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| 2/3/2018 10:35:00 PM

Los detalles desconocidos del atentado del ELN en Barranquilla

SEMANA revela documentos y testimonios inéditos alrededor del acto terrorista que dejó cinco policías muertos y 42 heridos.

Los detalles desconocidos del atentado del ELN en Barranquilla Los detalles desconocidos del atentado del ELN en Barranquilla

El peor ataque terrorista sufrido por Barranquilla en los últimos años les costó a los asesinos un poco más de 2 millones de pesos. Exactamente 2.077.000. Cristian Camilo Bellón, uno de los principales sospechosos del ataque, tenía anotada esa cifra en una agenda que le encontraron en el momento de su arresto, pocos minutos después del ataque a la estación de Policía de San José, en la capital del Atlántico, el sábado 27 de enero.

 El bogotano Bellón, nacido el 18 de junio de 1986 y estudiante de Filosofía de una universidad pública, llevaba una detallada contabilidad de todas sus actividades desde que llegó a la Arenosa, 15 días antes del ataque. “Radio nuevo 350.000. 2 pollos 6 cervezas 50.000”, relacionan algunos de los ítems que este hombre anotó en su libreta con fecha 18 de enero. Allí aparecen documentados sus gastos y actividades durante dos semanas. (Ver documentos).

 Bellón cayó a las 6:40 de la mañana del sábado, 8 minutos después de la gran explosión que destruyó la estación de Policía. En ese momento, 54 uniformados recibían formados las instrucciones previas para comenzar su turno a las 7 de la mañana. Pero en el lugar alguien había instalado 2 bombas camufladas en morrales de policías para no levantar sospechas, cada una con cerca de 4 kilos de explosivos. Las habían ubicado estratégicamente para causar el mayor daño posible. Y en efecto lo consiguieron: 5 policías murieron y 42 más resultaron gravemente heridos cuando las cargas estallaron al mismo tiempo, activadas por radiofrecuencia.

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 En medio del caos y la confusión, los vecinos del lugar señalaron a Bellón a gritos. Lo habían visto con un “aparato raro” en la mano mientras trataba de ocultar su rostro con una cachucha. Dos agentes subieron a una moto y lo persiguieron hasta alcanzarlo a unas cuantas cuadras. Al requisarlo le encontraron una radio, una agenda y papeles en los que había dibujados a mano los planos de la unidad policial y los sitios en donde ocultaron las bombas. En su celular tenía varias fotografías de la estación tomadas desde diferentes lugares, lo que evidenciaba un trabajo de inteligencia previo. Esa captura, así como los elementos que le encontraron resultaron determinantes para armar el rompecabezas de los responsables de ese acto terrorista.

 Las células del terror

 Si bien a los pocos días una facción del ELN expidió un comunicado para atribuirse el ataque, los organismos de seguridad ya tenían elementos de la investigación que no dejaban dudas acerca de la responsabilidad de ese grupo guerrillero en el acto terrorista. Por eso, el gobierno nacional no titubeó al levantarse de la mesa de diálogos con esa organización en Quito, Ecuador.

 Al verificar los antecedentes de Bellón, los fiscales antiterrorismo descubrieron que su nombre ya había aparecido vinculado con otros hechos terroristas. Apareció por primera vez durante una serie de allanamientos realizados en julio de 2015 en Bogotá. Por esa época, en la capital habían estallado a lo largo de varios meses una serie de bombas, principalmente contra varias sedes de Porvenir.

 Se trataba de artefactos de relativo bajo poder, algunos panfletarios con referencia al ELN. En ese momento, la investigación terminó con la captura de 13 personas, entre las que había varios estudiantes y una profesora de universidades públicas. Quedaron identificados como integrantes de un grupo autodenominado Unión Camilista Revolucionaria Llamarada-Mentes Libertarias. Se trataba de una célula que reclutaba en universidades a sus integrantes, a los que el ELN capacitaba en manejo de explosivos, entre otros métodos terroristas.

Al allanar las viviendas de los integrantes de esa célula terrorista las autoridades encontraron gran cantidad de documentos y nombres de contactos. En uno de esos documentos aparecía el nombre, dirección y teléfono de Bellón. En ese momento no lo detuvieron, pues las pruebas y evidencias señalaban solo al grupo de los 13 capturados como los directos responsables de la oleada de 2015. Lo más grave es que casi todos los detenidos por esos ataques de hace tres años quedaron en libertad un año después por vencimiento de términos y caminan libres por las calles desde hace más de dos años.

