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El chat de la paz

El movimiento Defendamos la Paz, creado en febrero por líderes de diversas orillas políticas para defender la integridad del acuerdo, ha encontrado en WhatsApp una forma de comunicación poderosa y orientada a la acción política. Esta es la historia.


A comienzos del gobierno de Iván Duque, nadie tenía entre sus cuentas que el presidente se fuera a meter en la aventura de hacer objeciones a la JEP. De hecho, sus discursos y los del canciller Carlos Holmes Trujillo, recién posesionados, hacían pensar que el país había pasado la página de La Habana.

Sin embargo, en enero se supo que el presidente no había sancionado la ley estatutaria que regula la justicia transicional. Por presuntas complicaciones con una impresora, Ernesto Macías, presidente del Congreso, no la había mandado al Palacio de Nariño. Ante ese hecho comenzó a especularse que Iván Duque objetaría dicha norma, clave para definir el funcionamiento de la JEP, columna central del acuerdo de paz.

En ese momento, varios defensores del acuerdo hicieron una convocatoria para organizar el movimiento Defendamos la Paz. En un auditorio pequeño en el Centro García Márquez, de Bogotá, invitaron a una prueba de compromiso, pero también de convivencia. En primera fila del evento, liderado por el exministro Juan Fernando Cristo y por el senador Iván Cepeda, se sentaron Humberto de la Calle, Rodrigo Londoño, Antanas Mockus, Ángela María Robledo, los exministros Yesid Reyes y Guillermo Rivera, y académicos como Elizabeth Ungar. Allí se comprometieron a formar capítulos en otras ciudades, con el fin de defender la integridad del acuerdo. “Gracias por recoger las trizas de la paz”, dijo de forma dramática Timochenko para agradecer a los congresistas presentes en el evento.

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Pero a comienzos de marzo, cuando el presidente Duque efectivamente anunció que objetaría la ley, Defendamos la Paz decidió intensificar sus actuaciones. La necesidad de comunicación de personas con agendas tan complejas llevó a Cristo y a Cepeda a crear un grupo de WhatsApp que llevó el mismo nombre. Poco a poco se fueron sumando nuevos integrantes, entre los que se encuentran sindicalistas, congresistas de la Alianza Verde, el Polo, el Partido Liberal, Decentes, Cambio Radical y La U, profesores universitarios, investigadores y figuras de otras lides como la artista Doris Salcedo y el fotoperiodista Jesús Abad Colorado. Entre todos comenzaron a tejer, vía chat, una nueva dinámica de toma de decisiones.

De alguna manera, en el chat, que hoy tiene 186 participantes, se alinearon las fuerzas políticas del Sí. La instantaneidad que permite esta forma de comunicación se convirtió en mecanismo para la acción política. En su primera acción, enviaron una carta colectiva dirigida a Naciones Unidas para advertir de la inconveniencia de las objeciones. A los pocos días, el Consejo de Seguridad dio respuesta a la solicitud y le pidió al presidente Duque dar vía libre al funcionamiento de la JEP

Acto seguido, el grupo organizó la marcha en defensa de la JEP que tuvo lugar hace ya casi dos meses. A esta se sumaron sindicatos y actores sociales que van más allá de Defendamos la Paz. Pero al frente de la manifestación, que casi llena la plaza de Bolívar, iban los actores políticos que salieron a la calle. Mockus, Cepeda, Cristo, De la Calle, Rivera, Robledo, Cecilia López, Roy Barreras, Carlos Losada, Pablo Catatumbo, Antonio Sanguino y Claudia López abrieron paso con una pancarta que reivindica su grupo.

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En su siguiente acción, enviaron una carta al ELN, firmada por todas las fuerzas, para pedirle el cese unilateral al fuego antes de Semana Santa. Y el grupo guerrillero les respondió afirmativamente.

En una relación de horizontalidad, Aurelio Iragorri, exministro de Agricultura, encontró puntos de consenso con el senador Feliciano Valencia, líder de la minga indígena. Antagónicos de otras épocas, como varios generales retirados y congresistas de la Farc, llegaron a convenios. Varios miembros de la Iglesia aportaron al construir mensajes. De la Calle dio línea, y Cristo, Armando Benedetti y Juanita Goebertus buscaron nuevos apoyos.

El secreto para que los defensores de la paz convivan en el mismo chat es que no hablen de elecciones ni de sus preferencias políticas.

Sin embargo, en el trámite de las objeciones se sintió la verdadera potencia del grupo. De un momento a otro, este se volvió el lugar para hacer definiciones estratégicas de la votación contra ellas en la Cámara, pero sobre todo en el Senado. Incluso, personas que poco se referían abiertamente al tema de la paz, como el senador Jorge Enrique Robledo o el propio Mockus –más orientado a temas de convivencia– hicieron sus aportes.

Segundo a segundo, interlocutaron la academia, los representantes de ONG, los líderes sociales –como Francia Márquez– y los políticos. Planteaban pronósticos, hacían conteos de votos, celebraban las intervenciones, pero, sobre todo, definían estrategias concretas. En medio de las conversaciones, en el grupo descubrieron que Mockus estaba habilitado para votar como senador. Pero también fue el lugar virtual donde evidenciaron cuántos senadores de La U estaban firmes para rechazar las objeciones, discutieron normas jurídicas acerca del quorum y propusieron tácticas para sacar adelante el acuerdo político que impidió que el Senado aprobara las modificaciones a la ley. También acordaron que, ante la negativa de Ernesto Macías a que la plenaria del Senado decidiera la mayoría para aprobarlas o negarlas, resultaba mejor dejar el asunto en manos de la Corte Constitucional.

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Podría afirmarse que las objeciones del presidente lograron, de alguna manera, lo que no había sido posible en las épocas del plebiscito: alinear a las fuerzas políticas y sociales que defendieron el Sí en la misma dirección y en torno al mismo mensaje. Consiguieron esa alineación vía chat y generaron, de paso, un sentido de pertenencia entre diferentes actores alrededor de la paz. En otras palabras, visibilizaron que el acuerdo con las Farc tiene dolientes específicos que van más allá de las víctimas y los desmovilizados.

En términos ideológicos, la mayoría de los integrantes del grupo tienen una postura liberal, pero no todos se ubican en el mismo lugar del espectro político. Así, por ejemplo, el general retirado Rafael Colón, el representante de Cambio Radical José Daniel López, Aurelio Iragorri y Armando Benedetti, quienes definitivamente no son de izquierda, tienen un papel muy activo. “El grupo es una especie de ágora en la que se encuentran personas de todos los perfiles”, asegura uno de ellos.

Para garantizar la armonía y sostenibilidad del chat que soporta una plataforma, hay en él una regla que hasta ahora han respetado sin transgresiones: no hablan ni discuten de política. La consigna del grupo es concentrarse en torno a lo que los une, los acuerdos, y temas complementarios a ellos como la defensa de los líderes sociales. La semana pasada, por ejemplo, la discusión giró alrededor de este eje. Sobre todo después de que la lideresa Francia Márquez, reconocida por su trabajo en temas medioambientales, sufrió un atentado.

Las elecciones de octubre traerán una prueba de fuego para mantener las buenas relaciones entre los integrantes de Defendamos la Paz. Por lo pronto, como consecuencia del debate de las objeciones, queda consolidado un frente sólido de 187 líderes que quieren dedicar toda su energía a que el Gobierno aplique los acuerdos tal y como fueron firmados. 

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