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| 3/25/2019 9:00:00 AM

Guerra fría en el BID por los representantes de Guaidó

La decisión de China de no expedir visas a los representantes en el BID del presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, para la asamblea que se iba a realizar en el gigante asiático, configura el primer gran pulso geopolítico alrededor del caso venezolano.

Guerra fría en el BID: China no será la sede de reunión por delegados de Guaidó El régimen de Nicolás Maduro en Venezuela radicaliza el apoyo de los países en el mundo. Foto: Fotomontaje SEMANA

La situación política en Venezuela, que la ha llevado incluso a tener hoy por hoy dos presidentes –Nicolás Maduro y Juan Guaidó–, ya empezó a marcar el rumbo de la geopolítica global. Si bien en principio se limitó a notificaciones de respaldo de países a uno de ellos, un nuevo hecho llevó el tema más allá de un simple impase.

Lo protagonizó el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que tenía programada para los últimos días de marzo su Asamblea Anual de Gobernadores, en Chengdu, China. Sin embargo, esta reunión, una de las más importantes de esta poderosa multilateral, quedó aplazada, con sede y fecha por definir. La causa: China no reconoció ni les expidió visas a los representantes del presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, en esa institución.

Los nuevos representantes de Juan Guaidó en el BID fueron el florero de Llorente.

Hace apenas un poco más de un mes, el BID tramitó internamente la decisión de Guaidó de proclamar a Ricardo Hausmann como gobernador de Venezuela ante el BID, y a Gina Montiel como directora ejecutiva. Eso dejaba sin efecto los nombramientos anteriores, como ha sucedido en los países que se oponen al régimen de Nicolás Maduro, los cuales han reconocido a los embajadores designados por el presidente interino.

En contexto: El BID nombra a candidato de Guaidó como representante de Venezuela

En una votación virtual, los gobernadores de países prestatarios y no prestatarios del BID votaron. La mayoría accionaria lo hizo a favor de reconocer los delegados de Guaidó, en un procedimiento que quedó en firme el 15 de febrero.

No obstante, este hecho coincidió con la antesala de la asamblea en China, que tenía previstas, además, otras actividades previas como foros de inversión, innovación y hasta una reunión de alcaldes. El país anfitrión ya veía venir el choque: señaló la necesidad de “despolitizar” el evento y pidió que no participaran los representantes de Maduro ni los de Guaidó. Sin embargo, el BID ya había reconocido solo a los del presidente interino.

Ante la férrea posición de China, el presidente del BID, Luis Alberto Moreno, quedó en una encrucijada: aceptar la exigencia del gigante asiático y realizar la reunión del grupo sin el representante de Guaidó o cancelar y reprogramar. Sin embargo, la mayor presión venía de Estados Unidos, un país que tiene el 30 por ciento del poder de voto en el directorio. Es decir, el porcentaje más alto entre los países no prestatarios.

Una alta tensión precedió la decisión del BID. Estados Unidos ya había advertido que si China no otorgaba la visa a Hausmann, no asistiría a la reunión.

Puede leer: ¿Se acerca el fin de la guerra comercial EE.UU. - China?

Pero Moreno no era el único colombiano con una encrucijada. El presidente Iván Duque también contemplaba la posibilidad de asistir a la asamblea en China. Pero habría generado, al menos, una incomodidad diplomática. Al fin y al cabo, lideró la oposición internacional al régimen de Maduro, encabezó la posición del Grupo de Lima para reconocer a Guaidó, sirvió de vocero de los países que apoyan al presidente interino en el Foro Económico Mundial en Davos y condujo todo el proceso de la ayuda humanitaria hacia Venezuela tras el concierto en la frontera.

Además, Duque les pidió a Rusia y a China no interferir en el proceso de “transición democrática” a la que varios países buscan llevar a Venezuela. Sin embargo, también es claro que a Colombia le interesa mantener buenas relaciones con el dragón asiático. Tanto es así que el canciller Carlos Holmes Trujillo viajó en diciembre a ese país, precisamente, para afianzar las relaciones comerciales y hablar de inversiones.

China ha respaldado al Gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela y ha advertido sobre su oposición a la interferencia en los asuntos internos de ese país. Y lo hace porque es uno de sus principales financiadores, con recursos que pueden superar 67.000 millones de dólares desde finales de la década pasada. De esos recursos una tercera parte estaría aún pendiente de pagar.

También están al lado de Maduro, junto con China, Rusia, Irán, Turquía, Nicaragua y Bolivia, entre otros (ver artículo en la página 58). Mientras tanto, el respaldo a Guaidó ha llegado desde Estados Unidos, Canadá y la gran mayoría de países suramericanos, liderados por Colombia y el presidente Duque.

Las implicaciones

Con las designaciones de Hausmann y Montiel, el BID se convirtió en el primer organismo financiero multilateral en reconocer a Guaidó como presidente interino de Venezuela. Otros, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), todavía analizan la posibilidad, pero aún no tienen consenso al respecto.

El mensaje del BID fue consecuente con la posición de la mayoría de los países del hemisferio ante Venezuela, por tratarse de una entidad regional y con alta injerencia norteamericana.

Para algunos expertos consultados por SEMANA, la decisión del BID, si bien es un ingrediente más en la discusión en Venezuela, no sería trascendental, en especial en la relación entre Estados Unidos y China. En efecto, sus discusiones en la actualidad están enfocadas en la relación comercial, de la que está pendiente el planeta.

Sin embargo, para otros, este caso puede convertirse en el primer pulso geopolítico entre las dos potencias. Y podría darle, incluso, a la discusión comercial una nueva causa de fricciones.

También está pendiente en la agenda qué puede pasar con Rusia, otro de los grandes financiadores de Venezuela. A este país le interesa tener una posición geoestratégica en la región para disponer de una base cercana a Estados Unidos. Ya ha habido tensiones en el interior del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en el que Rusia y China han usado su poder de veto para moderar el lenguaje de las resoluciones contra Venezuela.

En el caso del BID, por primera vez en 60 años de historia decide aplazar y cambiar la sede de una asamblea porque se cumplen ciertas condiciones. Una de ellas, contenida en su carta consultiva, se presenta si el país anfitrión no reconoce a algunos de los delegados. Aunque hay discusión sobre las implicaciones que a nivel global pueda tener este caso en torno a la problemática en Venezuela, sin duda, esta puede ser la entrada a una especie de nueva guerra fría.

Un poco de historia

Este año, el BID cumple 60 años de vida. Nació en 1959 como una institución financiera que abarca a toda la región interamericana. Hacia los años ochenta decidió invitar a países europeos y en ese momento se sumó Japón.

En 2000, centraron la mirada en Asia, y Corea del Sur entró a hacer parte del banco. En 2009, China hizo lo propio, y en 2015 se consolidó en el banco la Corporación Interamericana de Inversiones, con lo que el plan de negocios dio un giro. En un proceso de capitalización, China quedó con el 4 por ciento de la corporación.

¿Por qué entró China al BID si tiene un poderoso banco de desarrollo y una estructura financiera muy sólida para ingresar al continente americano? Todo indica que incorporarse al BID le permite a China diversificar su relación económica con este hemisferio, en especial con América Latina, y complementar los puentes que puede desarrollar en materia de acuerdos bilaterales o préstamos directos. Pero también le podría significar una presencia y exposición no solo económica, sino también política en esta región, que podría ser estratégica dados los recursos que tiene y la cercanía con Estados Unidos.Esta era la primera asamblea en China una década después de su ingreso, luego de un año de anunciada. En 2020, esta asamblea se realizará en Barranquilla.

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