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| 2/10/2018 10:15:00 PM

El perdón a las Farc que divide al Club el Nogal

A 15 años del ataque, un grupo de de víctimas se ha venido reuniendo con varios excombatientes desmovilizados. Otras, en cambio, han rechazado que los miembros del antiguo grupo subversivo visiten el lugar. Emergen las heridas invisibles.

Club el Nogal: aniversario del atentado de las Farc El perdón a las Farc que divide al Club el Nogal

Pocas similitudes guarda Colombia con el país de hace 15 años. Basta examinar la metamorfosis que sufrió la violencia para darse cuenta de los cambios. Las AUC se desmovilizaron, las Farc dejaron las armas y el ELN intenta salir del laberinto en el que cayó tras sus últimos actos terroristas. Arranca otra etapa histórica en la que los autores de las acciones más sangrientas se sentarán a contar qué, por qué y quién estuvo detrás del horror que sembraron. Una verdad que desde 2003 reclaman las víctimas de la bomba en el Club El Nogal, que no han encontrado respuestas.

Como ocurre cada año desde el ataque en el corazón del norte de Bogotá, un ensamble de 68 artistas les rindió tributo a las víctimas. La bomba que detonaron las Farc en el club, que dejó 36 muertos y 200 heridos, se convirtió en uno de los símbolos más oscuros del conflicto armado. Las imágenes de padres que buscaban desesperadamente a sus hijos terminaron siendo una antesala del desangre que se derramó en la primera década del siglo XXI.

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Al aterrizar en la vida civil, las Farc dieron el primer paso para marcar un punto de inflexión en esa historia, pero mucha agua tendrá que correr aún para que merezcan la confianza de los colombianos. No solo el rechazo que despiertan sus correrías políticas, sino también su poca imagen favorable –que según la encuesta de Invamer es de un 4,9 por ciento– hablan de las culpas que cargan encima. Esa dificultad empezó a quedar a la vista, entre otras cosas, cuando las directivas del club le negaron a Pablo Catatumbo el ingreso. Aunque explicaron que lo hicieron por una estricta política de la empresa con todo aquel que tenga líos judiciales, el portazo terminó por simbolizar lo que se veía venir.

El exministro Fernando Londoño dio el segundo paso en marzo pasado, cuando en su editorial del programa La hora de la verdad aseguró que la junta directiva de El Nogal no aceptará el acuerdo de perdón. Aunque a la fecha no se conoce ningún pronunciamiento oficial sobre al tema y el exministro no hace parte de ella, lo cierto es que varias víctimas directas del ataque vieron la noticia con otros ojos. Así, quedó sembrada la idea de que en el club hay una puja por el perdón y la reconciliación que divide profundamente a los socios.

Para hablar de paz en El Nogal hay que considerar los extremos del espectro político. Mientras una línea dura en general no está de acuerdo con nada que tenga que ver con temas de negociación con las Farc, otra tiene una actitud más flexible, una tercera es ajena a la discusión, y están quienes trabajan en un acuerdo de siete puntos que las víctimas firmaron autónomamente con la exguerrilla y que vienen ejecutando, de manera paralela al que se conquistó en La Habana. De hecho, este sábado se llevó a cabo un acto de verdad, perdón, reconciliación y reparación con otro grupo de víctimas.

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Desencuentros

Una gran distancia separa el duelo de los sobrevivientes de El Nogal y otras víctimas. No hay una vocería oficial que abarque todo el abanico de afectados. El club ha sido un escenario clave de discusión de temas trascendentales para el país, pero como organización no asumió el papel como uno de los afectados por el conflicto. Limitó su involucramiento a la gestión que lidera la Fundación El Nogal con los sobrevivientes y sus familias.

“En el club no nos han tenido en cuenta durante las conmemoraciones; somos las víctimas y el evento, un homenaje a nosotros”, cuenta un socio consultado por SEMANA. El tema en estos años ha recibido un manejo difícil. Mientras unos exigen un acompañamiento más cercano, otros no quieren que se les toque el tema. Por eso, además del aniversario cada 7 de febrero y las gestiones de la fundación, las directivas optaron por mantenerse al margen. “No somos voceros de las víctimas ni las representamos. Cada quien perdona a su modo, con libertad de elegir qué papel quiere asumir”, explica Sandra Neira, presidenta de la fundación.

