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| 5/2/2020 9:43:00 AM

¿Por qué perseguían al periodista de The New York Times?

Esta es la razón por la que Nicholas Casey, corresponsal en Colombia de ese diario, fue el primero de los periodistas extranjeros en quedar en la mira de la inteligencia militar.

Espionaje del Ejército ¿Por qué perseguían al periodista del New York Times? Nick Casey, periodista de The New York Times.

Nicholas Casey llevaba varios años viviendo en Colombia como corresponsal del diario The New York Times. El 18 de mayo de 2019 publicó un reportaje en el que mostraba la existencia de unos formatos dentro del Ejército en el que se ordenaba a los generales proyectar una serie de variables, entre ellas cuántas bajas tendrían en sus unidades a lo largo del año. 

Esto dio lugar a una polémica pues se interpretaba como una práctica que podría terminar en el regreso de ejecuciones, conocidas como falsos positivos. La publicación de esa historia hizo que el comunicador estadounidense quedara en la mira de la inteligencia y la contrainteligencia militar, que elaboraron un dossier sobre Casey, como lo reveló SEMANA en la investigación las carpetas secretas.

Diez días después de esa publicación, que generó un escándalo en el país, el Gobierno nacional envió al entonces canciller Carlos Holmes Trujillo a Nueva York para reunirse con el consejo editorial del diario. Lo acompañaron el embajador de Colombia en Estados Unidos, Francisco Santos,y el embajador ante la ONU, Guillermo Fernández de Soto.

Mientras exponían sus argumentos ante los jefes de Casey, en Colombia los militares ya monitoreaban los pasos de ese periodista en el país en una carpeta donde tenían sus contactos, algunas fuentes y las personas con las que se relacionaba. Incluso, aparecen sus propios editores de Nueva York.

Siguiendo instrucciones de sus superiores, hombres del batallón de ciberinteligencia comenzaron a buscar cuanta información existiera del comunicador estadounidense. Con el título ‘trabajo especial n.° 1’, armaron un documento de más de 15 páginas que iban alimentando. En una de esas hojas aparecen los datos biográficos, correo, teléfonos en Colombia y su ubicación, entre otros. En otras páginas están también lo que rotularon como cuadros de contactos.

Se trata de una especie de organigrama en el que aparecen las fotos y una breve descripción de las personas con las cuales Casey tiene alguna relación laboral, personal y familiar. Allí están varios de sus amigos, jefes y colegas en Colombia y Estados Unidos. Así mismo, sacaron tiempo para anotar, incluso, quiénes lo seguían en sus redes sociales o le dan ´likes´ a sus publicaciones. En otro de los apartes, está Casey en el centro de una hoja y una serie de líneas que señalan a sus posibles fuentes.

Con esto, entre muchos otros datos, los analistas militares sacaron sus propias conclusiones. “Tiene acceso y contactos directos con las Gaor (grupos armados organizados residuales)…, tiene acceso a zonas de influencia de Farc, su enlace para ingresar es…”, dicen algunos de los comentarios que reposan en su carpeta.

“La orden de los mandos del Bacib, Caimi y Caci, fue que, por instrucciones de mi general, había que conseguir todo lo que se pudiera sobre el periodista gringo, especialmente porque consideraban que, por lo que publicó, estaba atacando a la institución y, en particular, a mi general Martínez. Había que averiguar con quién habló para eso y, además, conseguir elementos para tratar de desprestigiarlo a él y al medio. Eso se hizo con unos portales”, afirmó uno de los oficiales designados para esa labor.

“Rozo fue uno de los encargados de pagarle, entre otros, a un supuesto periodista muy conocido por tener procesos judiciales por golpear mujeres, para que publicara cosas falsas, amañadas, sacadas de esos perfiles”, contó a SEMANA el uniformado.

Los ataques contra Casey comenzaron incluso el mismo día que salió su artículo en The New York Times. Ese 18 de mayo la congresista del Centro Democrático María Fernando Cabal publicó en su cuenta de Twitter que el trabajo del periodista fue financiado por las Farc.

“Este es el ‘periodista’ Nicholas Casey, que en 2016 estuvo de gira con las Farc en la selva. ¿Cuánto le habrán pagado por este reportaje? ¿Y por el de ahora, contra el ejército de Colombia?”, decía uno de los trinos de Cabal en los que, además, publicó fotos del reportero.

Al igual que la senadora del Centro Democrático, el congresista Juan David Vélez, del mismo partido, no dudó en levantar el dedo en su cuenta de Twitter: “El periodista de @nytimes, como los fleteros y conducido por terroristas de la guerrilla Farc, apunta con la cámara y fusila con columnas llenas de calumnias. Existen los sicarios de la opinión”, trino que estuvo acompañado de una imagen del periodista tomando fotografías desde una moto conducida por un guerrillero. 

Lo que no decían los trinos de los parlamentarios era que dichas imágenes de Casey no eran ninguna revelación de un hecho subrepticio, sino que habían sido publicadas por el mismo diario neoyoquino con motivo de un artículo que en español se tituló: La historia detrás de nuestra visita a un campamento de las Farc en Colombia. El texto fue publicado por el diario el 23 de marzo de 2016.

Sin ninguna prueba, los congresistas del Centro Democrático señalaron en ese momento a Casey como un “protector” del terrorismo, como un difamador de la institucionalidad; además, aseguraron que The New York Times es poco menos que un pasquín y un “rey” de noticias falsas.

El artículo de Casey, sin embargo, no era una columna de opinión. Se trataba de un texto que pone en escena entrevistas con altos mandos militares y pruebas a las que tuvo acceso el diario. 

Ante los señalamientos, el diario respondió en ese momento a través de un comunicado, en cual dijo "que no toma partido en ningún conflicto político en ninguna parte del mundo. Informamos de manera precisa e imparcial. En Colombia hemos escrito historias muy duras sobre las Farc, los grupos rebeldes y otras organizaciones criminales. En este caso, simplemente, reportamos lo que dicen los documentos escritos por el ejército, así como información proveniente de los mismos oficiales colombianos”.

Un dato que resulta coincidencial es que dos días después de la publicación de la historia y los trinos de la senadora Cabal, la inteligencia y la contrainteligencia militar comenzaron la elaboración de la carpeta con todos los datos de Casey, labor que se prolongó durante varias semanas. 

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