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| 12/2/2019 3:26:00 PM

El efecto político que tendría el paro en el Gobierno Duque

La carta del expresidente Andrés Pastrana, una columna de Germán Vargas Lleras en la misma dirección, y los acercamientos con César Gaviria, empiezan a develar la estrategia de la Casa de Nariño para construir gobernabilidad de cara al 2020.

¿Qué efectos políticos puede tener el paro en el gobierno de Iván Duque? El presidente Duque ha encontrado en los partidos tradicionales un posible aliado para superar la crisis. Foto: archivo/Semana

Desde el pasado 21 de noviembre, la atención de los colombianos ha estado centrada en el desarrollo de las protestas que han tenido lugar a lo largo y ancho del país y, en el manejo que el gobierno nacional ha hecho de las mismas. Aunque el paro estaba convocado desde tiempo atrás, tal vez para entonces pocos hubieran podido anticipar que este se extendería hasta convertirse en la mayor manifestación ciudadana sostenida de la que se tenga noticia en la historia reciente.

En medio de los que han sido los días más turbulentos desde el inicio del presente gobierno, las voces de los protagonistas de la vida nacional se han hecho sentir desde todas las orillas. Muchas de ellas, elevando un llamado a la reflexión y pidiéndole al Gobierno que oiga con atención las demandas de quienes se volcaron a las calles a expresar su inconformidad. Otras, sin embargo, han querido pronunciarse para respaldar al presidente Duque y pedirle que no ceda ante las presiones de corto plazo que podrían tener efectos profundos en la salud de las finanzas públicas en el mediano y en el largo plazo. Este fue el caso del expresidente Andrés Pastrana quien, este lunes en la mañana, hizo pública una carta de respaldo irrestricto al presidente Iván Duque.

En su misiva, Pastrana le pide al primer mandatario que no se rinda ni dé el brazo a torcer en medio de esta crisis que según él ha estado alimentada por los “promotores del caos” que aprovechan la coyuntura para “recoger los descontentos más diversos y las angustias de la gente buena para cocinarlos juntos con sus ingredientes perversos en una indigerible olla de sancocho político”. El expresidente, en su carta, también se mostró preocupado porque el tema del narcotráfico no haya sido incluido entre los asuntos a tratar en la gran conversación nacional, pues afirma que es justamente ese el gran mal que ha impedido el progreso de Colombia. Así mismo, lanza fuertes dardos a los excombatientes de las Farc que están en el Congreso y sostiene que son estos quienes no quisieron incluir ese tema en la agenda para “garantizar su impunidad”.

“Hoy, los narcotraficantes que nunca cumplieron con entregar rutas, ni laboratorios, ni cuentas, ni dineros, que masacraron por la droga, y cuyos socios cayeron en flagrancia y se fugaron con la ayuda de los patrones del caos; se sientan en el Congreso y, en cínico pliego al ejecutivo, exigen cogobierno. Amparados en más de 200.000 hectáreas de coca y una parajusticia hecha a su medida, han logrado garantizar su impunidad y blindar su negocio”, escribió el expresidente.

Aunque el presente gobierno ha contado desde siempre con el apoyo de Andrés Pastrana y la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, es considerada como una persona de la entraña del expresidente dentro del gobierno, una serie de voces que han respaldado al jefe de Estado podrían ser las primeras muestras del cambio de tercio que está por venir en el ejecutivo para 2020. Pastrana no sería más que una pieza del rompecabezas de la nueva estrategia para recuperar la gobernabilidad que empieza a fraguarse desde el Palacio de Nariño.

Al presidente Duque le han repetido hasta el cansancio que uno de sus errores estratégicos determinantes puede haber sido el de confundir mermelada con representación política de los partidos en el gobierno. Esa afirmación se ha repetido tanto en los editoriales de los medios y en los debates radiales que había empezado a convertirse en una suerte de lugar común de la política nacional. Sin embargo, hasta ahora el presidente no daba señas de que fuese a cambiar la estrategia del gabinete técnico y alejado de la política que planteó desde el principio. Pero la dura crisis que atraviesa el país por cuenta de los días de protesta del paro nacional podría convertirse en el punto de inflexión para que el gobierno logre obtener el codiciado oxígeno político que hasta ahora le ha sido esquivo.

