La moda puede ser mucho más que una industria: también puede convertirse en una herramienta de inclusión, empoderamiento y desarrollo social. Esa es la apuesta de la Fundación Moda y Flores, creada el 5 de mayo de 2015 en Medellín por Chechy Murillo, su fundadora y directora ejecutiva, a partir de una iniciativa que conectó a empresas del sector de la confección con personas con discapacidad y sus cuidadores para la elaboración de apliques y otros elementos.
Lo que comenzó como una oportunidad de trabajo se convirtió en un proyecto social que hoy acompaña a personas con discapacidad, madres cabeza de hogar, cuidadores y población afrodescendiente. Su propósito es brindar herramientas, insumos y acompañamiento para fortalecer sus emprendimientos, abrir espacios de participación y generar oportunidades de desarrollo a través de la moda.
“Hace 15 años era impensable que una mujer afro y con discapacidad estuviera hablando de moda”, señala Murillo, quien ha hecho de la inclusión uno de los ejes de su trabajo. La fundación busca cambiar esa realidad y demostrar que las capacidades, el talento y las ideas pueden abrirse camino en una industria que también tiene el reto de representar la diversidad.
Su modelo de trabajo se desarrolla en tres componentes. El primero está enfocado en el ser, con procesos de liderazgo con propósito, resiliencia, empoderamiento y amor propio. El segundo promueve el emprendimiento mediante la activación de marcas, la creación de alianzas y la comercialización de productos y servicios en ferias y festivales, con el objetivo de fortalecer la autonomía económica de sus participantes.
El tercero es un laboratorio creativo que lleva a los territorios conocimientos y técnicas como el crochet, el macramé, el bordado y la intervención de prendas. A través de estos espacios, la fundación impulsa el aprendizaje y abre posibilidades para desarrollar habilidades, crear productos y encontrar nuevas alternativas de generación de ingresos.

La conexión entre las personas, las empresas y las oportunidades también se materializa en sus iniciativas públicas. La organización se reconoce como pionera en la realización de pasarelas inclusivas con personas con discapacidad y desarrolla encuentros como el Seminario Moda para el Ser, Emprendimiento, Innovación e Inclusión, con los que busca ampliar la conversación sobre el papel de la industria en la transformación social.
“Uno de los valores que nosotros desde Fundación Moda y Flores trabajamos es el poder de conectar”, afirma Murillo. Esa conexión se traduce en acompañamiento, relacionamiento empresarial y oportunidades para que los emprendedores fortalezcan sus proyectos y encuentren espacios en los que sus capacidades sean reconocidas.
El crecimiento de la fundación también le ha planteado el desafío de consolidar una operación sostenible. Para Murillo, el propósito social debe ir acompañado de una gestión administrativa sólida que permita dar continuidad a los programas y ampliar su alcance.
“Somos una fundación, somos una entidad sin ánimo de lucro, pero nosotros también tenemos que buscar ser sostenibles”, explica. Una visión que reconoce que la permanencia de estas iniciativas depende tanto del compromiso social como de una gestión capaz de convertir los propósitos en resultados.
Hoy, la fundadora destaca el impacto alcanzado por la organización y las oportunidades que se han abierto para quienes hacen parte de sus procesos. “Yo me siento muy orgullosa porque hemos logrado llegar a la vida de más de 50 mil personas en todos los programas”, asegura.
La historia de Moda y Flores demuestra que la inclusión también puede construirse desde el trabajo, la creatividad y las alianzas. Su apuesta es que la moda no solo abra espacios para nuevos talentos, sino que contribuya a fortalecer proyectos de vida y a generar oportunidades para comunidades que merecen ser protagonistas de su propio desarrollo.
