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'Kike del alma', el hijo al que esperaron 19 años y Romaña confirmó muerto

Por: Paula Doria

Esta es la conmovedora historia de Amalia Márquez, una mujer que durante casi dos décadas envió mensajes en la radio a su hijo Enrique Márquez, secuestrado por las Farc en 1999. En una entrevista con Caracol Radio la semana pasada, el ex jefe guerrillero confirmó su deceso.


Amalia Márquez estaba en su casa tratando de ayudar a levantar a su esposo Ismael porque estaba enfermo. A eso de las 8 de la mañana sonó el teléfono. Era el periodista Gustavo Gómez. “Me duele el alma, me parte el corazón tener que decirle que su hijo Kike está muerto”, le dijo. La mujer de 82 años sintió un dolor indescriptible pero también alivio: “Al menos ya no me preguntaré cómo está, si aguanta mucha hambre, a dónde se lo habrán llevado, ya no está sufriendo, está con Dios y está mejor que nosotros”. Enrique Márquez ya había soportado 19 años en cautiverio. Su familia no sabía nada desde entonces hasta que el pasado 21 de febrero Henry Castellanos, alías Romaña, dijo en el programa de Caracol que el joven había muerto.

Cuatro días antes, Amalia y su esposo le enviaron el último mensaje a su hijo por Voces del Secuestro, un programa radial que hace pocos días dio su última emisión: “Kike kike del alma, ten valor, no pierdas la esperanza, sigue adelante que nuestro Dios no nos desampara”. La familia Márquez le había enviado ánimos a su hijo menor, quien fue secuestrado por el frente 51 de las Farc. La voz de doña Amalia se escuchó durante todos estos años en La Luciérnaga, Noche de la Libertad, Antena Dos y Todelar: “Era una forma de mantenerlo vivo. Tenía la certeza de que nuestros mensajes le daban fuerza y le hacían entender que nunca lo olvidamos”. Ellos recurrieron a los medios también para que su hijo no se convirtiera en un número más y que su nombre dejara de existir. En 1999 hubo 3.354 secuestros, de los cuales 1.020 fueron cometidos por las Farc, según las cifras del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Escuche la entrevista de Romaña a Caracol Radio. "“El señor está muerto porque los muchachos que estaban en esa parte del país lo mataron", dijo el ex cabecilla de las Farc. 

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Amalia recibió a SEMANA en su casa. Estaba vestida de negro de pies a cabeza. Sus pupilas cafés tienen un borde verdoso y parece que en algunos momentos se vuelven un manantial. Movía sus manos con manchitas cafés para explicar cualquier asunto y su cabello plateado parecía inmóvil. Conversó con tranquilidad y la templanza que le han dejado tantos años de dolor. Ella recuerda con precisión, fechas, horas, instantes, frases. Y pide que le hablen un poco fuerte con un dulce “me repites, mi amor. No escucho muy bien”.

Su casa tiene varias figuras de porcelana. Vírgenes, ángeles, perros diminutos y damas y caballeros  que ella misma ha elaborado. Allí, su nieta de 12 años, su hijo Fernando y su nuera la visitan cada tanto. “Dios me ha compensado con el amor de ellos para que pudiera resistir la tristeza del secuestro de mi hijo menor”, dijo.

Sin embargo, la tragedia por supuesto cambió la vida a ella y a su familia. “Han sido 19 años y 10 días de incertidumbre y de dolor. Se terminaron las fiestas de navidad y de cumpleaños y nunca más volvimos a salir de Bogotá, por si nuestro hijo llegaba”, relató Amalia. Don Ismael renunció a todos sus trabajos como asesor y abogado para dedicarse a buscar a su hijo. El dolor también le provocó quebrantos de salud.

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Enrique Márquez Díaz era abogado economista becado de la Universidad Externado de Colombia. Fue director del Departamento de Cooperativas y secretario privado del ministro de Justicia, Roberto Salazar Manrique. Finalmente, se desempeñó también como secretario general en la cooperativa Conalcrédito. Su madre lo describe como un hombre cariñoso y generoso, quien tenía una carrera promisoria.