 Tras el arresto de Bellón, algunos analistas de terrorismo de la Fiscalía comenzaron a cruzar datos y encontraron que ese sujeto habría reactivado sus contactos con los integrantes liberados de esa célula. Es decir que la Unión Camilista Revolucionaria Llamarada-Mentes Libertarias estaría detrás del ataque de Barranquilla.

 Esa célula terrorista no es nueva. De hecho ya en el pasado había protagonizado actos publicitarios, como aparecer encapuchados en auditorios de universidades públicas. Esta es solo una de las agrupaciones formadas y capacitadas por las redes urbanas del ELN.

 Su modus operandi se parece al de otra de esas células: el tristemente célebre Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), conocido por el ataque al centro comercial Andino hace siete meses. La autodenominada Unión Camilista Revolucionaria Llamarada-Mentes Libertarias, al igual que el MRP, funciona bajo el esquema terrorista conocido como triadas.

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 Se trata de células conformadas por pocas personas que incluso no se conocen entre sí. Una proyecta el plan, otra opera como contacto y la tercera ejecuta el acto. La Unión Camilista, como el MRP, cuenta con varias triadas que no tienen relación ni contacto entre ellas. De ese modo, triadas diferentes pueden haber cometido los atentados. Esto garantiza que se fugue poca información sobre los planes. También evita que en caso de que algún integrante sea capturado pueda delatar a toda una estructura, pues no conoce a sus secuaces.

 A pesar de ese principio de compartimentación, también es claro que alguien tiene que coordinar los ataques, para evitar que dos células persigan el mismo blanco. Por ello, a ciertos niveles los coordinadores elenos de estas células notifican cuáles objetivos trabaja cada célula. En noviembre pasado SEMANA reveló una serie de cartas y comunicaciones de algunos de los detenidos del MRP por el caso del Andino, y en ellas se mencionaba la inminencia de otros operativos.

 Como no había datos concretos, fechas o lugares, la fuerza pública encontró grandes dificultades para impedir los ataques. Hoy sospechan que se trataba, entre otros, del ataque en Barranquilla.

Al analizar los viajes que Bellón realizó durante los últimos años, quedó al descubierto que durante 2014 estuvo tres meses en Venezuela y el año siguiente fue a Arauca, en donde actúa el frente Domingo Laín, uno de los más fuertes del ELN. En esos viajes visitó lugares en fechas coincidentes con los realizados por algunos integrantes del MRP.

 El ELN coordina esas células terroristas en desarrollo de un plan aprobado por el comando central de ese grupo (Coce). En varios documentos del V congreso de esa organización se ordena “trasladar el conflicto militar a los escenarios urbanos”, a través de la articulación y reestructuración del llamado Frente de Guerra Urbano Nacional. Como parte de la ofensiva, determinaron realizar acciones en 10 ciudades entre las que estaban Bogotá y Barranquilla.

 El ataque de la semana pasada en la capital del Atlántico tiene el mismo modus operandi de otras dos acciones realizadas por células de esa guerrilla. Consiste en detonar cargas en lugares donde saben que los policías estarán en formación. Así ocurrió el 10 de febrero de 2016 en Cúcuta cuando una bomba estalló en el parque de esa ciudad. En esa ocasión 10 uniformados resultaron heridos. El 19 de febrero del año pasado, una carga estalló en la esquina del barrio La Macarena en el centro de Bogotá, en donde policías del Esmad se preparaban para prestar servicio en la plaza de toros de Santamaría. Uno murió y 24 quedaron heridos.

El fiscal general, Néstor Humberto Martínez, reveló que en el caso de Barranquilla, Bellón no actuó solo. Contó con la ayuda de Jefferson Torres y de dos venezolanos que, de acuerdo con videos en poder de los investigadores, habrían realizado las labores de inteligencia para el ataque.

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Por ahora no hay duda alguna de la responsabilidad del ELN en estos hechos. Si bien la reacción de las autoridades permitió detener rápidamente a uno de los responsables e identificar las células vinculadas con el atentado, el reto consiste en desarticular estas estructuras convertidas en la punta de lanza del terrorismo urbano de los elenos. 

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