Educación

Fundación Cocha Molina: la música vallenata como herramienta para transformar vidas

En medio de la incertidumbre que marcó 2020, nació una iniciativa que encontró en la tecnología una oportunidad para preservar el vallenato y acercar la formación musical a niños y jóvenes de todo el país. Así surgió la Fundación Cocha Molina, una organización que hoy busca convertir la música en una herramienta de transformación social y cultural.

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29 de septiembre de 2026 a las 5:15 p. m.
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La historia está ligada al maestro Cocha Molina, uno de los grandes referentes del acordeón vallenato y cofundador de la Fundación. Su preocupación por el futuro de esta expresión cultural fue el punto de partida para crear un proyecto que permitiera a las nuevas generaciones acercarse a la música, incluso sin contar con un acordeón.

“La Fundación Cocha Molina nace en el año 2020, en ese año lleno de incertidumbre, en medio de la crisis, encontramos la oportunidad”, explica Julieth Peraza Torres, directora ejecutiva de la Fundación.

La iniciativa tomó fuerza precisamente durante la pandemia, cuando las herramientas digitales se convirtieron en el puente para continuar con los procesos educativos. La Fundación desarrolló una plataforma de educación virtual que permite a los estudiantes aprender a tocar el acordeón a través del teclado de un computador.

La propuesta tiene un objetivo concreto: preservar y democratizar el acceso a la música vallenata. “La Fundación tiene como misión transformar vidas a través de la música y es donde, a través de una plataforma de educación virtual, en tan solo 48 horas los jóvenes aprenden a tocar”, señala Peraza.

El alcance de este modelo se refleja en sus cifras. Actualmente, la Fundación ha impactado a más de 4.700 jóvenes entre los 9 y los 17 años. De ellos, 54 por ciento pertenece a población étnica y 19 por ciento está en condiciones de pobreza extrema.

Más allá de enseñar un instrumento, la organización busca que la formación musical se convierta en una alternativa para niños y adolescentes y contribuya a fortalecer su vínculo con la cultura y sus territorios.

El estudiante como centro

Uno de los elementos que, según Peraza, diferencia el trabajo de la Fundación es la manera de entender a quienes participan en sus programas. “El principal valor de la Fundación, y se lo comparto a todo mi equipo de trabajo, es que el estudiante es el jefe”, afirma.

A este principio se suma la empatía como eje de la relación con los estudiantes. Para la directora ejecutiva, comprender sus historias y las razones que los llevan a acercarse a la música es fundamental para generar procesos que vayan más allá de la formación instrumental.

“El segundo es la empatía, el saber qué siente el estudiante cuando está aprendiendo, por qué quiere ingresar, de dónde lo estamos sacando y qué estamos previniendo”, explica.

La Fundación también ha avanzado en la consolidación de un modelo educativo formal. Cuenta con la aprobación del Ministerio de Educación para certificar técnicos instrumentistas por competencias y, además, hace parte del grupo de fundaciones con régimen tributario especial.

Este proceso busca darle sostenibilidad a una iniciativa que nació en medio de una crisis, pero que encontró en ella una oportunidad para replantear la manera de enseñar música y acercar el vallenato a nuevas generaciones.

Julieth Peraza es sscritora, gestora cultural, conferencista y candidata a Doctora en Sociedad y Cultura Caribe, Peraza es la Mujer Cafam Cesar de este año.
Julieth Peraza, la gestora cultural que transforma vidas a través del vallenato

Preservar una expresión cultural

La apuesta de la Fundación parte también de una preocupación por la permanencia del vallenato como expresión cultural. La inclusión de esta música en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad abrió, para sus impulsores, una conversación sobre cómo garantizar que las nuevas generaciones conozcan, interpreten y mantengan viva esta tradición.

Para Peraza, la cultura tiene además una dimensión que trasciende lo artístico. “La cultura es la que tiene el poder de transformar un territorio económica y socialmente, además de que la cultura engendra identidad”, sostiene.

Ese potencial también plantea desafíos. La directora identifica la sostenibilidad como uno de los principales retos de las organizaciones y advierte sobre las dificultades que enfrenta el sector cultural para encontrar respaldo y continuidad en sus proyectos.

“El reto de cualquier empresa está en la sostenibilidad, el reto de cualquier empresa es saber cómo llegar a nuestro cliente y hoy las fundaciones, y en especial todo lo que se refiere a cultura, tiene un desafío muy grande en cuanto a los líderes políticos”, afirma.

Ahora, la Fundación Cocha Molina se prepara para una nueva etapa de crecimiento. Su siguiente objetivo es fortalecer su modelo educativo hasta convertirse en una institución universitaria.

“Para el próximo año, tenemos como meta que la Fundación sea Fundación Universitaria Cocha Molina”, revela Peraza.

Así, lo que comenzó en 2020 como una respuesta a la incertidumbre de la pandemia se proyecta como una iniciativa educativa y cultural que busca preservar una de las expresiones musicales más representativas de Colombia y, abrir nuevas oportunidades para las generaciones que están llamadas a mantenerla viva.