Lo de Pastrana fue un primer paso que, en términos políticos, no sorprende. En últimas se trata de la manifestación de apoyo de una figura política que de un tiempo para acá empezó a comulgar con las tesis del uribismo. No obstante, el apoyo de Pastrana sí contrasta con las fuertes críticas que al gobierno le han llegado desde su propio partido. La más notoria, la del exministro Fernando Londoño, quien llegó a decir que Iván Duque debería pedir una licencia y cederle el mando a Marta Lucía Ramírez.

Aunque algunos uribistas de alto perfil son bastante más moderados que Londoño cuando se refieren en público al desempeño del gobierno, para nadie es un secreto que figuras como Rafael Nieto, María Fernanda Cabal, Paola Holguín y José Félix Lafaurie, hoy tienen serias reservas frente a la administración de Iván Duque y los rumores de una posible disidencia uribista cada vez cogen más fuerza.

Así las cosas, el contraste entre las férreas críticas a Iván Duque por parte de sus copartidarios, y la aparente mano tendida de quienes hasta ahora habían estado alejados del Gobierno, empieza a sentar el interrogante de si para 2020 Colombia tendrá un giro de 180 grados en la dinámica política.

Y es que la carta de apoyo de Pastrana no fue el único hecho político en apoyo al Gobierno que se registró durante el fin de semana. No puede pasarse de largo lo dicho en la columna de Germán Vargas Lleras, exvicepresidente y jefe natural de la bancada de Cambio Radical, quien también fue claro en destacar el manejo que el Gobierno le ha dado al paro y en advertir los efectos que este empieza a tener en la economía. Como se ha visto hasta ahora, las columnas de Vargas Lleras en El Tiempo suelen ser un presagio de la actitud que tendrá su bancada frente a las iniciativas del Gobierno en el parlamento en los días por venir. Pero eso, la de esta semana ya tiene a muchos hablando de una posible entrada de Cambio Radical a la administración de Duque.

No son pocas las voces de personas que le hablan al oído al jefe de Estado y le sugieren cada vez con más vehemencia que llame a los partidos a gobernar para extender su músculo parlamentario más allá del Centro Democrático. Ese posible cambio de tercio se ve ahora más lógico que nunca pues lo que antes eran rumores de supuestas fisuras internas en el partido de gobierno, se han convertido en realidades en medio del fuego amigo en los micrófonos de los medios.

En la Casa de Nariño saben que en términos legislativos no es mucho lo que tienen por mostrar. Además, el tiempo sigue corriendo y se hace cada vez más evidente que gobernar sin el Congreso en Colombia es una opción todavía muy lejana. Casi utópica. Más aún, cuando Iván Duque ha tenido que sortear un Congreso fortalecido por el estatuto de oposición, unificado como nunca y que, desde la presentación de las objeciones presidenciales a la ley estatutaria de la JEP, ha cerrado filas en torno a la defensa del cumplimiento de los acuerdos de paz.

También se ha sabido que en las últimas horas Iván Duque habría adelantado reuniones exploratorias tanto con Germán Vargas como con César Gaviria. De estas, en medio de la coyuntura actual, se da por descontado que uno de los temas que estuvo sobre la mesa fue la posibilidad de la representación política del liberalismo y de Cambio Radical en el actual Gobierno.

Si estas sinergias llegasen a concretarse, para el inicio de la próxima legislatura Duque podría tener en su coalición al Partido Conservador, de la mano de Andrés Pastrana, a los dos anteriormente mencionados, y a los miembros del Centro Democrático que se queden del lado del presidente, a pesar de las tensiones que en ese partido generaría que Duque se abriera a gobernar con quienes hasta hace poco conformaban la Unidad Nacional de Santos.

Si ese escenario llegase a darse, el paro nacional, paradójicamente, se habría convertido en la oportunidad que el presidente estaba esperando para edificar una coalición con mayorías y con capacidad de imponerse en el parlamento. Ahora, un tema que el ejecutivo tendrá que mirar muy de cerca es el manejo que en adelante dará a las demandas del comité de paro y de la ciudadanía en general. Quedó demostrado que para calmar los ánimos en la calle ya no será suficiente un acuerdo político.

Las problemáticas sociales por las que hoy protestan los colombianos son muy de fondo y no se apaciguan con una foto en Palacio de Vargas Lleras, Gaviria, Pastrana e Iván Duque, o con un cambio de varios de los ministros del gabinete. Esa foto, si llegase a tener lugar, sería la muestra del inicio de un consenso político que en el presente gobierno no ha existido. Quedaría entonces pendiente construir el consenso social y eso, como ha quedado claro en el desarrollo de las protestas, no es un tema menor ni fácil de alcanzar.

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