El 11 de febrero de 1999, Enrique se dirigía a su trabajo, en la carrera 12 entre calle 19 y 20. Eran las 6: 00 de la mañana; le gustaba llegar temprano. Antes de entrar al garaje lo amenazaron con armas y se lo llevaron para siempre. Minutos más tarde, cuando llegó el gerente de la cooperativa, Édison Hernández Quintero, unos testigos impotentes le dijeron lo que había sucedido. Este llamó de inmediato a la familia Márquez y les contó todo.

A las 8:20 de la mañana de ese día Enrique pudo hacer una llamada a su casa: “papá tuve una reunión inesperada… Entonces me demoro”. Don Ismael ya sabía que lo habían secuestrado y comprendió que su hijo le estaba hablando en clave. A las 9:00 de esa noche volvió a llamar y contestó su madre. A ella le dijo “gatica, me secuestró el frente 51 de las Farc pero no se preocupen que no es con ustedes ni conmigo. Me están tratando bien… Las Farc quieren es hablar con el gerente para que les dé unas explicaciones”. Esa fue la última vez que Amalia escuchó la voz de su hijo.

Esta guerrilla, a través de testaferros, había invertido dineros en varios negocios y cooperativas. Según le explicaron a doña Amalia, Conálcredito era una de esas y querían recuperar la plata que habían invertido en 1995. La Cruz Roja se ofreció a llevar al gerente para que se reuniera con los comandantes de las Farc  y lograr la liberación de Enrique. Pero Hernández no accedió. Quizá por temor a que en la operación fuera asesinado o secuestrado sin que se lograra la libertad del joven. Ese mismo año esa cooperativa fue liquidada. Las Farc nunca pidieron un peso por Enrique. Su valor era la reunión que nunca se logró.

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Enrique Márquez, secuestrado por las Farc a sus 29 años. Foto: Cortesía Amalia Márquez. 

El 5 de marzo de ese mismo año el comandante del frente Miller Perdomo llamó a la familia Márquez. Eran las 11:30  de la mañana y contestó don Ismael. Perdomo le dijo que el muchacho estaba aburrido pero bien. 8 días más tarde el guerrillero fue dado de baja. El 4 de agosto de ese terrible año llamó el mismo Romaña y le dijo a doña Amalia que fuera a recoger el cuerpo de su hijo a Acacías, Meta.

—Acacías es muy grande, dígame un sitio específico.

—¡Agh!, ahí le paso al que lo cuida.

En realidad en ese momento Enrique Márquez todavía estaba vivo. Pero Romaña le había dicho eso a su familia para que el gerente se asustara. Una de las personas que ayudó a doña Amalia a saber algunas cosas de su hijo fue Jaime Garzón, quien en algunas ocasiones entrevistó a comandantes de las Farc y les preguntó por Enrique. Garzón le dijo el 12 de agosto a la familia Márquez que su hijo estaba bien y que no fueran a pagar una recompensa porque su secuestro no era extorsivo y por esos días había muchos aprovechados. Un día después Jaime Garzón fue asesinado y hoy todavía su muerte es un misterio.

Después, Amalia tuvo noticias de su hijo a través de los secuestrados que fueron liberados en los años siguientes. “Él está vivo”, “está bien”, “está escribiendo un libro”, le decían. Una de las que les dio esperanza fue Carolina Cruz, esposa del exalcalde de Villavicencio Hernando Martínez Aguilera, quien fue secuestrada por la guerrilla. Cuando quedó en libertad en 2000 se comunicó con doña Amalia para decirle que su hijo vivía.

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Para Amalia el acuerdo de paz que el gobierno firmó con las Farc fue muy débil. “Les dieron todo lo que pidieron y las víctimas quedamos de lado”, dice. Ella y don Ismael habían llegado hasta el comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, e incluso hasta el presidente Juan Manuel Santos para tener noticias de su hijo. “¿Cómo es que ninguno de ellos podía pedir razón por Kike Kike del alma? ¿Hasta dónde tenía que llegar?... Y luego el señor presidente dijo que no habían secuestrados… les creyeron más a ellos que a nosotros. Y todavía hay muchas familias que tienen a alguien secuestrado y no saben qué pasó”.

Lo único que espera Amalia ahora es poder encontrarse con Romaña para reclamar el cuerpo de su hijo y que le cuente con detalle qué pasó.  “No tengo odios. Sé que ese sentimiento solo me hace daño a mí y Kike no era de esos rencores. Solo quiero darle santa sepultura a mi hijo y en cuanto a la reparación… la justicia divina es lo único que existe”.