El club refleja lo que pasa en Colombia. Y es que a las diferencias ideológicas se suma el debate por la reparación económica que a juicio de algunas víctimas tendría que asumir el Estado, pero también el club. Mientras un puñado de víctimas advierte que no han recibido algún auxilio de El Nogal, otras afirman que sí. A“varias personas les han ofrecido soporte psicológico y estudiantil”, detalla Martha Morocho, una de las socias. Es el caso de Jean Carlo Martínez, hijo del vigilante que hacía guardia esa noche, y de Gladys Martínez, empleada del lugar.

Según la fundación, ellos financian el estudio de 40 jóvenes y han entregado subsidios de vivienda a varios empleados. Sin embargo, esa atención no ha tenido eco en varios socios afectados –según contaron- que reclaman un acompañamiento en sus procesos de reparación. “En una oportunidad en el antiguo Teatro Olimpia vimos una muestra fotográfica sobre cómo quedó el club tras el ataque. Gestionamos un espacio dentro del club para replicar la exposición, pero nunca nos lo otorgaron. Es difícil que nos abran espacios allá para las reuniones de víctimas”, cuenta una de las afectadas.

Pese a las diferencias internas que gravitan en El Nogal, la mayor discusión se centra alrededor de la verdad. Ese es el punto de encuentro de las partes que, a su modo, coinciden en la necesidad de que se sepa qué pasó, por qué y cómo se planeó todo. Que no se limite la información a solo identificar a los responsables.

Intimidad

Cuando Victoria Sandino soltó el micrófono, se acercó a Bertha Lucía Fríes y sin mediar palabra se fundió con ella en un abrazo. Era el primer apretón después de dos encuentros y largas charlas. Una es candidata de las Farc al Senado y la otra una líder de víctimas de El Nogal. La escena ocurrió el pasado 16 de diciembre en la Universidad del Valle, y no resulta raro dado el puente que han construido las partes en busca de la verdad en los últimos años.

Con todo el hermetismo y sigilo del caso, un grupo de víctimas del club se ha venido reuniendo con varios excombatientes, encabezados por Carlos Antonio Lozada. Varias razones tienen para mantener los detalles en silencio: 1) Apenas representan una muestra del universo afectado. 2) Le temen a las represalias. 3) Se sienten intimidados por la dura línea que han mostrado algunos de los socios pese a que el presidente de la Comisión de la Verdad, Francisco de Roux, facilitó los encuentros.

“Ver cómo se escurrían en sus sillas, mientras cada uno de nosotros contaba el infierno que vivió, es una imagen que no se nos borrará fácilmente”, cuenta una de las asistentes. Aunque no quieren revelar el número de personas involucradas en los talleres de más de 15 horas, hay pasos importantes. El año pasado, por primera vez en la historia, las Farc reconocieron su responsabilidad en el ataque terrorista y se han reunido con varias víctimas para pedirles perdón. “Yo nunca me había quebrado hablando del tema como me ocurrió cuando narré lo que me pasó. Me hizo descargar todo lo que sentía”, agrega otro socio. Aunque los empleados también han participado, aún se sienten incómodos al revelar sus nombres.

Para el abogado Pedro Medellín, miembro de la junta directiva, “está muy bien que reconozcan sus responsabilidades, eso es parte de las obligaciones que tienen. No solo es reconocer, sino también decir la verdad, decir por qué escogieron El Nogal. Asumir la responsabilidad y estar dispuestos a pagar ante la Justicia esa falta de honor militar en que incurrieron al atacar a población indefensa”.

Aunque el DAS descartó la hipótesis de que el exjefe paramilitar Salvatore Mancuso estuviera en las instalaciones, las víctimas aún no están convencidas con la explicación. De hecho, recuerdan que por la época se recogieron firmas para pedir que no se siguiera negociando con el grupo armado en el club. También reclaman más claridad sobre el hecho de que el profesor de squash, que terminó judicializado por el ataque, Fredy Arellán, tuviera una acción del club.

Ante el Tribunal Administrativo de Cundinamarca hay cuatro procesos con los que se busca condenar al Estado por no garantizar la seguridad de quienes estaban en El Nogal. Una decisión que también ha venido alimentando “el poco cuidado” que a su juicio les prestan. Por lo pronto, la conmemoración este año estuvo marcada por el rechazo del alto tribunal a llamar –como ellos lo habían solicitado– a rendir versión a las Farc. Así las cosas, las heridas invisibles que dejó el ataque tendrán que esperar a la Comisión de la Verdad y la Jurisdicción Especial para la Paz para empezar a cicatrizar.

EDICIÓN 1879

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