es un caso complejo. Los abogados internacionales dijeron que se debía hacer un estudio para actualizar los riesgos que tenía Ecopetrol. En ese estudio se dieron unos lineamientos: era un estudio y nos serviría para actualizar el mapa de riesgo. Yo no estaba en el comité de auditoría, pero ahí lo que se dijo fue que se hiciera el estudio. Después, de forma bastante extraña, se cambió de un estudio de 800.000 dólares a una investigación de 5 millones de dólares. Lo hicieron un 31 de diciembre a las 4:00 p. m., y dijeron que la junta directiva lo había aprobado. Eso no había pasado por junta. Empezaron a decir que nos habían enviado una carta; yo recibía miles de cartas, pero esa propuesta no fue a la junta formalmente; no hubo una solicitud formal de aprobación, no hablaron de cambiar el objeto del contrato. Se vivió con sorpresa. Me puse muy brava. Muy brava. Cuando me contaron que les habían quitado el computador a 70 personas y les habían copiado la información, pregunté cuál había sido la orden judicial. No me gustó nada. Dije que no me parecía.

SEMANA: ¿Y quién cambió el objeto del contrato?
M.G.: Eso está en investigación por parte de Fiscalía, Contraloría y Procuraduría. La junta no contrata. Nosotros recomendamos que hubiera un estudio. De ahí a saber quién lo hace y si el vicepresidente tenía las facultades; sí las tenía por monto, por cuantía. Pero, ¿eso era lo que quería la junta? No. Me parece importante que se tengan salvaguardas para que esto no vuelva a pasar.
SEMANA: ¿Y qué dijo Ricardo Roa?
M.G.: Es que él era el investigado. A él fue a quien le quitaron el teléfono, el computador y a 70 funcionarios más. Estaba totalmente sorprendido.

SEMANA: ¿Por qué no iba a las reuniones que Petro convocaba en la Casa de Nariño?
M.G.: Muchas veces coincidió en que no estaba en el país. Después fui y el presidente se demoró mucho, y yo tenía otros temas y me fui. Pero cuando iba a ir, me dijeron que ya no me recibían. En la última reunión (convocada por el presidente Petro) iba a ir. Estaba llegando a la Casa de Nariño cuando me enviaron un mensaje. Me informaron que ya no era bienvenida, que no era necesario que fuera. Listo. Adiós, gracias. ¿Por qué? No tengo ni idea.
SEMANA: ¿Cómo ve a los nuevos miembros de junta? Entraron Carolina Arias, Juan Gonzalo Castaño y César Loza, de izquierda.
M.G.: Al único que conozco personalmente es a César Loza. Conozco su preocupación por el negocio tradicional de Ecopetrol. Es muy complejo para él, ni siquiera lo quiero poner en términos de un nombre, pero cuando uno ha luchado toda la vida y es miembro de un sindicato que defiende un negocio específico como los hidrocarburos y le dicen que le van a cambiar el objeto social a su empresa, tiene que sentir cierta preocupación. A las otras dos personas no las conozco, pero sé que Juan Gonzalo Castaño hizo un estudio sobre el Permian y considera que no debe ser un negocio de Ecopetrol. Personalmente, estoy en total desacuerdo, pero ya no estoy en la junta directiva.

SEMANA: ¿Cree que la junta directiva de Ecopetrol hoy es muy de izquierda?
M.G.: Gustavo Petro está poniendo en la junta la gente que él cree que le sirve para cumplir los fines que anunció en su campaña.
SEMANA: ¿Petro quiere acabar con Ecopetrol?
M.G.: Más que acabar con Ecopetrol, creo que el presidente no quiere a Ecopetrol; son dos cosas distintas. Le gusta porque, ¿a qué presidente no le interesa una empresa que le dé 154 billones de pesos en tres años? Pero no le gusta que esos dineros sean del negocio de hidrocarburos. Eso, creo, no le gusta para nada. ¿Cómo lo reemplaza? Le puedo decir, con conocimiento de causa profunda, que no son las energías renovables. Hay que decir que a Ecopetrol lo afectaron unos fenómenos externos: el precio del dólar, el precio del barril de petróleo, el costo de levantamiento, el costo de la operación, porque ya es secundaria y no primaria. Y lo ha afectado la cantidad de impuestos nuevos que les están poniendo a las exportaciones, entre otras cosas. En todas las emergencias económicas está metido el petróleo. No es que no le guste Ecopetrol. No le gusta lo que hace Ecopetrol.
SEMANA: ¿Está de acuerdo con que Ecopetrol salga del campo Permian, en Estados Unidos, como quiere Petro?
M.G.: No, ¡por favor! De ninguna manera. Usted reemplaza un negocio bueno si tiene uno mejor, y que yo conozca, no hay uno mejor. ¿Por qué va a salir de lo bueno? ¿En qué va a invertir esa plata? Eso vale 4 billones de dólares, más o menos.
SEMANA: ¿Ecopetrol ha sido bien manejada en la administración Petro?
M.G.: Hablaré de lo que conozco, lo que creo y lo que hemos discutido internamente. La junta directiva no se mete en la administración. Lo que vi es que Ecopetrol es una empresa muy fuerte, tiene procesos y procedimientos internos muy detallados que se están cumpliendo. Ricardo Roa, como lo mencioné, es un técnico. Siento y creo que la compañía, en lo posible, fue bien administrada.
SEMANA: ¿Hoy se podría traer gas desde Venezuela?
M.G.: Hoy está sujeto a las normas de sanciones, pero el interlocutor no es el Gobierno de Nicolás Maduro, sino el de Estados Unidos. Si da un waiver, se podría importar gas. ¿Cuál es el mejor gas para los colombianos? El nuestro, primero, y el más barato disponible. Sonaba lógico que el gas de Venezuela, aparentemente, podría ser barato, pero ¿Venezuela estaba dispuesta a vendernos un gas barato cuando hubiera podido venderlo al precio internacional? ¿Cómo se transportará? Y, ¿a qué precio llegará finalmente?
SEMANA: ¿Colombia debería insistir en la compra de Monómeros?
M.G.: ¿Qué es Monómeros? ¿Qué tiene Monómeros como para uno comprar los activos o su producción? Para comprarlo hay que hacer un análisis empresarial muy serio. ¿Le conviene a Ecopetrol tener una empresa de fertilizantes? Y, ¿en qué condiciones?, ¿qué está produciendo la empresa? Que yo sepa, no es mucho.
SEMANA: Si tuviera que evaluar al Gobierno Petro, ¿qué puntaje le daría?
M.G.: Hay cosas buenas, malas y muy malas. En paz total le doy uno; en reforma agraria, le subo a cuatro; en corrupción, cero. No creo que el presidente sea corrupto, para nada, pero creo que a su alrededor pasan cosas que le han sido difíciles de controlar.









