“Las enfermedades de la piel son enfermedades del alma”, asegura esta dermatóloga, que trabaja para transformar la manera en que se concibe su especialidad. “La piel es el órgano más extenso del cuerpo y habla de lo que callamos: el ejercicio, la calidad del sueño, el estrés y nuestro estado emocional. Por eso, veo el problema de adentro hacia afuera”.
Su deseo de ofrecer una atención integral la llevó a crear su propia empresa, aunque en su momento la palabra ‘empresaria’ le diera algo de miedo. Diez años después, cuenta con dos sedes en Bogotá y una propuesta enfocada en la atención cercana y especializada, que abarca salud y bienestar, así como el cuidado del cabello y de la piel.
Detrás de su éxito, asegura, están la intuición y la disciplina. La primera le dice cuándo es momento de arriesgarse e innovar; la segunda, le garantiza un crecimiento sostenible. Estudió Administración e hizo un diplomado en Alta Gerencia para asumir la gestión de sus clínicas, sin dejar de lado las consultas.
Cree que la devoción hacia sus pacientes, innovar, invertir en tecnología y talento humano, y educar sobre temas médicos en sus redes sociales son algunas de las claves de su crecimiento.
“No es solo un tratamiento, una crema o un láser. Se trata de la autoestima de las personas, de su calidad de vida, de ayudar a quienes se aíslan por cómo se perciben. Estamos aportando al bienestar de los pacientes y al de nuestros colaboradores. Eso es lo que me motiva”.
