Alias Menor, también conocido como Bendito Menor, de apenas 26 años, se convirtió en uno de los objetivos de alto valor más peligrosos y silenciosos para las Fuerzas Militares de Colombia por su papel decisivo en el narcotráfico del Caribe colombiano. Durante años creció en las sombras, sin levantar alertas, mientras acumulaba poder armado, rutas y dinero.
Actualmente, su estructura criminal opera con tal contundencia que es considerada una amenaza directa para la seguridad nacional. Su nombre real es Naín Andrés Pérez Toncel y está plenamente identificado por la inteligencia militar, que le sigue el rastro por su responsabilidad en homicidios, masacres, ataques armados y el control de corredores estratégicos del narcotráfico. De ser un sicario marginal pasó a convertirse en el máximo cabecilla del frente Javier Cáceres de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, una organización armada ilegal que ejerce dominio criminal en La Guajira, Magdalena y el Cesar, donde impone su ley a sangre y fuego.

Quienes lo conocen aseguran que no le tiene miedo a nada ni a nadie, al punto de haberse atrevido a amenazar públicamente al presidente de Colombia, Gustavo Petro, en redes sociales. Ya para 2021 comandaba estructuras urbanas armadas en varias poblaciones de La Guajira, consolidando su control territorial y sembrando el terror entre la población civil.

SEMANA conoció que todo se salió definitivamente de control cuando Naín asumió el dominio de las rutas del narcotráfico que conectan la Sierra Nevada con el Caribe y la frontera con Venezuela. Un oficial de inteligencia militar le explicó a esta revista cómo logró acumular tanto poder y por qué su presencia se volvió clave para esta estructura armada ilegal; incluso sus máximos jefes no saben cómo contenerlo ni cómo manejar su abierta insubordinación.

“Como el ELN mantiene una guerra directa contra la fuerza pública, empezaron a subcontratar a este grupo de alias Naín para sostener el control de las rutas del narcotráfico en esta zona del Caribe, con destinos hacia Venezuela, teniendo en cuenta que esto forma parte del mismo cartel de los soles. Pero no solo eso, también hacia Europa, aprovechando la zona portuaria de Santa Marta”, explicó el oficial. El experimentado integrante de la inteligencia precisó que nada fue producto del azar. El ELN le entregó a Naín varios de sus contactos dentro de la Guardia Bolivariana, no solo para asuntos logísticos, sino también para movimientos políticos en la frontera.

“Las ganancias tanto del ELN como de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra son millonarias, a tal punto que podrían sostener tres generaciones de una familia numerosa. La droga salía por La Guajira, Santa Marta y Venezuela. El negocio es completamente redondo y lo que querían era que esa entrada de dinero no se cerrara, viéndolo desde la lógica de la economía criminal”, detalló.

Con este poder económico, alias Benito Menor se volvió prácticamente intocable dentro del mundo criminal. Las autoridades lo acusan de ordenar asesinatos selectivos, participar en masacres, coordinar ataques armados y disparar el cobro de extorsiones en todas las zonas donde ejerce control. En ese crecimiento dentro del engranaje ilegal no actuó solo.
Allí aparece Rosa Angélica Tarazona, alias la Bebecita, señalada como la responsable de las finanzas ilícitas, los contactos estratégicos y la seguridad. Este medio conoció, por medio de integrantes de esa organización, que la DEA y la CIA los habrían buscado con el fin de lograr una cooperación. Sin embargo, estos nunca accedieron.
“Los gringos decían que ya tenían todas las pruebas y que era mejor que cooperara, pero él creía que todo esto era un juego, hasta que le cayó el Ejército al campamento. Acá se dice que los gringos estuvieron detrás de esa operación”, relató la fuente.
Era miércoles, 14 de enero, en zona rural de Dibulla, La Guajira. Todo estaba listo: tropas en tierra y apoyo aéreo a cargo de la Fuerza Aeroespacial Colombiana. Sin embargo, algo falló. La información se filtró y los criminales lograron huir, aunque heridos, tras ser alcanzados por disparos de fusil.
“El campamento ya estaba plenamente localizado. Se movía en puntos que él consideraba seguros, pero que ya estaban identificados por la inteligencia. Cuando amenazó al presidente Petro fue cuando se reactivó esta operación, que llevaba meses en curso, pero que no se ejecutaba por decisiones políticas del Gobierno nacional”, indicó el oficial.
En esta operación no hubo bombardeo. Se trató de un ataque con helicópteros artillados tipo Arpía, aeronaves que disparan cohetes, no bombas, aunque el impacto en tierra resulta devastador.
“Cuando las tropas ingresaron en un asalto aéreo, el campamento ya estaba completamente abandonado. Había rastros de sangre en la zona y todo indica que hubo heridos”, sostuvo el militar.
Gracias a interceptaciones a las comunicaciones de Naín y de su compañera sentimental, las Fuerzas Militares lograron escuchar cuando el propio cabecilla dio la orden de desaparecer cualquier rastro que permitiera a los uniformados confirmar que él y sus hombres de seguridad habían resultado heridos.
El material incautado incluyó dos camionetas, seis proveedores, 444 cartuchos de diversos calibres, nueve minas antipersona y equipos de comunicaciones, entre otros elementos. Naín, su esposa y los criminales que lo escoltan permanecen prófugos de la justicia, mientras su poder sigue enquistado en la Sierra Nevada, el Caribe y, cada vez más, en el narcotráfico a nivel internacional.









